Chile: la lección de 2010 impidió una nueva catástrofe

Las medidas tomadas tras el último gran terremoto permitieron que los destrozos no fueran tan graves
Federico Grünewald
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18 de septiembre de 2015  

SANTIAGO, Chile.- Hace cinco meses, un sismo de 7,9 grados dejó más de 8000 muertos en Nepal. Katmandú, la capital, quedó hecha escombros. El terremoto de Chile fue de 8,4 grados y ayer los fallecidos sumaban 11, mientras que el mayor daño estructural fue el que dejaron tres olas de cinco metros que inundaron con fuerza seis ciudades costeras. La comparación puede ser injusta si consideramos que el movimiento en Nepal fue de carácter superficial, pero también es cierto que los chilenos resistieron mucho mejor este nuevo desastre telúrico, el más potente en el planeta en lo que va del año.

"Chile se alza como uno de los países mejor preparados para hacer frente a terremotos. Los fuertes temblores que afectan cada cierta cantidad de años al país ahora causan relativamente pocos daños", afirmó el geocientífico alemán Onno Oncken, que investiga las placas tectónicas y monitoreó lo ocurrido después del sismo.

¿Cuánto avanzó Chile desde su último cataclismo? Para responder, hay que tener en cuenta siete puntos en los cuales se invirtió bastante desde 2010, cuando errores técnicos, humanos y políticos hicieron que el famoso 8,8 y el posterior tsunami devastaran varias regiones. Esos puntos son: las lecciones que dejó el último gran sismo, los avances en ingeniería antisísmica, el endurecimiento de las normativas de construcción, la reestructuración del organismo central de emergencias (Onemi), la inversión en instrumentos sismográficos, el mejoramiento de las comunicaciones y el fuerte desarrollo de la cultura antisísmica.

Si partimos por cultura antisísmica, el propio Oncken advierte que "la población está relativamente bien preparada sobre cómo hay que actuar en caso de terremotos o tsunamis, algo que también se puede ver en escuelas donde hay carteles que avisan las vías de evacuación o los puntos seguros".

En esto han aportado la seguidilla de grandes remezones y también el aprendizaje que tienen los chilenos al percibir un temblor. Ahora hasta los chicos saben que no se debe correr, que las puertas hay que abrirlas o que si la última vez se movió todo así de fuerte y vino un tsunami ahora es probable que suceda de nuevo.

En comunicaciones, al contrario de lo ocurrido en 2010, cuando el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA) no avisó la llegada del potente maremoto, esta vez envió una alarma de tsunami para todo el territorio a sólo ocho minutos de ocurrido el terremoto. Dos minutos después, otro boletín indicaba el epicentro y la hora exacta de llegada de las olas a todas las ciudades del borde costero. Ese aviso permitió, por ejemplo, que en Coquimbo no se perdieran vidas bajo las olas de cinco metros que llegaron al centro de la ciudad. En los 20 minutos que tuvieron para refugiarse, un millón de chilenos pudieron cumplir la orden de evacuación y buscar un lugar alto y seguro. La Onemi, en tanto, pudo coordinar mejor su actuación luego de ser completamente reestructurada, el año pasado.

Mediciones

Los mareógrafos y sismógrafos, que permiten medir rápidamente y con precisión los movimientos de la tierra y del mar, esta vez sí funcionaron. Desde 2010, la red de instrumentos tuvo una inversión que ahora permite tenerla operativa. Sumado a que las comunicaciones no colapsaron (mucha gente pudo hablar por celular, por WhatsApp o por videochat durante el terremoto), las redes sociales permitieron reducir la incertidumbre de la población. En menos de diez minutos ya todos sabían el lugar del sismo, las medidas que debían tomar y también contaban con electricidad. En 2010, la energía se interrumpió tres segundos antes de que ocurriera el terremoto, lo que dejó a ciegas y en la peor incomunicación a millones de habitantes. Los sismólogos coinciden en que éste ha sido un punto diferenciador del terremoto de Canela Baja, porque prácticamente el tsunami fue relatado en vivo a través de los medios de comunicación.

Para Juan Carlos de la Llera, creador de la ingeniería antisísmica que da soporte a muchas edificaciones en Chile, "lo más importante fue la evacuación de un millón de personas en absoluta normalidad; se aprendió la lección después de 2010 y desde el punto de vista estructural hubo progresos importantes, como tener más de 80 estructuras protegidas sísmicamente".

Víctimas del terremoto

El gobierno chileno informó hasta ahora sobre 11 muertes por el sismo, a lo que se sumó otra en la Argentina

Eduardo Carrera Pulido

58 años

En las primeras horas después del terremoto fue reportado como desaparecido en la localidad de Puerto Aldea, al sur de Tongoy, región de Coquimbo, pero ayer su cuerpo fue hallado e incluido entre las víctimas fatales; según la prensa local, habría sido alcanzado por las olas que golpearon Puerto Aldea

Victoria Gloria Jofre

20 años

La joven vivía en Monte Patria, un pueblo ubicado 435 kilómetros al norte de Santiago, cerca de la frontera con la Argentina. Murió por un deslizamiento de rocas en esa región cordillerana

Lissette Araya Silva

35 años

Fue la primera víctima que se conoció como consecuencia del sismo, y murió cuando se derrumbó el techo de su vivienda; era de la localidad de Illapel, una de las ciudades más afectadas, 280 kilómetros al norte de la capital chilena

Luis Damaris

67 años

De las personas que murieron en el terremoto, hubo cuatro que sufrieron un paro cardíaco. Entre ellas estaba Luis Damaris; como él, Renato Salazar Díaz (91), Humberto Fernández (81) y María Menay Carvallo, fallecida en la comuna Catapilco

Gustavo Bustamante

50 años

A casi 1300 kilómetros del epicentro del terremoto, un hombre de Beccar (Buenos Aires) sufrió un infarto y cayó por la escalera a la altura del quinto piso, mientras se evacuaba el edificio junto a sus vecinos. La muerte se produjo en un edificio de la avenida Centenario al 1700, de Beccar

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