El deterioro de la economía expone los problemas crónicos de la India

El boom de los últimos años había dejado en un segundo plano la anticuada infraestructura, un mercado laboral paralizado y una riesgosa burbuja inmobiliaria
Keith Bradsher
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9 de septiembre de 2013  

BOMBAY.- Hasta hace poco, la India parecía estar asombrosamente cerca de subirse a la misma ola de crecimiento económico que sacó de la pobreza a cientos de millones de personas en China y el sudeste de Asía.

Ahora, la economía del país es un desmadre y las perspectivas para los próximos meses son aún peores.

Vinod Vanigota, importador de discos rígidos en Bombay, dice que en las últimas dos semanas las ventas cayeron un 25%. El valor de la rupia, la moneda india, ha sido tan volátil en estos días que Vanigota revisa la cotización cada media hora. La actividad comercial de Chip Com Traders, de la que es copropietario y director ejecutivo, se ha reducido tan abruptamente que los fleteros les ruegan que les den trabajo.

El deterioro de la economía ha dejado al desnudo problemas crónicos y mayormente soslayados durante el reciente boom. Una infraestructura anticuada, un mercado laboral anquilosado y un mercado inmobiliario por las nubes, y mastodónticas empresas del Estado a las que no se les permite producir, en especial producir para exportar, para hacerse fuertes.

El gobierno ahora está preparando a la opinión pública para un marcado aumento del precio del gasoil y de otros productos importados que cotizan en dólares. El gasoil es la savia vital de la economía india: lo usan los camiones que transitan las congestionadas y ruinosas rutas del país, como también los generadores domésticos con los que la población intenta compensar el carísimo y desastroso suministro eléctrico.

Algunos economistas dicen estar confiados en que la India sufrirá sólo una caída económica en forma de V, con un rebote que se iniciaría en 2014, si una rupia barata inyecta vida a las debilitadas exportaciones. "La India no es Grecia. Nunca nos emborrachamos de deuda a gran escala", dijo Ajay Shah, economista del Instituto Nacional de Finanzas y Políticas Públicas de Nueva Delhi.

Soeb Z. Bandukwala, director ejecutivo de Ansons Electro Mechanical Works, fabricante de bombas de agua y motores, se pregunta cómo podrá la India recuperarse con los graves problemas estructurales que tiene. Bandukwala está al frente de un negocio familiar que se inició en 1967 y que creció hasta contar con cuatro fábricas. Sin embargo, no deja que ninguna supere los 50 empleados y conserva amoladoras y maquinaria que están en uso desde la década de 1970.

Su preocupación es que si supera los 50 empleados, o excede ciertos topes de inversión, quedaría sujeto a una legislación laboral mucho más exigente. "Hay temor, y el temor es a la legislación laboral", dijo Bandukwala, dirigente de la Confederación India de la Industria.

La infraestructura también es un problema. Ansons está a solo 70 kilómetros del puerto desde el cual exporta maquinaria a Europa. Sin embargo, los camiones tardan de cuatro a siete horas en llegar al puerto debido a que las tan prometidas autopistas nunca se construyeron. Con velocidades cercanas al paso de hombre, la mercadería por lo menos no sufre daños. "Si fueran más rápido, se arruinaría todo, por la cantidad de baches que hay en las rutas", dice Bandukwala.

La aguda escasez de propiedades inmobiliarias en un radio de manejo de un día de los puertos ha disparado los precios no sólo de las ventas, sino también de los alquileres. Hace cinco años, la fábrica de pantalones Challenge pagó 1,3 millones de dólares por 1800 metros cuadrados en el último de los cuatro pisos de una ruinosa fábrica en un callejón de mala muerte de las afueras de Bombay: el mes pasado, vendió la propiedad por 2,7 millones.

Los caminos y puentes para conectarse con el interior del país no son el único problema de infraestructura. Shakti Industries, que aplana y corta alambre de aluminio, paga entre unos 15 y 18 centavos de dólar por kilovatio-hora de electricidad. En China, las fábricas sólo pagarán la mitad de esa tarifa.

Shakti sólo tiene siete empleados. Sin embargo, es controlada por más de una docena de agencias gubernamentales, cada una de las cuales envía cada año un inspector antes de emitir el permiso correspondiente. Muchos de los inspectores solicitan coimas, dijo Vipul S. Kamani, director ejecutivo de Shakti.

El alto precio de la propiedad y el costo de la energía eléctrica les dejan a las empresas muy poco dinero para pagarles a los trabajadores y seguir siendo competitivas.

Arun Prajapati, trabajador migrante de 21 años de Challenge, dijo ganar alrededor de 100 dólares por mes, apenas una quinta parte de lo que ganan los operarios chinos. Prajapati paga 9 dólares por mes por el alquiler de su espacio para dormir sobre el piso de un cuarto de tres por tres que comparte con cinco trabajadores migrantes más en una villa miseria cercana. Gasta 38 dólares en una dieta de subsistencia de pan, lentejas, y una vez por semana algo de pollo o huevos.

Prajapati envía la magra suma que logra economizar cada mes a su madre viuda, que vive en su aldea natal de la India central.

"Mis gastos aumentan mes a mes y la cosa está cada vez más difícil", dice Prajapati. "Yo sólo intento sobrevivir."

Traducción de Jaime Arrambide

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