
Desde Chicago, un grito hacia el mundo
Unas 250.000 personas celebraron la victoria en el parque Grant, en la cuna política de Obama; hubo festejos en todo el país
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CHICAGO.- El grito estaba contenido, desde hacía días, semanas, generaciones. Y estalló alrededor de las 10 de la noche de anteayer.
Chicago fue el epicentro. Pero el atronador sonido se extendió al resto del país, a Harlem y Atlanta, a San Francisco y Washington.
El clamor fue rezo, llanto, risa, grito y explotó cuando, por las pantallas gigantes del parque Grant, las cadenas de TV anunciaron: "Barack Obama será el próximo presidente de los Estados Unidos".
En el parque, en ese momento, unas 250.000 personas participaban de la fiesta organizada por la campaña del senador demócrata. Por orgullo y fervor, las estrellas fueron los afronorteamericanos. Exultantes, coparon las veredas, saltaron en sus autos descapotables y bailaron en las calles. Para ellos, el lema que representaba el cambio de Obama ya no era más "Sí, se puede". Anteanoche, como jamás antes lo había sido, el lema era "Sí, lo hicimos". Y eso gritaron y cantaron hasta la afonía y el agotamiento.
Ya habían dejado atrás el tiempo en que los negros eran considerados una propiedad; los años de linchamientos, persecución y segregación pública; la sangre derramada en la lucha por los derechos civiles; los recelos tácitos de quienes no aceptaron nunca la integración.
En las urnas, Obama ganó gracias a los votos de negros, blancos, hispanos. En las calles, esa misma coalición multirracial festejó con el ahora presidente electo. Los negros celebraron con los blancos, hispanos, árabes, asiáticos. Los jóvenes, con los viejos. Los padres, con sus hijos. Hubo abrazos entre desconocidos y llantos desconsolados. Hubo euforia.
Anteanoche, ayer, en Chicago y Nueva York, en Miami y Boston, los norteamericanos estaban contentos de ser norteamericanos.
"Finalmente amanece en Estados Unidos. Se nos abre un nuevo mundo. No puedo dejar de sonreír, no me había sentido tan intensamente norteamericana desde los años de Bobby Kennedy", dijo a LA NACION Sandra Dennison, una maestra de 60 años.
Parada sola frente al parque, Dennison lagrimeaba y sonreía; todo a la vez y sin pausa. No podía dejar de observar a la gente. A su alrededor, había euforia, espontaneidad y orgullosos mensajes para el resto del mundo, usualmente suspicaz con Estados Unidos.
"¡Contáselo al mundo: mi presidente es negro! ¡Obama para toda la vida!", gritó a LA NACION Dolapo Oludoja, un taxista que había detenido su auto en medio de la central avenida Michigan para festejar. Delante de él, un colega suyo corría alrededor de su propio taxi, gritando, saltando y con una banderita norteamericana en la mano.
El fin de las dudas
Entre esa masiva exaltación, hubo un único rostro impasible, el de Obama. El senador entró en el estadio instalado en el parque Grant a las 23.30 (hora local) como presidente electo. Lo acompañaban, con una tenue sonrisa, Michelle, Malia y Sasha Obama. "Si hay alguno allá afuera que todavía tenía dudas de que Estados Unidos es un lugar donde todas los cosas son posibles, esta noche es su respuesta", dijo el próximo presidente, al iniciar su discurso.
Convencida de esa máxima, Lea Gregory, una empresaria que vive en el mismo barrio que los Obama, escuchaba el discurso, desde la calle.
"Mi madre, antes de morir, me decía que no era posible; pero yo siempre supe que este día iba a llegar porque él [Obama] caminó sobre los hombros del reverendo [Martin Luther] King, de Jesse Jackson. Esto es sobrecogedor", dijo a LA NACION Gregory.
La empresaria asentía y lloraba cuando Obama hablaba. Para ella, el presidente electo ayudará a superar a Estados Unidos el "sutil racismo de hoy".
"Más que todo ese racismo es una presunción. Todavía hay tanta gente que cree que nosotros no somos igual de educados o sofisticados que los blancos", añadió Gregory.
Media hora después de que Obama terminara su discurso, las calles del centro de Chicago todavía tronaban; parecían la avenida 9 de Julio cuando la selección argentina de fútbol gana un campeonato mundial.
Menos poblados que el parque Grant, Hollywood y Times Square, en Nueva York, también fueron escenario de celebraciones. En Washington, 2000 jóvenes festejaron frente a la Casa Blanca el fin de la administración de George W. Bush y de ocho años de reinado político conservador.
En Atlanta, cientos de personas se congregaron en la iglesia de Martin Luther King para rezar, llorar y festejar cuando el clamor que venía de Chicago los invadió.
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