
Con un atentado, ETA cortó el diálogo con el gobierno español
Habría dos muertos por un coche bomba en una terminal del aeropuerto de Barajas
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MADRID.- La banda terrorista ETA terminó ayer por romper el precario "alto el fuego permanente" que había declarado en marzo último con un atentado con coche bomba en el que hizo volar parte de las flamantes instalaciones del aeropuerto de Barajas.
Se estima que más de 200 kilos de explosivos fueron necesarios para derrumbar cinco pisos del nuevo edificio de estacionamiento, con el luctuoso saldo de dos inmigrantes ecuatorianos desaparecidos y que, según el gobierno, muy posiblemente estén muertos bajo la montaña ardiente de escombros.
La explosión y sus consecuencias políticas dejaron en incómoda posición al gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, quien sólo 24 horas antes del ataque había renovado su empecinada confianza en las cada vez más tambaleantes negociaciones con la organización terrorista. (Ver aparte.)
Con el rostro desencajado, el presidente compareció, casi al final de la tarde, para corregir el optimismo que, en un saludo de fin de año, había exhibido respecto de las tratativas de paz que se venían manteniendo con la organización ilegal.
"Se suspenden todas las iniciativas de diálogo con la banda terrorista", anunció anoche. Fue un giro drástico del entusiasmo anterior, cuando se mostró convencido de que, en los meses por venir, el llamado "proceso de paz" iría "mucho mejor".
Rodríguez Zapatero, con todo, pareció dejar una puerta abierta. Y, pese a las reiteradas preguntas en ese sentido, eludió hablar de "ruptura" de las negociaciones y se mantuvo sólo en la suspensión. Eso generó malestar en la principal fuerza de oposición, el derechista Partido Popular (PP), para el que "es hora de terminar con las ambigüedades".
No sólo el gobierno, sino también varios sectores políticos parecieron ser tomados por sorpresa por una reaparición que, sin embargo, era materia de fuerte conjetura en medios locales desde hace por lo menos dos semanas.
Sobre todo, ante reiteradas advertencias de ETA y de sus voceros en el sentido de que el llamado "proceso" no iba bien o de que estaba directamente estancado. "¿Pasará «algo» antes de fin de año?", era una pregunta que en los últimos días no era raro escuchar en las redacciones de los medios de prensa madrileños.
Lo que sí llamó la atención en esos mismos sectores fue la virulencia del ataque y, sobre todo, la posibilidad firme de que lo ocurrido deje el triste salde de dos muertos, las primeras víctimas fatales desde mayo de 2003.
Una vez más, la banda eligió un blanco vinculado con el turismo, una de las primeras fuentes de ingreso en España. Recientemente inaugurada, la Terminal Cuatro es un símbolo de la apuesta por esa actividad, con el añadido de que está reservada para uso exclusivo de Iberia, la compañía nacional de bandera.
Y, también una vez más -aunque por motivos distintos-, numerosos pasajeros argentinos se vieron varados en Barajas. Hace unos días, por el súbito cierre de la compañía española Air Madrid; ayer, por el atentado terrorista.
"Llevamos horas y nadie nos dice nada. Lo que ha pasado es muy grave y triste", dijo a LA NACION una pasajera de Iberia que esperaba llegar a su Mendoza natal para el fin de año.
Caos y temor
Durante horas, el aeropuerto fue un verdadero caos. El estallido fue a las 9 e inmediatamente se cerraron los accesos por tierra. Hubo un gigantesco atasco de tránsito, mientras miles de pasajeros eran bajados de los aviones y obligados a esperar en la pista, ante el temor de nuevas explosiones.
"Oí la explosión y luego, una nube de humo y polvo que se me venía encima", dijo un empleado de aeropuerto que, al igual que cientos de personas, instintivamente atinó a echarse bajo los mostradores, convertidos en escudo protector contra una metralla de vidrios y partículas cortantes.
Diez horas después del infierno, hasta que se fue el último rayo de sol, todavía era visible la negra columna de humo que desprendía el edificio siniestrado.
"Es materialmente imposible remover los escombros. Eso está ardiendo", explicó el alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, ante las dificultades evidentes para dar con las dos personas desaparecidas.
Una de ellas, un joven de 19 años, fue sorprendido por la explosión mientras dormía la siesta en su auto, estacionado en el lugar. Lo hizo mientras esperaba que llegara el vuelo de unos familiares que venían de Ecuador. La familia llegó, pero el reencuentro no pudo producirse.
El otro desaparecido es también un ecuatoriano, de 35 años, y sus familiares contaron una situación similar a la anterior: una siesta le habría impedido escuchar las voces de advertencia que, de forma precaria, llegó a dar la policía.
"Estamos con las víctimas y con sus familiares", dijo apesadumbrado el presidente. Pocas eran las esperanzas de encontrarlos con vida.
"Es terrible pensar que puede haber personas allí adentro y que no podemos hacer nada", acotó Ruiz Gallardón.
Un vez más, tras nueve meses de silencio, ETA volvía a signar la vida de los españoles. Según Rodríguez Zapatero, ése es el paso "más equivocado e inútil" que dio la banda en 40 años de historia sangrienta.




