
Alianza de las mafias rusas y colombianas
El Caribe es el paraíso del narcotráfico
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El descubrimiento del submarino a medio armar con tecnología rusa en Facatativá representa la confirmación más espectacular de la alianza entre la mafia moscovita y los narcotraficantes colombianos, que comenzó a gestarse en 1996.
Ese año, la mano de obra desocupada de la ex Unión Soviética con operatividad en Puerto Rico, Nueva York y Miami comenzó a abrir empresas fantasmas en el Caribe, para lavar cientos de millones de dólares del tráfico de drogas y de armas.
El Caribe es un área estratégica para la mafia rusa. Islas como Antigua y Aruba, por ejemplo, donde los rusos han abierto bancos con extrema prodigalidad, son ideales para el movimiento impune de grandes cantidades de dinero proveniente de actividades ilícitas.
En 1997, Barry McCaffrey, director de políticas de control de drogas de la administración de Bill Clinton, confirmó que la mafia rusa había logrado montar en Estados Unidos y el Caribe organizaciones criminales de extrema peligrosidad para todo el hemisferio, y que la situación estaba virtualmente fuera de control.
McCaffrey admitió por primera vez, en ese entonces, que los rusos estaban en condiciones de ofrecer a los carteles colombianos armas sofisticadas, tecnología de punta y nuevas rutas de salida de droga hacia Estados Unidos y Europa. "Lo que convierte a los rusos en elementos peligrosos es que no son improvisados, pues estamos hablando de ex agentes de la KGB", indicó el funcionario.
Ese mismo año, la DEA arrestó en Miami a Ludwing Fainberg, representante del crimen organizado ruso en el sur de Florida, y a Juan Almeida y Nelson Yester, inmigrantes cubanos que actuaban como intermediarios de los carteles de la droga.
Además de lavar dinero, Fainberg, Almeida y Yester estaban comprometidos en el envío de cocaína colombiana a San Petersburgo, Rusia, y de intermediar en la compra de fusiles de asalto AK-47, procedentes de Moscú, para las FARC. Cuando fueron arrestados estaban a punto de concretar la compra a la mafia rusa de un submarino para transportar cocaína desde Colombia hasta Estados Unidos, Canadá y Europa.
Con el disfraz de una fundación dedicada a la investigación oceanográfica, los planes incluían contratar a un ex almirante ruso -cuyo nombre nunca trascendió- y a 20 marinos para tripular el submarino. La organización encabezada por Fainberg fue desbaratada, pero a partir de entonces la DEA siempre se mostró cautelosa a la hora de desmentir el presunto protagonismo de submarinos rusos en el transporte de droga ilegal.
Ya en la década del ochenta, los hoy extintos carteles de Cali y Medellín utilizaron pequeños submarinos que transportaban cantidades limitadas de droga hasta buques madres, pero todos ellos fueron descubiertos en el Caribe entre 1985 y 1986, debido a su escaso radio de acción. El que se estaba armando en Facatativá con tecnología rusa no adolecía de ese defecto crucial.
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