Ahora importan más las alianzas que los votos obtenidos

Beatriz Lecumberri
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18 de marzo de 2015  

JERUSALÉN.- El sorprendente empate técnico entre la derecha y la centroizquierda en las elecciones israelíes y la fragmentación del voto entre una decena de partidos muestra la división del país y abre un complicado período de negociaciones, promesas y concesiones.

Los analistas concordaban, una vez divulgadas las primeras estimaciones, en que la victoria vendrá determinada por la capacidad para formar alianzas y no tanto por los votos obtenidos.

"Creo que no hay triunfadores esta noche, aunque está claro que el único que no está decepcionado a esta hora es el primer ministro, Benjamin Netanyahu. Los sondeos le atribuían 20 o 21 escaños y ha logrado entre 27 y 28. Se trata, no obstante, de una victoria pírrica porque está claro que si consigue formar una coalición ése será su último gobierno", declaró a LA NACION Arie Kacowicz, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Con los resultados provisionales en la mano, los expertos apuntaban anoche que el Likud, el partido de derecha liderado por Netanyahu, podrá formar una coalición con más facilidad que la alianza de centroizquierda Unión Sionista, liderada por Isaac Herzog.

"El Likud tiene más posibilidades de llegar a 64 escaños si se alía con los partidos de derecha y las formaciones religiosas ultraortodoxas", estimaba Emmanuel Navon, un vocero del Likud.

"Hay que reconocer que Netanyahu ha conseguido recuperar muchísimo terreno gracias a la radicalización de su discurso en los últimos días, lo cual le ha otorgado los votos de la extrema derecha", admitía Pierre Besnaimou, un vocero de la Unión Sionista.

En la recta final de la campaña, el primer ministro declaró que si era reelegido no habrá un Estado palestino, y garantizó que la construcción de viviendas en los asentamientos de Cisjordania y Jerusalén Este continuará.

El mensaje caló entre los votantes de partidos situados a la derecha del Likud, que decidieron dar un voto de confianza a Netanyahu con el fin de impedir la victoria de la izquierda.

Si los resultados provisionales se confirman, los partidos de centro decidirán en gran parte qué pasará en las próximas semanas en el panorama político israelí. Será crucial la posición de Moshe Kahlon, líder de un nuevo partido llamado Kulanu, escindido del Likud, que habría obtenido 10 escaños.

En este momento, un gobierno de unión nacional parece una opción viable.

El presidente de Israel, Reuven Rivlin, ya se pronunció a favor de esta solución porque, según él, sería la manera de "impedir la desintegración de la democracia israelí y nuevas elecciones en un futuro próximo".

Sin embargo, las críticas cruzadas entre la Unión Sionista y el Likud en los últimos días hacen que esta posibilidad sea difícil de aceptar por ambas partes.

Por ahora, tanto Herzog como Netanyahu han negado que estén considerando la opción de gobernar juntos.

"La hipótesis de una unión nacional se aleja debido a la posición de Netanyahu en los últimos días. No veo cómo podríamos lograr un acuerdo después de escucharlo decir que se opone a la creación de un Estado palestino", estimó Besnaimou.

Gaby Lasky, candidata del partido de izquierda Meretz, explicó que su partido ha pedido a Herzog que "intente por todos los medios formar una coalición de centroizquierda y, si no es posible, se quede en la oposición".

"Un gobierno de unión nacional con el Likud significaría estancarnos. Lo increíble es que un primer ministro que ha llevado al país a la bancarrota moral y económica pueda seguir adelante. Netanyahu no habla de esperanza, sino de miedo. Su discurso de los dos últimos días es inadmisible porque ha usado términos racistas contra los árabes israelíes cuando él es el primer ministro de todos los ciudadanos", dijo Lasky a LA NACION.

Por otra parte, cabe destacar que tras estas elecciones, la lista única de partidos árabes se transformará en tercera fuerza política del país y, si hay un gobierno de unión nacional, será la principal voz de la oposición.

Sus dirigentes celebraron los 12 o 13 escaños logrados y la gran movilización de los árabes israelíes, que representan un 20% de la población y que nunca habían participado masivamente en las elecciones del Estado judío. Según datos del partido, un 65% de ellos acudió ayer a votar a las más de 10.300 urnas instaladas en el territorio.

Por último, dentro de este complejo rompecabezas electoral, dos extremos sobrevivieron: el partido de izquierda Meretz, hermano pequeño del Partido Laborista, que se mantendrá en el Parlamento con cinco diputados, y la formación ultranacionalista Israel Beiteinu (Israel Nuestro Hogar), liderada por el canciller Avigdor Lieberman, que, pese a que perdió terreno, conservará cinco diputados con representación en la Knesset (Parlamento).

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