Camp David: fracasó la cumbre por la paz
Por María O´Donnell Corresponsal en EE.UU.
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WASHINGTON.- La cumbre de Camp David terminó ayer sin un acuerdo entre israelíes y palestinos, pero Bill Clinton no adoptó un tono dramático ante el fracaso: dijo que dos semanas de intensa negociación sirvieron para producir "avances significativos" que impedirán el colapso del proceso de paz en Medio Oriente.
Clinton sostuvo que no quería repartir culpas, pero dijo que el primer ministro de Israel, Ehud Barak, había sido más flexible en la mesa de negociación que el líder de la Autoridad Nacional Palestina, Yasser Arafat.
Con señales de cansancio que delataban varias noches de poco dormir, admitió ayer por la tarde en la Casa Blanca que la cumbre había colapsado fundamentalmente por las diferencias irreconciliables sobre el futuro status de Jerusalén.
Barak y Arafat abandonaban, mientras tanto, Camp David, el complejo de cabañas ubicado en las afueras de Washington donde Clinton los mantuvo 14 días encerrados con la esperanza de que encontraran una solución al conflicto que los tiene enfrentados desde hace 52 años.
Las dos delegaciones se despidieron con declaraciones moderadas y aceptaron firmar con los Estados Unidos una declaración tripartita en la que se comprometen a seguir trabajando para sellar un acuerdo "lo antes posible", dos datos que parecen explicar la dosis de moderado optimismo que Clinton preservó a pesar del fracaso. En la conferencia de prensa que brindó en la Casa Blanca dijo que aún confía en que las partes firmarán un acuerdo antes del 13 de septiembre, la fecha que funciona como plazo final para las gestiones de paz desde que Arafat prometió crear, ese día, el Estado palestino, con o sin el consentimiento de Israel.
Para mantener el proceso en marcha, despachará en las próximas semanas a un alto funcionario a Medio Oriente, porque el principal temor es que las frustraciones mutuas con la cumbre puedan disparar una escalada de violencia.
La otra estrategia de Clinton, que surgió con claridad de la rueda de prensa, es ejercer presión sobre Arafat para que muestre cierta flexibilidad en su determinación de ejercer soberanía plena sobre el este de Jerusalén, donde funcionaría en sus planes la capital del Estado palestino.
"Nosotros estábamos listos para terminar con el conflicto. Buscamos un punto de equilibrioÉ pero lamentablemente Arafat dudó cuando tuvo que tomar las decisiones históricas que son necesarias", dijo Barak antes de partir a Israel.
Dos para un tango
"Se necesitan dos para bailar un tango", agregó. Si bien puso sobre el líder de la Autoridad Nacional Palestina el peso del fracaso, el primer ministro de Israel dejó las puertas abiertas para un futuro acuerdo. "Se puede recuperar", declaró.
Arafat partió de los Estados Unidos sin hacer declaraciones. Pero uno de los principales negociadores de su delegación, Saeb Erekat, dijo que gracias a Camp David "las chances para un acuerdo sobre el status definitivo (de los palestinos) son las más fuertes en nueve años".
La búsqueda de un acuerdo de paz comenzó con gestiones secretas en Oslo y la firma, en 1993, de un primer compromiso entre las partes, que inició el proceso para la autonomía limitada que ahora tienen los palestinos en Gaza y en Cisjordania.
Además de Jerusalén, están pendientes de solución desde entonces otros dos temas que son centrales al conflicto: las fronteras que tendrá el futuro Estado palestino y la demanda de Arafat de un reconocimiento a las pérdidas que sufrieron millones de refugiados que escaparon durante la guerra de la independencia de Israel, en 1948.
Mientras se preparaba para volver a Israel, donde tiene un frente interno muy dividido, Barak apeló a sus credenciales de ser el soldado más condecorado de la historia de su país y dijo: "Si tenemos que ir a una confrontación, podremos mirar a nuestros chicos y decirles que hicimos todo para impedirla".
Clinton lo había despedido con grandes elogios. Habló del "coraje" y la "visión" de Barak, y sostuvo que era "justo" reconocer que "el primer ministro se corrió más de su posición inicial que Arafat, en particular en la cuestión de Jerusalén".
Aunque los norteamericanos impusieron reglas de juego que impedían cualquier filtración a los medios sobre el contenido de la negociación, en Israel trascendió que Barak había aceptado reconocer un cierto grado de soberanía palestina sobre la parte este de Jerusalén. Con esa decisión, giró -aunque es difícil establecer en cuántos grados- la postura tradicional de Israel que toma a Jerusalén como su capital "eterna e indivisible".
Pero Arafat se mantuvo firme en su demanda de total soberanía sobre la parte de la ciudad que Israel conquistó de Jordania en 1967, incluyendo la ciudad vieja, con excepción del Muro de los Lamentos, el sitio más sagrado para el judaísmo. También rechazó una propuesta de Clinton para consolidar los avances alcanzados en otras áreas y dejar para más adelante la cuestión de Jerusalén.
La última noche, el líder palestino le entregó a Clinton una carta en la que le decía que no tenía sentido, en esas condiciones, seguir adelante con Camp David. Arafat -y Barak también- ya había amenazado otras veces con empacar.
Clinton siempre intervino para impedir el colapso, hasta el miércoles último, cuando decretó que la cumbre había fracasado. Fue en realidad un paréntesis, porque más tarde anunció que habían retomado la negociación. Esta vez fue en serio y nada pudo revivir su esfuerzo mediador.





