Coronavirus. Sonja Lyubomirsky: "La conectividad social de las personas es el factor más relevante para la felicidad, incluso durante la cuarentena"

La científica rusa dice que mucha gente fortaleció los lazos interpersonales durante la pandemia
La científica rusa dice que mucha gente fortaleció los lazos interpersonales durante la pandemia
Hugo Alconada Mon
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15 de agosto de 2020  • 15:35

"Las emociones positivas no solo nos hacen sentir bien; también amplían nuestros horizontes y construyen nuestras habilidades sociales, físicas e intelectuales, incluso en estos tiempos de pandemia", afirma una de las mayores expertas mundiales en felicidad, Sonja Lyubomirsky.

Nacida en Rusia, radicada en Estados Unidos, graduada de Harvard y doctorada en Stanford, Lyubomirsky busca comprender la felicidad. ¿Por qué algunas personas son más felices que otras si viven en el mismo lugar y bajo el mismo contexto? ¿Cómo se explica que algunas sean más resilientes que otras? ¿Genética? ¿Salud? ¿Familia? ¿Dinero? ¿Nada o todo eso? ¿Y cuánto de eso que distingue a los ejemplos positivos puede transmitirse a quienes más lo necesitan? ¿Cuánto de eso puede desarrollarse, cuando no surge de manera espontánea?

"Hay mucho para repensar durante esta pandemia", invita la investigadora en el Departamento de Psicología de la Universidad de California. Un período en que millones afrontan la muerte de seres queridos, la pérdida de empleos, el colapso de sus emprendimientos. Pero que también ofrece beneficios, aunque parezca insólito o hasta un contrasentido. ¿Un ejemplo? Las llamadas "relaciones turbo". ¿Otro? "¡La sensación de soledad bajó durante la pandemia!", subraya.

¿Cómo es posible? En parte, porque la cuarentena nos obligó a desacelerar nuestro ritmo de vida y pudimos, al fin, dedicarnos más a nuestras familias o a reconectarnos con amigos de los que acaso hacía mucho que habíamos perdido el rastro. Y eso, aclara a LA NACION desde Santa Mónica, sin que caigamos en la frivolidad, ni en la negación del desafío mayúsculo que representa esta pandemia y que apenas comienza. Pero la felicidad, remarca Lyubomirsky, como todo objetivo en la vida, cuesta trabajo, compromiso y dedicación.

-¿El desarrollo de la pandemia modificó algo en su campo de investigación o, incluso, sus ideas previas a esta crisis global?

-Sí, claro. Uno de los ejes de mi investigación desde hace décadas es cuán conectadas se sienten las personas entre sí, ya que su nivel de conectividad es crítico para su bienestar y acaso sea el factor más relevante de todos para la felicidad. Así que estamos interesados en determinar si la sensación de conexión con otras personas -o, por el contrario, de soledad- ha cambiado de algún modo ahora que muchísimos estamos confinados o aislados. De hecho, algunos reportes muestran que nuestras interacciones sociales se redujeron hasta en un 95 por ciento durante y por la cuarentena, por lo que podríamos especular que si no podemos interactuar socialmente, cara a cara, con otras personas, eso nos haría sentir menos conectados o más solos. Pero tenemos dos estudios distintos que muestran lo contrario. Uno ya se publicó y el otro está ahora bajo revisión, y los desarrollamos con dos grupos distintos de personas a las que seguimos desde principios de febrero, es decir, desde antes de pandemia, y volvimos a contactarlas a principios de abril y otra vez a fines de mayo, y lo que nos sorprende es que el sentido de conexión social de esas personas no cambió tanto como esperábamos. De hecho, ¡la sensación de soledad bajó durante la pandemia!

-¿Cómo es posible? ¿Cuán amplio es ese muestreo?

-Abarca Estados Unidos, Reino Unido y otros 26 países, por lo que es bastante amplio, aunque por supuesto que hay otro grupo, integrado por personas que han sido severamente afectadas por todo esto, y que se sienten aisladas, solas y deprimidas. Dicho eso, otro eje que también estamos investigando durante la pandemia es qué hace a la diferencia entre los encuentros cara a cara, en oposición a las interacciones digitales, que son o parecen ser más "pobres" en sustancia. Obviamente esto se ha tornado más relevante en estos tiempos en que muchas de nuestras interacciones son digitales, a través de Zoom y otras plataformas.

-¿Dónde concentra sus preocupaciones sobre nuestra salud psicológica durante el desarrollo de la cuarentena y el avance del Covid-19?

