
Clinton enfrenta una nueva denuncia de infidelidad
Se lo acusa de obligar a mentir a una ex empleada de la Casa Blanca con la que habría mantenido una relación amorosa.
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WASHINGTON (De nuestro corresponsal)- El presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, se vio ayer envuelto en un nuevo escándalo tras revelar el diario The Washington Post que habría mantenido una relación amorosa con una joven a la que obligó a mentir durante una pesquisa por el caso de la inmobiliaria Whitewater.
Clinton negó enfáticamente la acusación, que se sumo a la demanda iniciada por Paula Jones por acoso sexual. "No hubo ninguna relación", afirmó Clinton al referirse a las informaciones sobre un romance que habría tenido con Mónica Lewinsky, de 24 años, cuando ésta realizaba tareas como pasante en la Casa Blanca, en 1995.
En un sorprendente vuelco producido en la investigación por el escándalo del caso Whitewater, el fiscal independiente Kenneth Starr ahora trata de determinar si el presidente Clinton obligó a Lewinsky a mentir en una declaración que ella brindó en enero sobre el caso Paula Jones. En esa oportunidad, la joven negó haber tenido una relación con Clinton.
Sin embargo, una compañera de trabajo de Lewinsky dijo tener en su poder cintas grabadas en las que ésta admite esa relación, que habría durado un año y medio.Starr pidió ayer oficialmente la entrega de todos los documentos vinculados a la nueva denuncia. La oposición republicana en el Congreso deslizó la posibilidad de enjuiciar a Clinton si llega a comprobarse que obligó a Lewinsky a dar falso testimonio.
Otro escándalo envuelve a Clinton
WASHINGTON.- Bill Clinton habría mantenido una relación sentimental con una ex empleada de la Casa Blanca, hoy de 24 años, a la que, según reveló ayer The Washington Post, habría conminado a mentir, faltando a su juramento, en la pesquisa sobre el caso Whitewater.
Aún no repuesto del bochorno que significó ser, el sábado, el primer presidente norteamericano en ejercicio que declaró como imputado en un juicio civil a raíz de la demanda por acoso sexual de Paula Jones, Clinton enfrenta desde ayer otro escándalo que podría perjudicarlo en los dos máximos aprietos en los que se encuentra desde que llegó de Arkansas, en 1993.
Un escándalo llama al otro y, juntos, son dinamita. El fiscal del Whitewater, Kenneth Starr, nombrado como independiente, debe determinar ahora si Monica Lewinsky, pasante del gobierno federal mientras era estudiante, incurrió, por instancias de Clinton, en perjurio, en falso testimonio y en obstrucción de las investigaciones sobre el negocio inmobiliario que hizo él mientras era gobernador de Arkansas.
El principal damnificado, en caso de comprobarse las presunciones, sería Clinton, ya envuelto en problemas de orden sexual con Jones, de 31 años, por haber alentado a Lewinsky a mentir en el interrogatorio, abusando de su autoridad. La mentira, de hecho, es el pecado capital de la política norteamericana.
La noticia cayó como el rayo de la película "Independence Day" en la Casa Blanca, en donde Mike McCurry, vocero de Clinton, salió al cruce del Post: "El presidente está indignado con esta acusación y quiere ser muy claro desde el principio -dijo-. Nunca ha mantenido una relación indebida con esa mujer".
El asunto hizo que se moviera rápidamente la tropa de abogados de Jones, ya que, según sus cálculos, podrían afirmar, con el testimonio de Lewinsky y otros, que el acoso sexual sería el patrón de conducta de Clinton. Ella, sin embargo, firmó a mediados de diciembre una declaración en la que ratifica que jamás tuvo nada que ver con él.
Robert Bennett, el abogado de Clinton en cuya oficina se hizo el sábado la sesión de seis horas con Jones, señaló ayer: "El presidente niega terminantemente toda relación con esa mujer. Ella también lo niega. Esto me huele raro".
