
Buscan un jefe para el ejército del Papa
Guardia Suiza: la remuneración para un puesto en el cuerpo llega a 30.000 dólares por año; pero para acceder a él hay que tener abolengo.
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ROMA.- Se solicita: caballero suizo con experiencia militar para comandar el ejército más pequeño del mundo. Debe medir por lo menos 1,85 m y profesar la religión católica, apostólica y romana. Y ser de origen noble.
Los miembros de la Guardia Suiza, los soldados de colorido uniforme que protegieron a los sucesivos papas y defendieron las puertas del Vaticano desde el siglo XVI, no tienen jefe. Y la búsqueda de un comandante apropiado, extendida ya durante cinco meses, se ha vuelto un misterio desconcertante dentro del Vaticano y fuera de él.
La vacante aparentemente se debe a algo más que a una demora burocrática por parte de la oficina de personal del Vaticano.
La dificultad para encontrar un candidato apto -y dispuesto a ocupar el cargo- es otro pequeño reflejo de la manera como algunas de las tradiciones más antiguas de la Santa Sede son corroídas por el mundo moderno.
Esa honrosa distinción, codiciada vehementemente por los aristócratas suizos, perdió parte de su esplendor. Tanto para los nobles como para los ciudadanos comunes, el sueldo no es tentador, ya que oscila -según las versiones- alrededor de los 30.000 dólares anuales.
El ex agregado militar de la embajada suiza en Roma Bruno Capelli, un individuo de clase media que fue uno de los primeros en presentarse para ocupar la vacante pero luego desistió de su propósito, expresó:"Conseguí, en cambio, un buen trabajo en Berna. Por motivos familiares y financieros, ni me detuve a pensarlo".
No sólo cada domingo de Pascua, cuando más de 100.000 peregrinos y turistas colman la plaza de San Pedro, sino todos los días, cientos de visitantes se congregan frente a las puertas del Vaticano para mirar absortos y sacarles fotos a los guardias suizos.
Sus cascos con plumas, sus uniformes de color azul, rojo y amarillo -la divisa de la familia Médicis- y sus picas de dos metros de largo han cambiado poco desde el siglo XVI. Sin embargo, hoy los guardias suizos recurren a granadas lacrimógenas para controlar las turbas.
Tarea ceremonial
Originalmente fueron mercenarios. Después de defender al papa Clemente VII durante el saqueo de Roma, en 1527, se les confirió el honor de custodiar a los sucesivos papas. En la actualidad su tarea es principalmente ceremonial, pero los guardias suizos, con chaqueta y birrete de color azul marino, dirigen el tránsito a través de las puertas de la Ciudad del Vaticano y vigilan durante las 24 horas la entrada que lleva hacia los departamentos personales del Papa.
Desde los años ´70, ese pequeño ejército tiene inconvenientes para llenar las vacantes de sus rangos inferiores con ciudadanos suizos católicos y solteros que demuestren -como expresa el folleto de reclutamiento- un "carácter irreprochable" y estén dispuestos a observar una estricta disciplina.
En pleno, la Guardia Suiza está formada por 100 efectivos, pero actualmente hay dos vacantes. Durante ciertas épocas de vacaciones, la Guardia Suiza se vio obligada a uniformar a seminaristas para completar sus cuadros. Incluso dentro del Vaticano, estos uniformados viven en el aislamiento.
A algunos de los miembros actuales les cuesta vivir así. Cuando le preguntaron si le gustaba su trabajo, un joven guardia suizo respondió:"En realidad, no. Nuestro permiso de salida expira a la medianoche, y si uno quiere ir a bailar a las discotecas o salir a buscar chicas, no es muy agradable que digamos".
Como cualquier departamento de la Iglesia o de un ejército, los actuales guardias suizos han tenido lo suyo en lo que se refiere a escándalos o conflictos internos. Hace dos años, la policía romana detuvo a dos de ellos por escándalo en la vía pública después de mirar por TV un partido de fútbol en un bar.
Martin Utz, de 50 años, ex capitán de la Guardia Suiza, afirmó que dejó de ser tenido en cuenta para los ascensos porque era soltero y posteriormente fue expulsado de las filas. Se espera que los oficiales hayan contraído matrimonio. Utz hizo lo imposible para quedarse, pero después de fracasar una apelación elevada al Papa, eventualmente se conformó con lo que dio en llamar una "promesa de obediencia absoluta".
Martin Utz atribuye la culpa de su expulsión no a la Iglesia, sino a sus camaradas de armas suizos. Y se muestra escéptico respecto de las nuevas generaciones de sus paisanos. "En esta época, ¿quién presta servicios por el honor?", preguntó.
Oídos sordos
Las clases altas suizas parecen hacer oídos sordos a la convocatoria.
Bernhard Pfyffer von Altishofen, de 49 años, cuya familia aportó 11 comandantes a la Guardia Suiza en los últimos 300 años, incluyendo a su padre, Franz, señaló que no le interesaba seguir la tradición familiar.
"Pensar en tener un trabajo como ése es algo muy lejano para mí", comentó Von Altishofen, que trabaja como ingeniero en el Departamento Forestal suizo, en Lucerna. "Mi familia dio once comandantes y creo que es suficiente de ahora en más", añadió.
Por ahora, al frente de la Guardia Suiza se halla el teniente coronel Alois Estermann, de 44 años, que fue designado jefe interino cuando el comandante Roland Buchs se retiró en octubre último por "motivos familiares".
El teniente coronel Estermann, cuyo nombramiento para el cargo se está analizando, es uno de los favoritos dentro de la Guardia Suiza. Pero el hecho de que aún no haya sido designado lleva conjeturar que el clero suizo y el Vaticano prefieren a alguien de afuera, e incluso se muestran partidarios de que tenga noble prosapia.
De los 30 comandantes que tuvo la Guardia Suiza, 27 fueron aristócratas.
"Un aristócrata tiene prioridad", reconoció Estermann con un dejo de indiferencia.
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