-Hmm. [Piensa unos segundos] Empezaría por recordar que hay estudios que muestran que dos tercios de las personas suelen ser resilientes, pero que el tercio restante no lo es. Así que me preocupa ese tercio que no la está pasando bien, que se siente muy ansioso y que, aunque se llegue a una vacuna, seguirán con problemas, lo mismo que aquellos que ahora se están divorciando como resultado de las fricciones que afrontaron en sus hogares durante la cuarentena, o quienes padecieron episodios de violencia doméstica por parte de sus parejas o de sus padres. Dicho eso, vuelvo al punto de inicio: dos tercios parecen ajustarse bastante bien a los desafíos de la pandemia, en línea con el fenómeno que he investigado durante años y que llamamos "adaptación hedonista".

-¿Qué significa ese concepto, en términos simples?

-Que los humanos son muy buenos para adaptarse a los cambios en sus vidas. De hecho, muchos dicen que el mundo no será el mismo tras esta pandemia global, que nunca volveremos a darnos la mano o que nuestros lugares de trabajo cambiarán por completo, y yo no creo eso. Salvo que la economía mundial colapse, puedo apostarlo. Creo que sólo permanecerán los cambios que sean estructurales. Por ejemplo, si una empresa se ha reconvertido a la dinámica del trabajo remoto de manera estructural, esa reconversión sí perdurará tras la pandemia. O ciertos hábitos, si los hemos internalizado, como lavarnos las manos cada vez que llegamos a casa. Eso podría sostenerse por el resto de nuestras vidas. Pero todo lo demás creo que volverá a como era antes.

-Usted también suele referirse al concepto de "intervenciones de felicidad".

-[Interrumpe] Es otro de mis focos de interés desde hace veinte años, sí. Básicamente, son experimentos con los que buscamos determinar si ciertas conductas o estrategias pueden hacer más felices a las personas o sentirse más conectadas con quienes los rodean. Los dos abordajes en los que más nos enfocamos son expresar la gratitud de distintas maneras y en practicar distintos actos de amabilidad hacia terceros. Esas prácticas, entre otras, son tan relevantes durante la pandemia como lo eran antes y lo seguirán siendo después, en cualquier circunstancia estresante o adversa. Y hay varias estrategias que las personas pueden adoptar en estos tiempos difíciles.

-¿Por ejemplo?

-Le voy a mandar dos links en los que abordo múltiples sugerencias [esa misma tarde mandó un e-mail con los links https://blog.recordunion.com/the-wellness-starter-pack/10-positivity-boosting-tips-for-musicians yhttps://www.psychologytoday.com/us/blog/how-happiness/202003/how-hold-happiness-when-your-world-collapses ]. Son estrategias válidas incluso durante la cuarentena, que incluyen desde llevar un conteo escrito de las cosas positivas que nos pasan, invertir en nuestras relaciones, desarrollar un hobby, ejercitarse, sonreír, meditar.

-Ah, comprendo. En esa línea, usted aludió a la "felicidad pandémica" en un podcast de mayo pasado [https://evidencebasedwisdom.com/2020/05/12/on-wisdom-podcast-episode-28-pandemic-happiness-with-sonja-lyubomirsky]. ¿Cómo es eso? ¿Puede explayarlo?

-Es muy interesante. Lo que hemos detectado durante la pandemia es que aumentaron los divorcios, pero también los casamientos. Todavía debemos investigar más para determinar qué subyace debajo de ese dato, pero podría explicarse en base a lo que algunos llaman "relaciones turbo". De hecho, conozco unas cuantas parejas que están en eso. Son personas que acaso se conocieron cuando comenzó la pandemia y decidieron convivir durante la cuarentena, acelerando sus tiempos habituales para tomar esa decisión. Son como relaciones ultra aceleradas por las circunstancias, como ocurre también con parejas de estudiantes que van a distintas universidades en distintas ciudades y ahora decidieron convivir, o incluso casarse, mientras las clases y trabajos son virtuales, por lo que da igual dónde se encuentran. Veremos qué ocurrirá con esas relaciones cuando concluya la pandemia, cuáles sobrevivirán y cuáles serán como "Oh, wow, eso fue.".

-Como los casamientos de fines de semana en Las Vegas, digamos.

-[Risas] ¡Exacto! ¡Locura de la pandemia! Dicho eso, también detectamos otros fenómenos sociales durante la cuarentena. Desde las lógicas fricciones que se producen entre quienes conviven en un mismo espacio físico, lo que no es sorprendente, hasta quienes afirman que jamás han sido tan felices como ahora, durante la cuarentena. Sea porque pasan más tiempo con su pareja y sus hijos o porque tenían hijos ya grandes, que se habían ido a otras ciudades a estudiar y volvieron a casa durante la cuarentena. ¡Es mi caso! Dos de mis cuatro hijos ya estaban en la universidad y ahora volvieron. Entonces hay personas que consideran que estos tiempos son maravillosos, mientras que hay otros que perdieron sus empleos y ahora se angustian por sostener su nivel de vida. Así que, como es obvio, hay toda una variedad de reacciones muy distintas ante el impacto de la pandemia.

