Convento: el colegio populista de Bannon ya cuenta con sede

Un monasterio se convertiría en una escuela del exasesor de la Casa Blanca para formar dirigentes que abracen el populismo
Chico Harlan
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29 de diciembre de 2018  

COLLEPARDO, Italia.- Detrás de las murallas del monasterio de Trisulti, los monjes vivieron en pacífica reclusión durante más de ocho siglos, orando, leyendo y elaborando preparados medicinales a partir de yuyos silvestres recolectados en los bosques circundantes.

Ahora solo queda un monje de 83 años. También vive allí el histórico jefe de jardineros del monasterio, junto a varias decenas de gatos semisalvajes. El tercer habitante actual de Trisulti es el recién llegado Benjamin Harnwell, un británico de 43 años estrechamente vinculado con Stephen Bannon que pretende transformar el monasterio "en una escuela de gladiadores para batallas culturales".

Munido de un copioso llavero que le abre todas las puertas del monasterio, el acólito de Bannon va de un edificio a otro atravesando pasadizos secretos y habitaciones cubiertas de pinturas al fresco, donde dice que muy pronto el lugar empezará a cumplir una nueva misión.

Según Harnwell, en poco tiempo más el monasterio se colmará de estudiantes que aspiren a dominar las herramientas de la política populista. Esos salones con centenarias pinturas al óleo servirán de aulas donde los estudiantes puedan aprender "los hechos": la visión de mundo que abraza Bannon, que desde haber sido despedido de la Casa Blanca y de Breitbart News se dedica a fomentar el populismo de derecha en Europa y otros países.

¿Ese lugar donde los monjes guardaban voto de silencio será la usina de la que salga la próxima generación de Matteo Salvinis y Viktor Orbans? Harnwell sigue abocado a conseguir los maestros, aún no ha recibido autorización oficial y todavía tiene que testear si los estudiantes estarían dispuestos a internarse en los Montes Apeninos para recibir ese tipo de formación.

Pero si todo sale bien, dice Harnwell, una nueva generación de líderes pasará un tiempo allí y luego descenderá por el mismo camino de montaña, para volver a Roma, a las otras capitales europeas o incluso a Washington, y así garantizar que la versión de la rebelión popular que abraza Bannon perdure durante varias décadas.

"Con un poco de imaginación, ya puede verse", dice Harnwell.

A dos horas de auto de Roma, el proyecto refleja tanto las ambiciones de grandeza como el trasfondo religioso de Bannon y sus adláteres, que sienten que Occidente se ha debilitado por culpa de las elites corruptas y globalizadas, y por la decadencia de los tradicionales valores cristianos. Y el monasterio resulta un entorno perfecto para sus planes: lejos del mundanal ruido de los centros de poder y plagado de reminiscencias históricas.

"No trabajamos para lo inmediato", dice Bannon, que ha financiado personalmente la academia y a la vez asesora a partidos nacionalistas de todo el mundo a través de The Movement, su nueva agrupación radicada en Bruselas. "Lo que hacemos es más profundo para ser transmitido a las generaciones venideras".

El monasterio quedó disponible porque los monjes eran cada vez menos y ya no podían mantener el lugar. El gobierno italiano lo puso en alquiler, y Harnwell se presentó y ofreció pagar un alquiler de 100.000 euros anuales, pero asegura que el monasterio seguirá siendo un espacio de "actividades culturales", donde se ofrecerán cursos dedicados a la ideología que abrazan tanto Bannon como el cardenal Renato Raffaele Martino, conocido como un feroz luchador contra la eutanasia, la pena de muerte y el aborto.

Harnwell reconoce que la reacción local cuando obtuvo el alquiler del lugar, anunciado por el gobierno italiano el año pasado, fue "mayormente negativa", pero dice que las críticas amainaron tras la conformación de un gobierno populista integrado por la Liga, partido derechista que ya se ha acercado a Bannon. Sin embargo, en Collepardo, el pueblo a 15 minutos ladera abajo del monasterio y donde Harnwell suele ir a tomarse un café o una copa de vino, los habitantes dicen que se corre el riesgo de que un lugar espiritual sea invadido por una forma de divisionismo político.

"Casi todo el mundo está en contra", dice Mauro Bussiglieri, alcalde de Collepardo. "A los ciudadanos les cuesta entender que el monasterio se convierta en un lugar donde se entrena a futuros políticos, porque lo siguen viendo como un lugar religioso, y eso es lo que es".

Otros critican el proceso de adjudicación de la propiedad a la agrupación de Harnwell, que dice defender "los valores judeocristianos" de la civilización occidental y que el monasterio ya no estaba tan integrado a la comunidad como supo estarlo. Otro vecino se negó a dar su nombre para no tener problemas con sus nuevos vecinos, pero dijo que Bannon era un hombre "dudoso".

Harnwell ve la escuela-monasterio como "uno de los legados que proyecta dejar Bannon", con quien se mantiene en comunicación permanente. Y cuando Bannon pasa por Roma, pasan al menos un día reunidos y recibiendo invitados.

Bannon reconoce en Harnwell las dotes de un operador insistente y de fiar.

"Me gustan los tipos como Ben Harnwell, que hacen que las cosas se muevan", dice Bannon. "A veces me propone cosas que me hacen pensar que está rematadamente loco, pero es muy tenaz".

Mientras pujaba para conseguir el monasterio, Harnwell le metió la idea a Bannon de poner una escuela política: ambos decidieron que se llamaría Academia del Occidente Judeocristiano.

Bannon dice que Harnwell es el "conductor" del proyecto, pero que él personalmente hizo la búsqueda de los docentes y pensó el marketing de la academia para conseguir alumnos.

"¿Si enseñaremos las bases del populismo y el nacionalismo? ¡Por supuesto!", dice Bannon. "Pero también muchas otras cosas, como las tendencias que apuntan al rumbo que tomará el mundo".

La visión de Harnwell prevé cursos intensivos de dos semanas con nivel de máster en Teología, Filosofía, Economía e Historia. Bannon también dijo que dictará su propio curso de "artes aplicadas de los nuevos medios".

Traducción de Jaime Arrambide

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