
Celosamente custodiado por las fuerzas armadas
Escolta permanente: desde su arribo, los militares cuidaron del ex dictador; el grupo especial Cobra cubrió su salida del hospital.
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SANTIAGO, Chile (De un enviado especial).- Con Pinochet nuevamente en esta ciudad virtualmente militarizada, una inquietante sensación de retorno al pasado más oscuro recorrió ayer como un fantasma las calles de Santiago.
Los primeros síntomas se experimentaron desde bien temprano en la mañana, cuando un general de la fuerza aérea desalojó sin explicar motivos a los periodistas que aguardaban desde la madrugada la llegada del ex dictador en el aeropuerto Arturo Merino Benítez.
Más tarde, el constante sobrevuelo de media docena de helicópteros militares y el desmesurado despliegue de francotiradores y comandos especiales por los techos cercanos al Hospital Militar, en pleno barrio de Providencia, dio a esta capital el aspecto de una ciudad sitiada.
Pero los mayores operativos de seguridad se realizaron más tarde, en los alrededores del hospital, donde fue alojado Pinochet.
Al menos una decena de edificios residenciales cercanos al centro asistencial fue copada desde la madrugada por soldados armados y vigías dotados de sofisticados aparatos de visión en escenarios de combate.
Los comandos Cobra, fuertemente pertrechados con armas largas, fueron la primera línea de custodia del ex comandante en jefe.
De este modo, el primer día en Chile, tras la forzada ausencia, mostró inmediatamente cómo se restablecía la antigua relación entre el ex dictador y sus socios de siempre, los hombres de armas. Pinochet fue celosamente protegido desde que pisó suelo chileno, y la custodia estuvo a cargo de las fuerzas armadas.
La sombra de los tristemente célebres grupos de tareas de la DINA llegó aún más lejos.
Según informaron radios locales, agentes de la policía chilena de investigaciones (PI) allanaron viviendas y empadronaron a habitantes de un área próxima a una residencia rural del ex dictador, horas antes de su llegada al país.
El episodio ocurrió en la localidad de El Melocotón, distante unos 80 kilómetros al sudeste de esta capital, en cuyas cercanías el dictador chileno fue emboscado por guerrilleros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez el 7 de septiembre de 1986.
Hermetismo
Las medidas de seguridad también se tradujeron en un cerrado hermetismo sobre los movimientos de Pinochet.
Hasta último momento se desconoció el itinerario del vuelo que lo trajo desde Londres y sólo ayer se supo que el Boeing 707 de la fuerza aérea había realizado una escala técnica de tres horas en una base británica en la isla de Ascensión, en medio del Atlántico.
Durante el vuelo, el anciano senador "permaneció tranquilo", según reveló el coronel Víctor Rodríguez, jefe del "operativo retorno", pero se emocionó y estalló en aplausos cuando el avión tanquero ingresó en territorio chileno, tras sobrevolar parte de la Argentina.
Las bocas también estuvieron selladas para la prensa en el Hospital Militar.
Pinochet permaneció allí ocho horas y se sometió a algunos exámenes médicos que indicaron que podía abandonar el cuidado de los médicos.
Su salida, en automóvil, fue caótica. Los cientos de seguidores que permanecían frente al centro médico se abalanzaron sobre el Mercedes-Benz que trasladaba al senador vitalicio obligando a corridas de los carabineros.
El ex tirano viajaba, según las fuentes, en el segundo vehículo de la comitiva, con las cortinas corridas y en medio de un riguroso operativo a cargo del grupo Cobra.
Las medidas de seguridad se extremaron cuando llegó al centro asistencial el comandante en jefe del ejército, general Ricardo Izurieta, para saludarlo en persona.
Mientras tanto, en el helipuerto, el Súper Puma que lo había traído encendía sus motores en maniobra de distracción.
El general retirado descansa desde anoche en su residencia del barrio La Dehesa, en Lo Barnechea, en un sector acomodado del Oriente de Santiago.
Sin embargo, no se descarta que en los próximos días se dirija a su más alejada casa de campo en la localidad Bucalemu, a unos 120 kilómetros al oeste de Santiago.
Su hija Jaqueline anticipó ayer que Pinochet está "ansioso por volver a su escritorio en el campo".



