El juicio político radicaliza a Trump y agita la estrategia de los demócratas
Presionado por el Congreso, el presidente endureció su discurso para mantener el respaldo de sus votantes; los opositores se verían afectados por el proceso
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WASHINGTON.- Cuando falta un año para las elecciones presidenciales de Estados Unidos, la carrera por la Casa Blanca quedó trastocada por el inminente juicio político a Donald Trump. Presionado por la ofensiva de la oposición, el presidente endureció su discurso, al aferrarse al manual que le dio su triunfo en 2016 apostar todo a la incólume fidelidad de sus seguidores. La interna demócrata también quedó eclipsada por la nueva puja en Washington: entre los candidatos hay seis senadores que quizá deban repartir su tiempo entre la campaña y el impeachment, justo cuando empiecen las primarias.
Luego de que los demócratas en el Congreso dieran un paso decisivo para iniciar el juicio político, al aprobar una resolución en la Cámara de Representantes que formalizó su investigación contra Trump, el tablero político comenzó a reacomodarse ante una pelea que tendrá un inevitable corolario en la campaña de 2020. Ambos bandos parecen prepararse para una áspera batalla electoral.
Como cualquier campaña de reelección, los comicios se perfilan como un referéndum sobre Trump, un presidente amado y odiado casi por igual, que quebró con los protocolos tradicionales de la presidencia, y que antes de que termine el año podría convertirse en el tercer mandatario en ser acusado por el Congreso de haber cometido un delito.
"Trump es el presidente más impopular en este período de su mandato desde Jimmy Carter, pero aun así cuenta con un nivel exorbitante de apoyo dentro de su propio partido, con una cifra que ronda el 86% de respaldo", destacó Juan Carlos Hidalgo, analista político de Washington.
"No solo eso, tiene una enorme capacidad de recaudar fondos. A la fecha, tiene más dinero que los tres primeros rivales demócratas juntos. La base republicana se muestra entusiasta, y es posible que el juicio político le sirva a Trump con su relato populista de que él se enfrenta a las elites de Washington", agregó.
Si antes del impeachment la discusión de la campaña giraba en torno a Trump y a otros temas cruciales para los votantes, como el mercado de la salud, la economía y la política exterior de Estados Unidos, tras la ofensiva de la oposición el magnate se ha encargado de ponerse en el centro de la conversación. En octubre tuiteó más que nunca: despachó más de 1000 tuits, un nuevo pico para su presidencia, incluidos retuits y mensajes borrados, según Facba.se.
Su retórica, ya de por si ácida, se ha endurecido. En uno de sus primeros mensajes del mes pasado en la red social, Trump denunció un "golpe" de los demócratas; fulminó a sus opositores, incluidos republicanos críticos y testigos de la investigación para abrir el juicio político, a los que tildó de "Never Trumper", o "Nunca Trumpista". Cada vez que pudo, denunció una "cacería de brujas" y acusó a la oposición de montar una "farsa".
Su campaña ya ha gastado más que ninguna en propaganda en internet, una herramienta que ya le dio resultados en 2016, y que ahora escaló dramáticamente desde que empezó la pelea por el impeachment: Trump lleva invertidos este año más de 25 millones de dólares en avisos en Facebook y Google. Sus ataques a los demócratas son diarios. Hasta ahora, todo lo que han hecho el presidente y su equipo ha apuntado a afianzar y movilizar a su coalición de votantes, más que a ampliarla.
Los demócratas deben elegir su candidato y el rumbo que adoptará su partido, dividido entre moderados y progresistas. En el primer campo se anotan como abanderados Joe Biden, Pete Buttigieg y las senadoras Kamala Harris y Amy Klobuchar. Los progresistas tienen a Bernie Sanders y Elizabeth Warren, para muchos, la gran favorita para quedarse con la candidatura. "Biden se muestra como la opción más segura, pero no emociona a nadie y su papel en los debates ha dejado mucho que desear. Por otro lado, Warren es la preferida de la base progresista, pero podría alienar a los votantes independientes con sus propuestas radicales", dijo Hidalgo.
Warren, Klobuchar y Harris quizá deban pasar los primeros meses del año en Washington, encerradas junto con el resto de los senadores en el Capitolio por el juicio político a Trump. Eso podría darles una inesperada ventaja a Biden y Buttigieg, el alcalde de South Bend, Indiana, y la gran sorpresa de la interna demócrata, en la crucial elección en Iowa, el estado que tradicionalmente abre la temporada de primarias presidenciales, y que en 2008 le dio un impulso decisivo a Barack Obama. En la tarde de ayer, el exsenador Beto O'Rourke abandonó la carrera.
La oposición quiere avanzar rápido con el juicio político para evitar que contamine más la campaña, y enfocarse en otros temas que interesan más a los votantes, como la salud. A sabiendas de que si acusando formalmente a Trump el Senado, donde los republicanos tienen una mínima mayoría, lo absolverá y Trump aprovechará para dar una vuelta olímpica y declarar una "exoneración total", tal como hizo cuando salió ileso del escándalo Rusiagate.
Pero más allá de las estrategias, las encuestas y las propuestas, Trump, un político divisivo que parece inmune a todo, apuesta a que la inédita bonanza económica que vive Estados Unidos siga en 2020 y lo blinde frente a quien sea su rival demócrata.
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