
Desesperado e ingenioso intento de huir de Cuba
Once cubanos trataron de escapar, sin éxito, en un auto bote
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MIAMI.- Dos cubanos que hace seis meses captaron la atención internacional al intentar infructuosamente llegar a la costa de Estados Unidos en un viejo camión Chevrolet adaptado para navegar, decidieron repetir la aventura, esta vez a bordo de un auto Buick verde modelo 1959. Pero tampoco ahora alcanzaron el ansiado suelo norteamericano.
Según informaron activistas del exilio en Cuba, el original vehículo fue interceptado anteayer en las aguas del estrecho de Florida por la guardia costera norteamericana, que hundió la embarcación y comenzó a repatriar a sus ocupantes.
Los dos cubanos, Marcial Basanta López y Luis Grass Rodríguez, estuvieron acompañados esta vez por sus esposas y sus tres hijos, además de otro matrimonio con dos niños.
Familiares desde La Habana contaron que los viajeros decidieron repetir el intento porque estaban "desesperados" por salir de la isla.
"Son muy valientes. Cuando uno está muy seguro de lo que quiere, no puede tener miedo", dijo Valentina Grass, hermana de Grass Rodríguez.
"Mi primo no está loco, quiere ser libre", señaló por su parte Kiriat López, familiar de Basanta López.
Los tripulantes habían partido el lunes por la noche de la playa de Guanabo, en la costa cubana, luego de manejar hasta allí el Buick.
Basanta López y Grass Rodríguez ya habían sido interceptados por la guardia de Estados Unidos en julio pasado cuando junto con otras diez personas intentaban llegar a suelo norteamericano a bordo de un camión balsa modelo 1951. En esa ocasión, una hélice había sido adaptada al motor del vehículo, que logró desplazarse a una velocidad de 12 kilómetros por hora.
También entonces, la embarcación fue hundida por las autoridades estadounidenses y los viajeros fueron devueltos a Cuba.
Ingreso legal
Desde ese primer intento fallido, los tripulantes del Chevrolet habían tratado sin éxito de conseguir visados para ingresar legalmente en Estados Unidos. Pero sólo Grass Rodríguez consiguió que la Oficina de Intereses de Estados Unidos considerase su petición. De todas formas, Grass decidió escapar de la isla porque, según su sobrino, Eduardo Pérez, "estaba desesperado, no quería vivir en Cuba y temía que su solicitud fuese rechazada".
"Mi tío es valiente, no es un irresponsable. No hay peligro con los niños. El auto es muy seguro", había dicho.
El joven explicó que el plan de escape se mantuvo en absoluto secreto en los días previos a la partida, mientras se adaptaba el auto al que, entre otras cosas, se le añadió una proa. "Se hizo un buen trabajo de adaptación, se mantuvo el motor original con toda la mecánica y las puertas se sellaron herméticamente."
Con esa embarcación, los once cubanos recorrieron los casi 150 kilómetros que separan la costa de Cuba de los cayos de Florida.
Aunque las autoridades norteamericanas rehusaron informar acerca de la situación de los viajeros, Arturo Cobo, un activista en favor de los balseros cubanos de la ciudad de Cayo Hueso, en el sur de Florida, señaló que la embarcación había sido interceptada a sólo 16 kilómetros de la costa de Estados Unidos, que había sido hundida y que sus tripulantes habían comenzado a ser repatriados.
Las organizaciones de exiliados en Miami pidieron insistentemente a las autoridades norteamericanas que no hundiesen el vehículo flotante y que permitiesen a los tripulantes llegar a tierra. "El automóvil es, de por sí, un símbolo de la tragedia del pueblo de Cuba por escapar de la opresión", dijo Ramón Saúl Sánchez, presidente de Movimiento Democracia.
Según la legislación norteamericana, los cubanos que son interceptados en el mar suelen ser repatriados, mientras que aquellos que llegan al suelo estadounidense pueden recibir la residencia permanente, amparados por una norma de la década de los 60 para proteger a refugiados políticos.
La Habana ha protestado reiteradamente contra esta jurisprudencia pues sostiene que presiona y fomenta las peligrosas salidas ilegales de la isla.
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