
Cubas asumió y auguró tiempos difíciles
El nuevo mandatario pidió 5 años para ordenar el país; los oviedistas festejaron la salida de Wasmosy
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ASUNCION.- En un acto solemne, el ingeniero Raúl Cubas Grau juró ayer como el 44º presidente del Paraguay y tomó las riendas de un país ansioso por salir de una de sus peores crisis económicas y expectante sobre el futuro inmediato del ex general golpista, Lino Oviedo.
Ataviados con sus típicos sombreros y pañuelos colorados, sus partidarios siguieron todas las ceremonias del traspaso de mando, mantuvieron una guardia a la salida de la Primera División de Infantería -donde Oviedo está preso, y de donde debería ser trasladado de un momento a otro-, y hasta provocaron algunos incidentes.
Uno de ellos tuvo como protagonista a Juan Bautista Wasmosy, hermano del presidente saliente (Juan Carlos), cuando, al ingresar en el edificio del Banco Central -donde se llevó a cabo el acto principal- fue agredido por algunos de los manifestantes. La intervención de policías montados a caballo impidió que la cosa pasara a mayores.
Al grito de "¡Lino-ó!" y con carteles que rezaban "Wasmosy, corrupto, gracias por irte" y "Libertad a Oviedo", sus simpatizantes no se privaron sin embargo de quemar un muñeco alegórico a Wasmosy. Y cuando la explosión de salvas marcó que el nuevo presidente oviedista había recibido la investidura presidencial, empezaron a festejar.
Wasmosy, sombrío
Tal como estipulaba el programa oficial, Cubas Grau -electo el 10 de mayo último tras convertirse en el candidato del Partido Colorado luego de la inhabilitación de Oviedo-, no recibió la banda y el bastón de mando presidenciales de manos de su antecesor, Wasmosy, sino del titular del Parlamento, Luis González Macchi.
Con anterioridad -y ante la presencia de siete presidentes latinoamericanos, el príncipe Felipe de Borbón y el titular de la Organización de Estados Americanos (OEA), César Gaviria-, un Wasmosy sombrío leyó un breve discurso en el que agradeció a Dios el poder ser protagonista de "un día histórico" -por primera vez en 66 años un civil entregó el poder a otro civil-, recordó sus "trabajosos" cinco años en el cargo y lamentó "no haber podido cumplir con mi programa de gobierno".
Al no mencionar el nombre de Cubas, quedó doblemente en evidencia su manifiesta enemistad con el flamante presidente paraguayo.
Tras entregar los símbolos del poder, Wasmosy se convirtió automáticamente en senador vitalicio, cargo gracias al cual adquirió una inmunidad parlamentaria.
Esta le servirá de escudo contra varias denuncias por corrupción hechas por sectores oviedistas, que no ocultan su deseo de "vendetta" y su intención de mandarlo a la cárcel.
Cubas Grau, nervioso
Acto seguido, un Cubas Grau de aspecto nervioso y casi asustado prestó juramento, en compañía de su esposa, Mirta Gusinky, vestida para la nunca soñada ocasión con un elegante tallieur negro, con un ribete rosa viejo en el cuello y puños.
En su primer mensaje al país -que duró poco más de diez minutos- el flamante presidente paraguayo esbozó con humildad sus planes de gobierno y dijo que su objetivo principal será "el mejoramiento de la calidad de vida" de los paraguayos.
Luego de reconocer que el país se encuentra en una delicada situación económica y social, por lo que en su gestión priorizará el saneamiento del sistema financiero, la reestructuración de la banca pública y la reforma del Estado, entre otras cosas, Cubas Grau, con voz grave, sentenció: "Nos esperan tiempos difíciles".
Además, prometió combatir la pobreza, la corrupción, la delincuencia y la impunidad, como también recuperar la credibilidad internacional.
"Me comprometo a dejar en cinco años un país más ordenado y menos plagado de desigualdades", concluyó.
La fiesta cívica continuó después con un Tedéum en la catedral de Asunción, con el que además se celebró el Día de la Virgen de Asunción y el 461 aniversario de la fundación de la capital paraguaya.
En su homilía, el habitualmente crítico arzobispo de la ciudad, monseñor Felipe Benítez, manifestó la necesidad de superar los conflictos, asesinatos, inseguridad, impunidad y pobreza que engendran la crisis económica y financiera "que desgarra al país".
Poco después, decenas de oviedistas festejaron frente al Palacio de López -la sede del gobierno donde Cubas Grau fue saludado por las delegaciones extranjeras-, y unos mil fueron concentrándose frente al cuartel de la Primera División de Infantería.
Allí, hasta el cierre de esta edición, seguía recluido el ex militar.
Con termo y chipá
En un escenario al mejor estilo García Márquez, familias enteras aguardaban, termo y chipá en mano, la salida de prisión de su encarcelado líder.
Allí, sin faltar el marketing oviedista -sombreros, remeras, calcomanías y gorros con la imagen del ex general, por unos pocos guaraníes-, se hizo presente a media tarde doña Raquel Marín de Oviedo.
La carismática esposa del general pidió cordura y tranquilidad a su gente, aseguró que el caudillo populista iba a estar en libertad "en cuestión de horas" y aseguró que éste luchará por la presidencia en el 2003, aplicando el mismo sistema de siempre: "Visitando barrio por barrio y casa por casa".
"Estoy esperando la salida de mi líder, y si es necesario, me quedaré toda la noche", explicó Ciro Fernández, uno de los tantos paraguayos presentes venido especialmente desde Encarnación.
Con su cabeza cubierta por un pañuelo rojo y la misma ilusión de que Oviedo apareciera, Deolinda Delgado de Pintos, una humilde mujer de 54 años, se unió al coro y exclamó: "Queremos que salga, es la única esperanza de todo el pueblo paraguayo".


