Coronavirus: la artista argentina que quedó varada en un castillo en Toscana y quiere volver a ver a sus hijos

Por el coronavirus, De Ridder decidió hacer urnas funerarias con las cabezas de las seis mujeres que estaban en el castillo
Por el coronavirus, De Ridder decidió hacer urnas funerarias con las cabezas de las seis mujeres que estaban en el castillo
Elisabetta Piqué
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18 de abril de 2020  • 16:11

ROMA.- Desiree De Ridder, escultora porteña de 48 años, está desde hace dos meses varada en un castillo de la Toscana al que llegó el 16 de febrero pasado para hacer una residencia artística. Al igual que otros 800 argentinos bloqueados en Italia debido a la pandemia del coronavirus, hace ya varias semanas que llenó el formulario de Cancillería para ser repatriada, pero no tienen ningún tipo de información sobre un eventual regreso. Y no oculta su angustia, sobre todo porque tiene tres hijos, el más chico, de 9 años.

"La incertidumbre es total, ni siquiera nos dan un plazo, una fecha, tengo la sensación de que los argentinos que nos quedamos varados en Italia nos convertimos en leprosos", denuncia Desiree en diálogo telefónico con LA NACION desde el Castello di Potentino, enclavado en un lugar lindísimo de la Toscana, en el centro de Italia, que para ella se ha vuelto una jaula dorada.

"Mi hijo más chiquito, Antonio, tiene apenas nueve años y extraña. Si bien mi residencia artística iba a ser larga, él sabía que yo iba a volver... Y es difícil ahora explicarle que no puedo volver", lamenta. Otro hecho que la tiene mal es que el conocido artista Carlos Regazzoni, padre de sus dos hijos más grandes, Lorenzo (17) y Valentina (19), está en grave estado. "Los tres chicos están junto a mi segundo y actual marido, Antonio Salgado, que los crió porque me separé enseguida de Carlos, que está muy enfermo y en un estado muy crítico... El problema es ese y la impotencia de no saber cuándo podré volver a estar con mis hijos", dice.

El Castello di Potentino, adonde la artista fue a hacer una residencia
El Castello di Potentino, adonde la artista fue a hacer una residencia

Entre la belleza y el terror

Desiree, escultora e inmersa en el mundo del arte desde hace 20 años, contó que desde hace tiempo planeaba viajar a Europa. El año pasado, después de que mandó su portfolio, la aceptaron para una residencia artística, una suerte de intercambio cultural, en el Castello di Potentino, lugar que provee las herramientas de trabajo para que artistas de diversas partes del mundo realicen un proyecto. El suyo, que en principio fue recrear los animales en peligro de extinción de la zona con arcillas locales en un horno también hecho por ella, con el estallido de la pandemia se transformó radicalmente.

"A medida que avanzaba la desolación, la muerte y el aislamiento que trajo el virus, empecé a hacer urnas funerarias con las cabezas de las seis mujeres que quedamos acá en el castillo, inspirándome en un libro sobre arte etrusco que me prestó Charlotte Horton, la dueña del lugar, que es inglesa", contó. "Aunque me cambió mucho el proyecto inicial, pude completar el proceso que tenía en la cabeza y ahora estoy conviviendo entre la belleza y el terror", agrega, al comentar el espanto de los más de 23.000 muertos que se contabilizan en Italia.

"Acá estamos bastante aislados, la ciudad más cercana es Siena, que está a 52 kilómetros, pero en el pueblito más cercano, que se llama Seggiano, ha habido casos y es riesgoso ir a hacer compras, algo que hace el casero del castillo, que es el único autorizado para salir", precisa.

El horno que ella hizo y con el que trabaja
El horno que ella hizo y con el que trabaja

Desiree destaca que otras dos artistas, una curadora alemana de la Bienal de Venecia y otra norteamericana, que como ella llegaron al Castello di Potentino hace dos meses para una residencia artística, pudieron irse hace ya varias semanas. "¡Las dos se volvieron gracias a sus países, que las ayudaron enseguida! Con lo cual mi reclamo es que me parece inconstitucional que ahora desde la Argentina no dejen volver a los ciudadanos. El gobierno de Italia me autoriza a volar, pero es el argentino que no deja y eso es grave", denuncia. De todos modos, deja en claro que siempre fue bien tratada por las autoridades diplomáticas con las que estuvo en contacto.

"Mi colega norteamericana volvió, hizo cuarentena en un Airbnb y ya está en su casa. ¿Cómo nosotros no podemos hacer lo mismo? ¡Es tremendo!", lamenta.

Aunque lo que más le indigna es que en la Argentina muchos digan que los varados estaban de vacaciones. "En mi caso, yo vine a hacer un trabajo, a promocionar la cultura argentina, nada que ver con vacaciones", subraya.

Y concluye: "Aunque estoy bien, puedo salir a pasear al aire libre y puedo seguir trabajando acá, es una situación muy angustiante, de incertidumbre total... Y hablo también por todos los otros varados que hay en Italia, que están todos desesperados. Aunque yo soy la única con tres hijos que me están esperando".

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