
Allá lejos, en Pilcaniyeu
Por Germán Sopeña Enviado especial
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PILCANIYEU.- Si la usina nuclear japonesa de Tokaimura está rodeada de 300.000 vecinos aterrorizados por el accidente, su equivalente argentina, la central de Pilcaniyeu, en Río Negro, 60 kilómetros al este de Bariloche, tiene la enorme ventaja relativa de estar en el medio de la nada, sin habitantes a la vista en kilómetros a la redonda.
Pero tiene además una segunda ventaja relativa fundamental: no se produce allí, hoy, uranio enriquecido, aunque las impresionantes instalaciones están construidas para eso y siguen perfectamente preparadas para hacerlo.
Su entorno son cerros de la precordillera patagónica y el idílico río Pichileufú, más caudaloso este año porque hubo buenas nevadas, y que haría las delicias de los pescadores si no fuera porque ésta es una zona estrictamente cerrada al paso de cualquier persona que no sean los 65 técnicos de alto nivel que trabajan allí, alguna vaca errante o un ocasional visitante, como este enviado.
No se permite sacar fotos allí. Sólo se admite una vista desde lejos, cuando se llega a ese valle encerrado -una antigua estancia de 8063 hectáreas comprada por el gobierno militar argentino a un propietario norteamericano en 1979- y aparece ante la vista una imagen digna de una película de James Bond: unos enormes galpones metálicos, que parecen encerrar herméticos secretos.
Uranio enriquecido
Hay nada menos que 26 plantas y laboratorios en total, entre las cuales el corazón de Pilcaniyeu: una compleja instalación para producir el hexafluoruro de uranio (la sustancia que produjo el escape radiactivo en Japón), a partir del cual se extrae el uranio enriquecido, el combustible que permite producir, tras la reacción atómica, mucha más energía que el uranio natural.
Todo está en vida latente, sin embargo. El físico Eduardo D´Amato, titular del Ente Regulador de la Energía Nuclear, y el ingeniero Edgardo Isnardi, jefe de la planta de Pilcaniyeu, nos explican que "si bien se produjo uranio enriquecido en Pilcaniyeu, fue sólo a modo de prueba y para demostrar que la Argentina podía producirlo. Sin embargo, no lo estamos haciendo ahora. Aunque la usina de Atucha utiliza uranio enriquecido, hoy es más barato comprar ese combustible en el mercado internacional".
Desde los acuerdos nucleares firmados por la Argentina internacionalmente, y, en particular, con el Brasil, una inspección periódica que se hace cada tres meses verifica que la planta de Pilcaniyeu no produce uranio enriquecido y que sólo se trabaja en otros proyectos.
La clásica sospecha sobre la producción del uranio enriquecido es que, por ser un subproducto fácilmente fisionable, es el material utilizado para construir bombas atómicas. Por esa razón, sólo hay diez países en el mundo que tienen capacidad de producir uranio enriquecido -Estados Unidos, Rusia, Francia, Inglaterra, India, China, Paquistán, Japón, Brasil y la Argentina, de los cuales los siete primeros ( y probablemente Israel) son productores de bombas atómicas.
¿Qué se hace allí?
Lejos del propósito bélico, D´Amato e Isnardi dan una explicación filosófica y coherente para encontrar la conveniencia de disponer de esa alta tecnología: "Si los países productores de uranio enriquecido, que también es útil para el uso pacífico, saben que uno puede producirlo, es mucho más fácil y barato adquirirlo".
Dado que nada justifica hoy producir uranio enriquecido en la Argentina, la planta de Pilcaniyeu puede parecer otro monumento a las inversiones estatales desmesuradas en las que nuestro país se destaca con brillo propio.
Sin embargo, los físicos e ingenieros que trabajan allí tienen de qué ocuparse. Con un nivel de conocimiento tecnológico que hace de esa área un extraño bolsón del Primer Mundo donde nadie se lo espera, los científicos trabajan en dos proyectos de gran envergadura: El primero es la construcción de un reactor autorreciclable (por lo tanto herméticamente cerrado) capaz de producir con la reacción atómica de su interior la energía equivalente a una gran represa hidroeléctrica (unos cien megavatios) con una dimensión sumamente reducida: un cilindro vertical de unos doce metros de alto por tres de ancho.
El complejo sistema está casi terminado, tal cual lo vimos ingresando en el interior del cilindro donde se efectuará la reacción, y constituirá una novedad mundial.
El segundo es el denominado proyecto Delta, un complejo sistema de control de la energía neutrónica para reducir los años de radiactividad de los residuos nucleares.
Como se sabe, el tratamiento y almacenamiento de los residuos es el mayor dilema que plantea siempre la controvertida energía atómica.
Los dos planes de trabajo apuntan a transformarse en el centro de la investigación nuclear futura en la Argentina.
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