
Cáncer: se ofrecen miles de voluntarios
Prudencia: los científicos británicos indicaron a La Nación que ya tienen personas seleccionadas para las primeras pruebas y piden cautela ante la expectativa mundial generada por el nuevo tratamiento.
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LONDRES.- La tranquilidad de las oficinas de la Campaña por la Investigación del Cáncer (Cancer Research Campaign), a metros de uno de los pulmones verdes de Londres, Regent´s Park, se vio en las últimas horas alterada por la noticia de que sus científicos se disponen a probar en personas un nuevo tratamiento oncológico.
Esto llegó a tal punto que, a raíz del aluvión de llamadas telefónicas de todas partes del mundo, el doctor David Secher, director de desarrollo de fármacos de esa organización sin fines de lucro, pidió a La Nación que dejara en claro que su equipo no está buscando voluntarios para sus experiencias.
"Trabajaremos con gente que ya seleccionamos el año último y mientras no sepamos cuáles son los efectos de la droga no queremos aumentar el número de pacientes", explicó.
La Campaña por la Investigación del Cáncer apoya desde hace 75 años todos los esfuerzos científicos por hallarle cura a una enfermedad que, sólo en Gran Bretaña, cuesta anualmente la vida a 161.000 personas.
Las expectativas generadas no deberían causar sorpresa tratándose de la lucha contra uno de los principales males que atacan a la humanidad, pero sus integrantes no pueden más que recibir con un dejo de ironía -y bastante preocupación- el inesperado interés por su trabajo.
"Hace un año publicamos en el American Journal of Cancer Research los resultados de nuestras experiencias en ratones, las primeras realizadas en el mundo, pero nadie parece haber prestado atención", señaló Secher a La Nación . "Hizo falta que se publicara un trabajo similar en los Estados Unidos para que la atención del mundo caiga finalmente sobre nosotros. Pero esto, en lugar de alegrarnos, nos ha dado dolores de cabeza porque las expectativas ahora son un tanto exageradas", advirtió.
Secher no quiere con esto menospreciar el trabajo de sus colegas norteamericanos, especialmente el de Judah Folkman, investigador del Hospital Infantil de Boston, Massachusetts, que dedicó 30 años al estudio de la eficacidad de dos drogas, la angiostatina y la endostatina, en cortar los nutrientes que necesitan los tumores para crecer y reproducirse.
"El hizo un excelente trabajo que también fue ignorado durante muchos años -señaló-. Imagino que si ahora sale a la luz es porque alguien de relaciones públicas de su hospital se dio cuenta de su trascendencia. Era hora que ocurriera, pero me parece que la cuestión ha salido de cauce."
Un comentario al pasar
El equipo británico comenzó hace cuatro años a aplicar en ratones un derivado artificial del extracto de la corteza de un árbol africano, el African Bush Willow, cuyo nombre científico es "Combretum Caffrum".
Es así como la droga, descubierta por el profesor norteamericano Bob Pettit, de la Universidad de Arizona, lleva el nombre de combretastatina A4.
Pero fue un comentario al pasar lo que los puso en este camino. Durante un cóctel para recaudar fondos, el profesor Pettit, que forma parte del comité farmacéutico de la Campaña por la Investigación del Cáncer, mencionó a un colega británico las cualidades de su descubrimiento.
"Cuando me dijo que tenía propiedades inhibidoras de los conductos sanguíneos le propuse de inmediato iniciar estudios de laboratorio - señaló el doctor Chaplin a La Nación , en su oficina en el Gray Laboratory del Hospital Mount Vernon, de Middlesex, en los suburbios de Londres-. La verdad es que a veces me da escalofríos pensar qué hubiera ocurrido de no haber asistido a aquella reunión".
"Especialmente porque, desde un principio, encontramos que con una sola dosis de combretastatina podíamos matar en ratones hasta un 95% de las células de tumores sólidos, lo que es importante porque el 90% de los cánceres son tumores sólidos", destacó.
La droga trabaja en forma selectiva, dañando los vasos sanguíneos que suministran oxígeno y nutrientes a los tumores. "Pero lo que vimos también es que con sólo dañar una célula de las paredes de los vasos sanguíneos podíamos "asesinar" hasta mil células tumorosas y esto quiere decir que, al menos en teoría, esta droga debería evitar los efectos colaterales que suelen acompañar los tratamientos oncológicos".
"Pero está lejos de ser una panacea -advirtió Chaplin-. Es muy probable que, aún cuando logremos detener en humanos el crecimiento de los tumores, haya que continuar con tratamientos convencionales para lograr destruirlos por completo. Es por eso que decir que estamos frente a un gran avance sería irresponsable."
Las pruebas comenzarán tan pronto cuenten con aprobación ética por parte de las autoridades británicas, lo que se estima ocurrirá antes de fin de año. Entonces, unos 30 pacientes recibirán la droga por un período de 18 meses. De no registrar inconvenientes, otro número similar de enfermos será sometido al mismo tratamiento durante seis a doce meses.
"Al final de estas dos fases esperamos tener una idea de su reacción en humanos, pero la comercialización de la droga puede tomar hasta diez años", indicó el experto británico.
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