
El drástico cambio de Alan García
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LIMA (De un enviado especial).- Alan Gabriel Ludwig García Pérez, de 59 años, cambió mucho entre su primera y su segunda presidencia. El líder de la tradicional Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) llegó en 1985 al poder con 35 años y un discurso más de izquierda que socialdemócrata.
En ese momento, la Juventud Peronista empapeló Buenos Aires con carteles que decían: "Patria querida, dame un presidente como Alan García". El presidente peruano dejó de pagar la deuda externa, apoyó al campesinado y nacionalizó la banca. Terminó su gobierno en 1990 en medio de la hiperinflación, el descontrolado terrorismo de Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru y acorralado por múltiples acusaciones de corrupción.
En 1992, fue blanco de un intento de secuestro durante el autogolpe protagonizado por el entonces presidente Alberto Fujimori y buscó asilo en Colombia. Después, vivió en Francia y en 2001 regresó para competir en las elecciones, pero perdió por un margen estrecho frente a Alejandro Toledo.
Durante la campaña electoral de 2006, se enfrentó con el presidente venezolano, Hugo Chávez, y su delfín en Perú, Ollanta Humala. Así fue que la derecha terminó apoyándolo en el ballottage. "Reconozco que he cometido errores de juventud, pero he cambiado", dijo en ese momento Alan García, que hoy es considerado "un amigo" por el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush. García ahora dice que Perú va camino al "Primer Mundo" -como Carlos Menem prometió sin suerte a la Argentina- y afirma que a mediados de la década próxima su país superará a Chile.
"García tiene sus ideas y planes. Lanza planes gigantescos: anticorrupción, pena de muerte, pacto social, Ministerio de Medio Ambiente. Son globos de ensayo, y el pueblo peruano espera algo concreto de él", opina Lucien Chavin, de la revista norteamericana Time . "Desde los tiempos de Toledo, los gobiernos dicen que falla la comunicación de los éxitos. Piensan que la gente es estúpida y que no captan. Me parece una falta de respeto", advierte.
"A diferencia de Toledo, ahora tenemos un presidente activo, elocuente, con posiciones marcadas", opina Enrique Zileri, del semanario Caretas .


