Anatolii Doroshenko es investigador del Instituto para los Problemas de Seguridad de las Centrales Nucleares; esta es su historia
5 minutos de lectura'

El reactor cuatro de la Planta Nuclear de Chernóbil quedó completamente destruido con la fatal explosión del 26 de abril de 1986. Pero a unos diez metros de profundidad aún están los centros de control y monitoreo, que sobrevivieron al desastre. “Es como un gran laberinto bajo el reactor”, le dice a la BBC Anatolii Doroshenko, de 38 años e investigador del Instituto para los Problemas de Seguridad de las Centrales Nucleares (ISPNPP).
Su trabajo incluye recorrer ese laberinto al menos una vez al mes, una misión que según la revista New Scientist “puede considerarse el trabajo más peligroso del mundo”. En esa red de salas y corredores subterráneos todo está con

Ahí, Doroshenko se encarga de revisar los equipos, recolectar datos, instalar medidores, tomar muestras y monitorear el estado del combustible nuclear. En algunas salas, la radiación es tan alta que debe completar estas tareas en menos de cuatro minutos y salir de inmediato. En otras, los niveles de radiación no son aptos ni siquiera para detenerse ahí. Su labor es clave para asegurar que las condiciones del reactor se mantengan estables.
Doroshenko reconoce que su trabajo produce miedo, pero él lo usa como su aliado. “El miedo te ayuda a mantener el control y seguir las indicaciones para asegurar bajas dosis de radiación”, dice. “Aquí el mayor riesgo es acostumbrarte a las condiciones del lugar. Si te acostumbrás al miedo, comenzás a ignorar que estás rodeado de radiación. Cualquier cosa, un guante, una pieza de metal, puede estar contaminada, aunque no lo notes”.

Bajo las ruinas
Los laberintos que recorre Doroshenko son las instalaciones desde las que se operaba la planta de Chernóbil. Es un lugar oscuro. Algunos corredores tienen iluminación, pero Doroshenko y sus colegas siempre llevan linternas. Algunos pasajes son tan estrechos que deben caminar agachados.
Todas las salas y corredores están señalizados, pero hay que conocer bien el camino para no perderse entre los pasadizos. También tienen mapas de contaminación que indican cuáles son las áreas con mayor radiactividad. “Aquí todos los científicos sabemos dónde podemos trabajar y dónde no”, dice Doroshenko.

El lugar está lleno de tubos con agua radioactiva y peligrosas formaciones de corio, una sustancia que se produjo cuando, por las temperaturas de miles de grados Celsius, el combustible nuclear se mezcló con las estructuras del núcleo del reactor. Como si fuera lava, esa sustancia se filtró entre las ruinas, formando figuras peculiares. A una de las más “famosas” se la conoce como “la pata de elefante”.

Rincones inalcanzables
En la unidad cuatro quedan unas 200 toneladas de combustible nuclear, según el Organismo Internacional de Energía Atómica. Se prevé que recuperar este material altamente radioactivo tome unos 40 años.
Todo está cubierto por un sarcófago, y este, a su vez, rodeado del Nuevo Confinamiento Seguro, un domo de acero más alto que la Estatua de la Libertad, diseñado para sellar herméticamente durante 100 años el reactor 4 y proteger al mundo de la radiación de Chernóbil. Mucho de ese combustible nuclear está en rincones inalcanzables para Doroshenko y sus colegas.

Tras la explosión de 1986, la unidad cuatro fue recubierta con grandes cantidades de hormigón para detener la filtración de radiación. “Si pudiéramos tomar muestras del reactor destruido, podríamos determinar con precisión su nivel de riesgo nuclear”, explica Doroshenko. “Pero está bajo una enorme capa de hormigón y el acceso humano es imposible. Por eso realizamos mediciones, para comprender qué procesos ocurren en el combustible nuclear”.

“Casi eufórico”
Para bajar al laberinto, Doroshenko utiliza varias capas de indumentaria protectora, incluyendo cubremangas, cubrezapatos y un respirador FFP2 con válvula. En algunas zonas más estrechas donde deben abrirse paso entre los escombros, añaden un atuendo especial de polietileno.
Al salir, debe pasar por varios puntos de control y una “zona sucia” donde se quita la ropa, que pasa a ser descontaminada o directamente destruida si no se le puede remover la radiación. Luego, viene una ducha obligatoria y una estación de dosimetría para confirmar que no tenga partículas radiactivas en su cuerpo.

A Doroshenko le gusta su trabajo. Dice que visitar la unidad cuatro lo lleva a un estado “casi eufórico”, una emoción que cree que se puede comparar con la de escalar el Everest. Pero, aun así, insiste en que la clave es mantener el control. “Lo principal es no entrar en pánico; el pánico te lleva a cometer errores”.

“Este lugar está lleno de mitos y a menudo se le demoniza, pero no es tan aterrador como muchos intentan presentarlo. Cuando estás ahí, te das cuenta de que es una estructura creada por el ser humano. Comprendés que este espacio requiere vigilancia y supervisión constantes. Si personas como nosotros dejamos de bajar, ahí se iniciará un proceso incontrolado, y eso es peligroso”, asegura.

Contra el olvido
Una vez al año, Doroshenko se somete a exámenes médicos obligatorios y en sus vacaciones trata de ir siempre al mar. “Seguiré bajando a los laberintos del reactor mientras pueda”, dice. “No me puse un límite. Si viera una generación que pudiera reemplazarme, ya estaría pensando en jubilarme. Pero por ahora, no pienso en eso”.
Para él, lo más importante es que la gente tenga presente los retos que enfrenta Chernóbil: contener la radiación de los residuos de combustible nuclear y mantener el control de las instalaciones. “Es un trabajo duro”, dice. “Chernóbil no debe ser olvidado”.
*Por Carlos Serrano y Diana Kuryshko
Otras noticias de Historias para conocer
Ícono retro. Fue la mujer más deseada del mundo, en la Argentina su nombre es sinónimo de seducción y ahora no le alcanza para vivir
“Son el Yin y el Yang". La travesía del biólogo que recorre el mundo hace 12 años con sus perras rescatadas
“¡Qué mágico!” Descubrieron un antiguo bar abandonado en venta y decidieron abrir un “neo bodegón” que los llenó de sorpresas
1La princesa Leonor, heredera al trono de España, estudiará Ciencia Política en Madrid
2El Parlamento británico estrecha el cerco sobre Starmer por el caso Epstein: votará si abre una investigación
3Cómo se vivió el tiroteo en la cena de Trump con los periodistas
- 4
Carlos III y Camilla llegaron a Washington para una visita que busca limar asperezas entre EE.UU. y Gran Bretaña







