
Dos horas o dos años, la duración de los cónclaves
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El proceso de elección del heredero del trono de San Pedro tiene reglas centenarias muy claras (aislamiento de los cardenales electores; mayoría de dos tercios; fumata blanca y fumata negra...), pero nada dice la Constitución Apostólica sobre la duración de un cónclave. Si miramos el pasado y observamos la historia de los cónclaves, vemos que, para llegar a un acuerdo, los cardenales electores pueden demorar desde menos de un par de horas hasta... más de dos años.
El cónclave más breve de la historia fue en 1503 y los cardenales apenas tuvieron tiempo para instalarse en la sala de votación cuando ya se estaba pronunciando el tradicional "habemus papam".
El 31 de octubre de ese año fue proclamado papa Julio II y su elección fue poco más que un trámite. Cuenta la historia que, gracias al ofrecimiento de cargos eclesiásticos y a la simonía, es decir, la compra y venta de bienes espirituales y temporales, el papable italiano Giuliano della Rovere sobornó a los electores que, unánimemente, lo entronizaron.
Sobrino del papa Sixto IV (1471-1484), Della Rovere tuvo un ascenso fulgurante en la jerarquía eclesiástica gracias a su habilidad política. Cuando fue designado papa, eligió como nombre Julio II en homenaje al romano Julio César.
Contrariamente a lo ocurrido en 1503, el cónclave iniciado en 1268 entró en la historia por ser el más largo de todos los tiempos: duró dos años, nueve meses y dos días.
Unas semanas después de la muerte de Clemente IV, en noviembre de 1268, los cardenales reunidos en un palacio de la ciudad de Viterbo, al norte de Roma, tuvieron muchas dificultades para llegar a un acuerdo que permitiera designar a un sucesor.
Al cabo de un año con el trono de San Pedro vacante, el señor de Viterbo, Alberto de Montebono, hizo cerrar herméticamente el palacio papal con los cardenales adentro, y les arrojaba comida y bebida bien racionadas a través de una abertura en el techo.
Después de varios meses, exasperadas, las autoridades locales de Viterbo le quitaron el techo al palacio donde estaban sesionando y amenazaron a los electores con no enviar más comida. Finalmente, en 1271, designaron a Gregorio X.
El nuevo papa buscó evitar una repetición del incidente y determinó, en 1274, que los electores deben ser encerrados hasta que decidan la elección.
En su Constitución "Ubi Periculum", se utiliza por primera vez la palabra cónclave en relación con la elección de un papa. Las reglas de esta Constitución eran severas, imponiendo hasta una dieta restringida a los cardenales si no elegían un sucesor con prontitud. Algunas de estas regulaciones cambiaron, pero el concepto del cónclave prevaleció hasta nuestros días.


