
Beatifican hoy a la Madre Teresa
El papa Juan Pablo II presidirá la misa en el Vaticano, a la que se prevé que asistan unas 400.000 personas
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ROMA.- Ante cientos de miles de fieles venidos desde todo el mundo, Juan Pablo II beatificará hoy en una misa solemne a la Madre Teresa de Calcuta, una mujer que dedicó su vida a los más pobres entre los pobres y una de las figuras más queridas por Karol Wojtyla, que con esta "fiesta" quiso cerrar la semana de festejos por su XXV aniversario de pontificado.
La ceremonia será sin precedente, porque se espera la asistencia de unas 400.000 personas de todos los continentes. Una cifra récord, que supera el número que se alcanzó en otras beatificaciones multitudinarias, como la de Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei, el año último, Padre Pío o Juan XXIII, cuando la afluencia fue de entre 200.000 y 300.000 fieles.
La magnitud del evento ya podía palparse ayer en el Vaticano, donde se trabajaba a todo ritmo para el gran día. En la via della Conciliazione, desde la tarde cerrada al tránsito, al margen de vallados podían verse inmensas pantallas gigantes y columnas de parlantes, y varios de los mil voluntarios que hoy estarán en la calle para ayudar a los peregrinos.
Críticas
La ceremonia será sin precedente también porque es la primera vez en la historia, desde que la Iglesia introdujo, en 1600, el actual proceso de canonización, en que se llega tan rápido a una beatificación.
Las reglas indican que no se puede abrir un proceso de este tipo hasta 5 años después de la muerte de la persona. Pero por la extendida fama de santidad de la Madre Teresa, que murió el 5 de septiembre de 1997, a los 87 años, Juan Pablo II rompió las reglas. Y el 20 de diciembre de 2002 aprobó los decretos sobre la heroicidad de las virtudes y sobre el milagro obtenido por su intercesión.
A los que critican la rapidez del proceso los expertos suelen recordarles que también los no católicos siempre reconocieron especialmente a la Madre Teresa, que cuando murió tuvo funerales de Estado en la India (como Mahatma Ghandi) y que en 1979 recibió el Premio Nobel de la Paz. Un galardón que la Madre Teresa aceptó en nombre de todos los pobres.
Figura internacionalmente conocida por haberse entregado en cuerpo y alma a los más marginados del planeta, la Madre Teresa, Gonxha Agnes Bojaxhiu, nació el 26 de agosto de 1910 en Skopje, Macedonia, en una acomodada familia albanesa. A los 18 años, con el deseo de hacerse misionera, Gonxha ingresó en el Instituto de la Bienaventurada Virgen María, en Irlanda, donde recibió el nombre de hermana María Teresa.
Tras llegar a Calcuta el 6 de enero de 1929, donde enseñó y fue directora de una escuela para chicas, en 1946 la Madre Teresa recibió su inspiración. "Ven y sé mi luz", le suplicó Jesús, que le reveló su dolor por el olvido de los pobres, su pena por la ignorancia que tenían de El y el deseo de ser amado por ellos, según indica la biografía facilitada por la Santa Sede. Así, Jesús le pidió a la Madre Teresa que fundase una congregación religiosa, Misioneras de la Caridad, dedicada al servicio de los más pobres entre los pobres. El 17 de agosto de 1948 la Madre Teresa se vistió por primera vez con el sari blanco con borde celeste y entró en el mundo de los pobres.
Fieles de todo el mundo
Para su beatificación, unas 500 misioneras de la Caridad, lideradas por Nirmala Joshi, la madre superiora, han llegado a esta capital.
En un gesto en honor de esos "últimos entre los últimos" a quienes la Madre Teresa ofreció su vida y obra, hoy 3000 pobres provenientes de distintas sedes estarán en primera fila durante la celebración. Entre cientos de peregrinos, entre ellos también muchos argentinos, asistirá al rito Monica Besra, la " miracolata ", una mujer india de 36 años que se curó inexplicablemente de un tumor por intercesión de la Madre Teresa.
Su gran admirador desde siempre, al hablar ayer ante más de 150 cardenales de todo el mundo, Juan Pablo II, evocó su figura. Tras recordar que la Iglesia será más creíble si "ama a los pobres", si "es simple" y "se pone del lado de los más débiles", el Pontífice destacó que "un ejemplo emblemático de esta actitud evangélica nos lo ha ofrecido la Madre Teresa de Calcuta, que mañana tendré la alegría de elevar al honor de los altares".
Como ya es costumbre, el Papa enfermo sólo leyó el principio y el final de su discurso. En éste, al margen de llamar a los purpurados a proclamar el Evangelio "hasta el último respiro" y a ser santos, también destacó la urgencia de que entre ellos haya una "unidad profunda".
"¿Cómo podríamos ser auténticos maestros para la humanidad y apóstoles creíbles de la nueva evangelización si dejáramos entrar en nuestros corazones la cizaña y la división?", preguntó el Santo Padre, al hacer alusión a las facciones que hay en el colegio cardenalicio -progresistas, conservadores y ultraconservadores-, cuyos menores de 80 años deberán elegir a su sucesor en un cónclave.
Volviendo a callar las voces sobre una posible abdicación, Juan Pablo II también pidió a los cardenales que sigan rezando por él, "para que pueda cumplir fielmente mi servicio a la Iglesia, hasta cuando el Señor lo quiera".




