
Cayó la segunda ciudad de Haití y amenazan la capital
Aumenta el pánico en Puerto Príncipe Cap-Haïtien era el último bastión en el Norte del gobierno del presidente Aristide La policía ofreció poca resistencia La misión mediadora dejó el país, pero sigue la negociación
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CAP-HAITIEN, Haití.- Los rebeldes haitianos tomaron ayer Cap-Haïtien, la segunda ciudad de Haití, en su máximo logro en un conflicto que en menos de 20 días desplazó a las fuerzas del gobierno de más de la mitad del país.
Mientras una multitud saqueaba e incendiaba edificios, los rebeldes dijeron que su fuerza, de unos 200 hombres, encontró escasa resistencia en el último bastión que le quedaba en el Norte al presidente Jean-Bertrand Aristide. Sólo hubo combates en el aeropuerto, donde según ellos murieron ocho personas en enfrentamientos con civiles leales al mandatario.
"Hoy (por ayer) tomamos Cap-Haïtien y mañana tomaremos Puerto Príncipe", declaró Lucien Estime, un joven de 19 años que se incorporó a la rebelión en su aldea, Saint-Rapha‘l, al sur de Cap-Haïtien. "Nuestra misión es liberar a Haití", agregó.
La toma de Cap-Haïtien dejó a más de la mitad del país fuera del control del gobierno, y ayer el pánico comenzaba a apoderarse de Puerto Príncipe. Fuentes cercanas al gobierno dijeron que varios ministros pidieron a sus amigos que los refugiaran en caso de que la capital haitiana sea atacada.
El líder rebelde, Guy Philippe, prometió tomar Cap-Haïtien y Puerto Príncipe durante las fiestas de carnaval, que terminan mañana a la noche. Philippe dijo que ya hay rebeldes en la capital, a la espera de una señal para atacar.
En tanto, en Cap-Haïtien miles de personas que gritaban "¡abajo Aristide!" marcharon junto a una caravana de ocho vehículos robados en los que se desplazaban unos 40 rebeldes. "¡Somos libres!", gritaba la multitud, al tiempo que arrancaba afiches del mandatario que estaban pegados en las paredes de edificios y casas.
Durante los enfrentamientos, algunos partidarios de Aristide huyeron en un avión que tomaron del aeropuerto. Entre ellos, según testigos, se encontraba el ex legislador Nawoum Marcellus, cuya Radio Africa fue saqueada por incitar a la violencia contra los opositores del gobierno.
Por otra parte, unos 10 hombres armados incendiaron una comisaría y liberaron a unos 250 prisioneros, que tomaron armas luego de que la policía huyó. No quedó claro si los atacantes eran partidarios de Aristide o rebeldes que incendiaron numerosas comisarías y liberaron a detenidos desde que comenzó el alzamiento popular para derrocar a Aristide.
Ayer, los rebeldes llegaron incluso a atacar puestos de policía en los alrededores de Puerto Príncipe.
La revuelta popular comenzó el 5 de este mes en Gonaïves, la cuarta ciudad más importante de Haití, y dejó más de 60 muertos, entre ellos, 40 policías. Desmoralizados y mal equipados, muchos oficiales de una fuerza de menos de 5000 hombres desertaron en los últimos días.
En Cap-Haïtien, la policía se había atrincherado porque no tenía armas ni hombres suficientes para contraatacar a los rebeldes, según afirmaron los propios oficiales a los periodistas. En su lugar, partidarios de Aristide se armaron y aterrorizaron a la población.
"El pueblo está feliz, al fin nos hemos librado del terror", dijo frente a la comisaría incendiada Fifi Jean, una haitiana de 30 años. Allí, mientras un grupo de adolescentes desfilaba con cascos policiales y chalecos antibalas, los rebeldes entregaban las llaves de vehículos a residentes y otros se llevaban armas, máquinas de escribir, colchones y puertas.
Miles de personas también saquearon el puerto y robaron contenedores que se encontraban en los embarcaderos. "Tenemos hambre", dijo Jean-Luc, un chico de 11 años.
El comandante rebelde Jean-Baptiste Joseph, ex líder de una asociación de soldados del desmantelado ejército de Haití, dijo que ahora "el ejército controla" la ciudad y agregó: "Es el ejército que va a liberar a Haití."
Joseph confirmó que los guerrilleros están dirigidos por el líder rebelde Guy Philippe, ex jefe policial de la ciudad, y dijo que el líder paramilitar Louis-Jodel Chamblain, que aterrorizó al país durante la dictadura de Raoul Cédras (1991-1994), estaba con él. Durante días, Philippe había amenazado con atacar Cap-Haïtien, la segunda ciudad más importante del país, con unos 500.000 habitantes divididos entre partidarios y detractores del gobierno de Aristide.
La negociación
En tanto, la posibilidad de una salida negociada pareció alejarse aún más después de que la misión mediadora, integrada por representantes de Estados Unidos, Francia, Canadá y la Organización de Estados Americanos (OEA), dejó Puerto Príncipe anteanoche sin haber logrado el apoyo de los rebeldes a su plan. La oposición, que en principio también rechazó la propuesta y exige la renuncia de Aristide, dijo que presentará su respuesta definitiva hoy, a las 5 de la tarde.
El acorralado mandatario sí aceptó el plan, que le permitiría seguir como presidente, pero compartiendo el poder con la oposición mientras se convoca a elecciones. Sin embargo, no se aclara cómo debería frenarse el alzamiento rebelde.
La victoria rebelde de ayer incrementa la presión para que el gobierno y la oposición lleguen a un acuerdo. "Esta es su última oportunidad. Si dicen que no, están diciendo que no a la comunidad internacional", dijo un diplomático occidental que pidió mantener bajo reserva su nombre.
La fuente, que habló desde Puerto Príncipe, admitió que son mínimas las probabilidades de que la oposición acepte el plan de paz.
Guy Philippe, que encabeza a los rebeldes, formó parte del ejército que derrocó a Aristide -el primer presidente libremente elegido, en 1991-, cuando éste llevaba apenas ocho meses en el cargo. Tras su derrocamiento, reinó el terror hasta que, en 1994, Estados Unidos envió 20.000 efectivos militares para poner fin a la dictadura militar, restituir a Aristide en el cargo y frenar el éxodo de refugiados a las costas de Florida.
Aristide perdió apoyo tras las fraudulentas elecciones de 2000, que llevaron a la comunidad internacional a congelar millones de dólares de ayuda. La oposición lo acusa de no cumplir con sus promesas a los pobres, permitir la corrupción impulsada por narcotraficantes y defender el gobierno con bandas armadas.
Estados Unidos también responsabiliza a Aristide de la crisis, por considerar que utilizó a la policía y a sus partidarios para reprimir a disidentes y que ignoró pedidos de terminar con la corrupción y restaurar el orden civil en el país.