Tan raro como el pedido de la secretaria de Justicia, Janet Reno, renuente a derivar en un fiscal independiente la investigación de los fondos que nutrieron la campaña por la reelección de Clinton, de que un panel de apelaciones amplíe la pesquisa de Starr, de modo de incluir los nuevos cargos.
Las acusaciones, según el Post, son el resultado de conversaciones de Lewinsky, una chica que tenía 21 años cuando ingresó en la Casa Blanca, en diciembre de 1995, con otra ex empleada federal, Linda Tripp. Fueron grabadas poco después de que ambas dejaran de trabajar allí.
En las diez cintas, al parecer, constan detalles del año y medio que habría durado la relación con Clinton y su intento de convencerla de que mintiera en el testimonio sobre el Whitewater.
Por este caso, en el que también está comprometida Hillary Clinton como abogada de la firma, purga en prisión el matrimonio desavenido McDougal, Susan y James, ex socios de la pareja presidencial.
Víctima del sistema
Desde Los Angeles, William Ginsburg, el abogado de Lewinsky, confirmó que Starr está investigando a su cliente. Una víctima inocente del sistema político, según la definió.
"Si el presidente de los Estados Unidos hizo esto con una mujer tan joven, y no estoy diciendo que lo haya hecho, pues, pienso que es un misógino -exclamó Ginsburg-. Si no lo hizo, pienso que Starr y su equipo han arruinado la vida de una joven."
En 1993, cuando Clinton asumió el poder, Tripp era secretaria administrativa en la oficina de asuntos legales de la Casa Blanca. Trabajaba allí desde la presidencia de George Bush. Luego pasó a la oficina de prensa del Pentágono, destino que compartió con Lewinsky.
En el verano, la revista Newsweek mencionó a Tripp en una historia sobre Katleen Willey, otra empleada de la Casa Blanca que, según ella, habría tenido un encuentro romántico con Clinton, mal entrazada y con los labios despintados cuando se encontraron, en la Oficina Oval. De ella también se valen los abogados de Jones.
El Post sostiene que Tripp proporcionó los cassettes de sus charlas al fiscal Starr. Un amigo de Clinton, el abogado Vernon Jordan, frecuente compañero en las tardes de golf y aliado en la defensa de los derechos humanos, habría presionado a Lewinsky para que no dijera la verdad y nada más que la verdad en su testimonio.
Tres mujeres, tres denuncias
- Gennifer Flowers: la cantante de cabaret dijo haber tenido una relación de doce años con el actual presidente. En 1994 se pusieron en venta, por 20 dólares, cassettes con los diálogos entre ambos.
- Paula Jones: acusó a Clinton de haberle pedido que le practique sexo oral en un hotel en Arkansas, cuando él era gobernador y ella trabajaba como recepcionista, en mayo de 1991.
- Monica Lewinsky: revelaron ayer que la joven (aquí, en una foto de 1988) mantuvo una relación con Clinton y que fue obligada por éste a mentir durante un interrogatorio sobre Paula Jones.
Posibilidad de un juicio
WASHINGTON (AFP).- El Congreso consideraría un juicio por perjurio que podría terminar en la destitución del presidente Clinton, si se comprobara que éste pidió a una ex empleada de la Casa Blanca que diera falso testimonio en el caso que Paula Jones le sigue por acoso sexual, advirtió el republicano Henry Hyde, titular del comité judicial de la Cámara de Representantes.
La mujer, Monica Lewinsky, negó por escrito haber mantenido una relación con Clinton. Pero si es presionada por los fiscales y en vista de las pruebas contra ella decide confesar el adulterio de Clinton, el presidente puede ser enjuiciado por perjurio.
En una tensa conferencia de prensa, el vocero de la Casa Blanca, Mike McCurry, reiteró que no había nada más que agregar al comunicado de los abogados de Clinton.
El vocero afirmó que el presidente "no ha tenido nunca una relación inapropiada con esa mujer", pero se negó a precisar qué entiende por "relación inapropiada" y por qué evitó el término "relación sexual".