-Conozco muchas personas que, en efecto, durante estos meses de cuarentena han pasado más tiempo con sus hijos y sus parejas que durante la última década. Y se sienten muy felices, aunque no pueden decirlo públicamente por respeto a quienes la están pasando realmente muy mal.

-En efecto, hay personas que están mejor ahora. ¿Más ejemplos? Los introvertidos, que ahora no tienen que ir a la oficina y conversar con sus colegas de trabajo, al igual que aquellos que no se llevan bien con su jefe o con algún colega y ahora pueden trabajar desde sus casas sin tener que lidiar con ellos.

-La invito a dar otro paso. ¿hay algo de todo este sacudón planetario esto que vivimos hace meses que alimente sus esperanzas hacia el futuro?

-¡Seguro! Las personas están hablando sobre conexión mucho más que nunca antes porque ahora que estamos perdiendo nuestras interacciones sociales, nos damos cuenta cuán importantes son. Así que vemos a las personas restableciendo vínculos con viejos amigos, muchos que arman reuniones por Zoom para mantener "Happy Hours" a la distancia, incluso con viejos amigos de la secundaria. Confiamos en que algunas de esas reconexiones se mantendrán, que realmente absorbamos cuán importantes nos resultan esas conexiones sociales para nuestra felicidad y que las mantengamos cuando termine la cuarentena. También estamos viendo signos notables de amabilidad y apoyo solidario, personas ayudándose entre sí, ayudando a sus vecinos, lo cual no solo incrementa los niveles de felicidad de quien ayuda, sino que contribuye a los lazos comunitarios. Y, por supuesto, en términos de relaciones de pareja, también vemos algunos datos positivos.

-Basada en lo que ha ocurrido durante la cuarentena, ¿qué evalúa investigar?

-Qué promueve la conexión entre las personas. En otras palabras, qué lleva a que sintamos que estamos realmente conectados con ciertas personas, que hay algo allí que fluye, y sintamos que esa otra persona nos entiende, mientras que esa conexión no nos ocurre con otros. ¿Por qué pasa eso? ¿Cómo podemos promover esa conexión, en particular ese tipo de lazos que son los que hacen que la vida valga la pena ser vivida? ¿Qué lleva a las personas a iniciar conversaciones con algunas personas y no con otras? ¿Cuáles son las posibilidades de que ocurra esa conexión profunda en los encuentros digitales en comparación a los encuentros cara a cara? ¿Pueden ciertas drogas, como las psicodélicas, incrementar esa conexión? De hecho, ya estamos desarrollando esa investigación con apoyo de la psicofarmacología, para tratar de extraer algunos mecanismos clave para esa conexión.

-¿Hay alguna pregunta que no le haya planteado y quiera abordar?

-[Risas] ¡No lo creo! ¡Estuvo muy bien!

De Moscú a Santa Mónica

Nacida en 1966, en Moscú, emigró a Estados Unidos, donde se graduó con honores en Psicología por la Universidad de Harvard y luego se doctoró en Psicología Social en la Universidad de Stanford

Profesora en la Universidad de California desde 1994, acumula una larga enumeración de becas, reconocimientos y premios, además de ser incluida en varios listados de los cincuenta científicos más relevantes del mundo

Autora de numerosos artículos académicos e investigaciones científicas, también escribió libros de difusión como La ciencia de la felicidad y El mito de la felicidad, bestsellers que se publicaron en 28 países

Recomendación para aprovechar el tiempo

-Dado que millones de argentinos están forzados a permanecer en sus casas desde por la cuarentena, ¿qué libros, películas, series de televisión o música les recomendaría leer, mirar o escuchar para distraerse o, acaso, "aprovechar" este tiempo? ¿Qué hace usted en su tiempo libre?

-[Risas] ¡Oh! ¡Qué pregunta interesante! Desde que comenzó la pandemia y nuestros chicos volvieron a casa de sus universidades, establecimos la "Noche de Película Familiar", en la que un miembro rotativo de la familia escoge una película cada miércoles para verla en familia con la condición de que el resto debe verla. Resultó muy bien. Hubo algunas películas que realmente odié, aunque fue interesante obligarme a verlas porque llevó a exponerme a vivencias, por fuera de mi zona de confort, que de otro modo no me hubiera expuesto. La última la escogió mi hija adolescente, protagonizada por una "estrella" de YouTube. Muy mala, pero al mismo tiempo cómica de tan ridícula que era [risas]. La última que yo escogí fue La noche de las nerds, es realmente muy buena, mientras que mi hijo suele escoger películas extranjeras, muy oscuras. la última fue una somalí, en francés. Y en cuanto a series de televisión, Better things, que está muy bien, y The Americans, que es probablemente mi serie favorita de todos los tiempos. ¡Es impresionante!

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