El cónclave, una tradición que se adaptó a los tiempos
Pasó de un encierro forzado y sin normas a otro reglamentado y en lugares mejor acondicionados
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ROMA.- El cónclave que empieza hoy será recordado como el de Twitter y el de las redes sociales : entre los 115 cardenales electores hay varios tuiteros, purpurados incluso con perfiles en Facebook, que seguramente extrañarán sus tabletasy su conexión al ciberespacio durante su reclusión para el cónclave que elegirá al sucesor de Benedicto XVI.
Pero ¿cómo es la historia de este proceso que tiene sus propias épica y estética? La palabra cónclave viene del latín cum clave (con llave), que significa un lugar en el cual los participantes de una asamblea están debidamente encerrados.
La primera vez que se usó este término para una elección papal fue en un decreto del papa Gregorio X, en julio de 1274, que reglamentó el procedimiento. Para entender su origen, sin embargo, hay que ir más hacia atrás en la historia y ver qué pasó después de la muerte de Clemente IV, el 29 de noviembre de 1268, en Viterbo, pequeña localidad 75 kilómetros al norte de Roma.
Los cardenales se reunieron allí para elegir a su sucesor, pero comenzaron a pasar las semanas, incluso los años, sin que llegaran a un acuerdo. Los ciudadanos de Viterbo resolvieron encerrar a los electores dentro del palacio hasta que cumplieran con su obligación. Tapiaron las puertas, ventanas y demás entradas, dejaron sólo un agujero para hacerles llegar la comida y les fueron reduciendo las raciones. Después de dos años, nueve meses y tres días -el cónclave más largo de la historia-, el 1° de septiembre de 1271 los cardenales nombraron a una comisión de seis purpurados, que eligió a Teobaldo Visconti. Éste no era cardenal, obispo ni sacerdote, era archidiácono de Lyon y pasó a llamarse Gregorio X.
Fue él quien, en 1274, hizo aprobar la constitución Ubi Periculum, con rígidas normas para evitar que las elecciones papales se eternizaran y con la reclusión abordada en modo orgánico.
La constitución "no chantajeaba" a los cardenales con condiciones de vida demasiado duras, sino que imponía la vida común durante los escrutinios. Y regulaba la dieta de los electores en una progresión de austeridad: a los tres días sin resultado, establecía que se les sirviera a los cardenales sólo un plato de comida por día por cinco días, para reducir finalmente todo a una dieta de pan y agua. A los electores, además, se les limitaba la posibilidad de consultar o enviar correspondencia con el exterior y se les prohibía la posibilidad de maniobras financieras privadas, según recuerda el historiador del cristianismo Alberto Melloni en su libro El cónclave, historia de la elección del papa .
El cónclave más tumultuoso fue en el siglo XIV y terminó desencadenando el Gran Cisma de Occidente. Después de un violento asalto popular al Palacio Apostólico, el 8 de abril de 1378 fue elegido papa Urbano VI. Se mostró reformador y antifrancés, por lo que a los pocos meses los cardenales declararon inválida su elección con el argumento de que la votación no había sido libre, y eligieron en su lugar a Clemente VII. Tras 40 años de cisma, con papas y antipapas, el entuerto se arregló en un tercer cónclave en 1417, con reglas específicas sólo para la ocasión, y del que salió elegido Martín V.
El cónclave más corto de los últimos 300 años duró menos de 24 horas y eligió al cardenal Eugenio Pacelli, Pío XII, en 1939.
Casi la misma rapidez tuvo la elección en 1978 de Albino Luciani, Juan Pablo I, tras un encierro de 36 horas; su pontificado duró sólo 33 días. En octubre del mismo año, su sucesor fue Juan Pablo II, el papa venido del Este. Entonces, los electores se alojaron en claustrofóbicas celdas del Palacio Apostólico, a veces compartidas, con ventanas selladas y baños comunes. Todos se habían muerto de calor, en cuartos parecidos a saunas.
Juan Pablo II quiso corregir tanta incomodidad y construyó la Domus Santa Marta, el hotel dentro del Vaticano donde los electores se alojaron en 2005 y también ahora. La casa Santa Marta fue inaugurada en 1996, poco antes de que Juan Pablo II promulgara la constitución apostólica Universi Dominici Gregis, que actualizó las normas electorales. Suprimió, por ejemplo, la elección papal por aclamación y por compromiso, que de hecho no se utilizaban desde hacía siglos.
Además, puso por escrito que el cónclave debe celebrarse en la Capilla Sixtina, donde el imponente Juicio Final de Miguel Ángel recuerda la dimensión religiosa de un acto que será juzgado por Dios. La mayoría de los cónclaves del siglo XIX se celebraron en el palacio del Quirinal -hoy sede de la presidencia de Italia y ex residencia de verano de los papas-, o en la ciudad donde había muerto el papa anterior.


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