Las fuerzas británicas, las últimas en asaltar el Capitolio en 1814
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Piedras, disparos, violencia. Una muchedumbre ataca el Capitolio marcando una tarde inolvidable en la memoria de los estadounidenses. Sin embargo, es un déjà vu. Es que no es la primera vez que el Congreso de los Estados Unidos corre peligro.
No solo el Congreso ardió en llamas ese 24 de agosto de 1814, también lo hizo la Casa Blanca. La Quema de Washington, como se conoce a este hito en la historia de Estados Unidos, fue un ataque inglés en el marco de la guerra anglo-estadounidense que ocurrió entre 1812 y 1815.
Una tropa británica invadió la ciudad de Washington, dirigida por el mayor general Robert Ross, luego de haber vencido en la batalla de Bladensburg. Historiadores aseguran que la ocupación duró 26 horas. El ataque a la ciudad fue la represalia del ejército inglés por los daños cometidos por los combatientes estadounidenses en mayo, en Port Dover, Canadá.
Para cuando los soldados entraron a la Casa del Presidente - como se llamaba antiguamente a la Casa Blanca-, el presidente al mando, James Madison, había escapado de la ciudad tiempo antes, junto con su gobierno y los oficiales militares.
El Capitolio pudo escapar de las llamas, salvándose de una destrucción total, gracias a lluvias torrenciales que ocurrieron un día después del incidente. El incendio convirtió en ruinas al recinto del Senado, ya que el piso estaba fabricado en su totalidad por madera, sumado a la colección de libros y manuscritos de la Biblioteca del Congreso, que terminó degradada en cenizas.
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