
El ejército chino pierde su imperio de negocios
Deberá desprenderse de 20.000 empresas, que le permiten sumar miles de millones de dólares a su presupuesto.
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HONG KONG (The New York Times).- Es difícil gastar dinero en China sin aportar fondos para el Ejército de Liberación Popular (ELP). Tanto si uno se alberga en el lujoso Hotel Palacio de Pekín o compra bienes raíces, tanto si uno juega golf o utiliza un teléfono celular, su dinero probablemente terminará en los cofres del mayor sector militar del planeta.
El ELP progresó enormemente desde sus comienzos como una banda de campesinos revolucionarios que capturaban sus armas del enemigo y cultivaban sus propios alimentos para sobrevivir. Hoy, por medio de una red increíble de 20.000 empresas, el ELP gana miles de millones de dólares para reforzar su presupuesto.
Pero su incursión en el mundo del comercio generó corrupción y criminalidad y distrajo a los soldados de su tarea fundamental de defender a la nación. También creó una competencia injusta para otras empresas y alimentó el resentimiento entre civiles, los cuales afirman que el ELP se convirtió en una banda de mercenarios hambrientos de utilidades. De forma que, ahora, después de 13 años de construir un asombroso imperio comercial con la bendición de Pekín, el ELP fue informado de que sus días de ganar dinero terminaron.
Como parte del esfuerzo gubernamental de reformar la economía y desterrar la corrupción, el presidente Jiang Zemin ordenó a los militares que se deshagan de todos sus intereses comerciales. El gobierno procederá a operar las empresas o a venderlas, y las firmas que padezcan de una excesiva carga de deuda serán cerradas. El Estado prometió completar el presupuesto militar para compensar por lo que deje de ganar.
Sacar al ejército de los negocios en China es una medida que pondrá a prueba el poder de permanencia de Jiang, un líder en un tiempo visto como débil y transicional, que apostó todo a un legado de reforma. Jiang es el primer líder chino moderno sin antecedentes militares, y afirmar su autoridad sobre el ELP es una jugada sumamente arriesgada.
Si el plan funciona, alterará fundamentalmente la forma en que el creciente poderío militar chino se autofinancia, y podría reforzar al ELP al restaurar la disciplina y su estado de preparación militar.
Si la medida falla, sería una derrota importante para Jiang, y los militares sucumbirían a la corrupción extendida. La manera en que enfrente el ELP está transición demostrará mucho acerca de su disposición para ser una fuerza de defensa profesional que sirva al Estado y no a sí misma.
El dedo en la torta
"Va a haber un esfuerzo para quedarse con las empresas más rentables y deshacerse de las que pierden dinero. Eso es parte de la naturaleza en China: todos tratan de mantener el dedo metido en la torta", dice Tai Ming Cheung, analista del ELP y autor del libro de próxima publicación "El ejército empresarial chino". "La pregunta es: ¿tienen las autoridades suficiente personal y autoridad para hacer cumplir esta decisión? Tienden a ser muy llenos de energía durante los primeros meses y luego se les agota el vapor", dice.
Es verdad que el Estado pidió al ELP que frenara sus actividades empresariales en 1993, pero fue un llamado desoído en su mayor parte. Incluso ahora, la Comisión Estatal Económica y Comercial sólo tiene unas docenas de personas que supervisan la trasferencia de cientos de miles de empleados y miles de millones de dólares en activos. Pero la prioridad que en esta ocasión le dio el líder más alto de China significa que el éxito o fracaso de esta medida tiene un potencial tremendo en cualquier sentido.
Como señala un analista de defensa: "El compromiso es muy fuerte, cuando menos en los niveles más altos, aunque es difícil decir lo que ocurrirá en los niveles más bajos. Cuando empiece a tener impacto sobre la forma de vida de la gente, cuando los militares tengan que olvidarse de parte considerable de sus ingresos, entonces es cuando empezarán las dificultades".
Compensaciones
El éxito de Jiang dependerá en gran parte de su capacidad para compensar los ingresos perdidos que, hasta ahora, estuvieron destinados a mejorar los estándares de vida de los militares. En China, donde el financiamiento para el ejército es una fracción de lo que es en Estados Unidos, eso no será fácil.
Con tentáculos que llegan a todos los aspectos de la vida, desde estaciones eléctricas y minas de carbón, hasta camarones congelados y bares de karaoke, se calcula que el ELP obtiene tantos ingresos anualmente -unos 10 mil millones de dólares- como los que recibe oficialmente del Estado. Los negocios del ELP son responsables de 3% de la producción nacional.
Diez por ciento de la industria farmacéutica está operada por el ELP. Cuatro de las mayores fabricas de ropa y de zapatos en China son propiedad del ELP. Y otro tanto puede decirse de tres equipos profesionales de basquetbol y 1500 hoteles.
Las utilidades de estas empresas, sin embargo, engrosaron no sólo los cofres de un sector militar subfinanciado por el Estado, sino también los bolsillos de algunos oficiales y de sus familias, haciendo más que probable que los intereses creados se resistan al cambio.
Algunas unidades del ELP han sido acusados de colocar los recursos que obtienen ilegalmente en cuentas bancarias privadas, y de piratear CD y software. Otros lavan dinero, operan en el mercado negro y manejan burdeles. Tan sólo el contrabando costó al Estado unos 12.000 millones de dólares en recaudaciones perdidas, según cifras gubernamentales.
La pregunta es si Jiang, quien irritó a los militares el año último al mantener fuera del Politburó por primera vez a un general, tendrá el valor y el apoyo necesarios para lanzarse contra los oficiales de alta graduación involucrados en actividades ilegales.
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