El médico argentino en el frente de batalla contra el coronavirus en Nueva York: "Somos todos vulnerables"

El argentino Diego Ponieam. Se mudó a Nueva York en 1995 y ahora lucha contra la pandemia del nuevo coronavirus.
El argentino Diego Ponieam. Se mudó a Nueva York en 1995 y ahora lucha contra la pandemia del nuevo coronavirus. Crédito: Gentileza : Diego Ponieman
Rafael Mathus Ruiz
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27 de marzo de 2020  • 16:48

WASHINGTON.- Hasta hace poco, Diego Ponieman, un médico clínico argentino de 55 años que vive hace 25 en Nueva York, manejaba todos los días a su consultorio, donde atendía a sus pacientes. Ahora maneja al Lehman College, en el Bronx, estaciona, y se dirige a una sala donde se cambia para vestirse como si fuera a entrar a un quirófano: se envuelve en una bata, se coloca un gorro, una máscara de plástico transparente que le cubre el rostro, y dos pares de guantes de látex. Luego sale, y pasa unas seis horas bajo una carpa, la "Zona Caliente", viendo a personas con síntomas típicos de Covid-19.

Ponieman es uno de los médicos en el frente de la batalla en Nueva York contra la pandemia del nuevo coronavirus . Convocado, como muchos otros, por el gobernador Andrew Cuomo , dejó su trabajo diario, y va donde lo necesiten. Tuvo que hacer guardia en la bolsa de valores en Wall Street, donde le tomó la temperatura a los traders , y desde hace unos días atiende a personas que creen haberse contagiado, y llegan al Lehman College, una universidad en el Bronx , donde la Guardia Nacional montó un centro donde se atiende a unas 250 personas por día que se quieren hacer el test del coronavirus. En unos días, Ponieman cree que lo enviarán a un hospital.

El médico Diego Ponieman, yendo a la "Zona Caliente" a realizar test de coronavirus.
El médico Diego Ponieman, yendo a la "Zona Caliente" a realizar test de coronavirus. Crédito: Diego Ponieman

La "Zona Caliente" donde se toman las muestra para el test de Covid-19.
La "Zona Caliente" donde se toman las muestra para el test de Covid-19. Crédito: Gentileza : Diego Ponieman

"La gente llama a un número de la ciudad, y la ciudad te da un turno. Hay centros. El nuestro es un drive through. Viene gente en el auto, baja la ventanilla, y yo le hago un hisopado, y a las 48 horas tenemos el resultado del coronavirus. Estoy vestido con todo, estamos protegidos. Tomo la muestra, y la mandamos al laboratorio", describe Ponieman en una conversación telefónica con LA NACION.

Ponieman estudió en medicina en la Universidad de Buenos Aires. En 1995, se mudó a Estado Unidos junto a su esposa, Bárbara, quien también es médica. Hizo el internado y la residencia, y comenzó a trabajar. "Siempre trabajé en hospitales, pero mi idea siempre fue hacer clínica médica. Puse mi propio consultorio", relata. Desde hace unos años, Ponieman integra SOMOS, una red de 2500 médicos de Nueva York. Ahora le tocó estar en la batalla contra la pandemia.

"La idea es que la gente se infecte de a poco, el tema es que no colapse el sistema. Es un virus nuevo. Cuando no tenés inmunidad, sos muy vulnerable. Sos muy susceptible de enfermarte. Acá toda la población mundial es vulnerable", afirma. "Somos todos vulnerables", insiste.

-¿Cómo cambió tu trabajo el coronavirus?

-A los pacientes los estamos atendiendo por cámara. Las clínicas se vaciaron. Todo ahora es telemedicina. Todo fue tan rápido que ahora los seguros nos permiten hacer eso. Vos no podés cobrar si no vemos a alguien en persona. Ahora eso cambió radicalmente. Clínicas vacías, y las consultas son en videoconferencia. Y nos cambió a nosotros como grupo. El gobernador Andrew Cuomo nos conoce, y la semana nos pidió que fuéramos a la bolsa a Wall Street. Tomamos fiebre a la gente. La ultima vez que cerraron Wall Street fue con el 11 de Septiembre por un tema de seguridad. Esta semana está cerrado. La semana pasada estuvimos ahí toda la semana los médicos de Somos para hacer guardia ahí, y seguía funcionando. Esta semana nos movieron al Bronx, al Lehman College. Cerraron el colegio, y la Guardia Nacional puso un centro con carpas, y estamos testeando pacientes.

-¿Cómo funciona eso?

-Si me llama un paciente que tiene síntomas y quiere testearse, no quiero que venga a la oficina porque puede contagiar. Mucha gente llama a un número de la ciudad, y la ciudad te da un turno. Hay centros. El nuestro es un drive through. Viene gente en el auto, baja la ventanilla, y yo le hago un hisopado, y a las 48 horas tenemos el resultado del coronavirus. Estoy vestido con todo, estamos protegidos. Tomo la muestra, y la mandamos al laboratorio.

-¿Y la ciudad cómo está?

-La ciudad quiere que la gente se quede en la casa. Y no es como en la Argentina, que es casi un estado de sitio. Acá la gente… viste que Nueva York tiene la mitad de los casos del país. Acá, primero cerraron todos los negocios. La gente no tiene donde ir. Y lo demás, si la gente sale, sale. Acá puede salir todo el mundo. No puedo jugar un picado por el social distance, pero yo puedo salir a correr solo. No hay persecución acá. Lo que quieren parar son las infecciones. Saben que la gente se va a infectar. Pero no quieren que sea todo a la vez. Quieren pararlo para que los hospitales no colapsen. Y lo segundo es que quieren que la gente se testee. Acá están haciendo 10.000 tests por día. Es una barbaridad. Eso hace que los números suban, que está bueno, porque saben dónde hay un foco. El testeo te permite ver el mapa con los hot spots.

-¿A qué personas testean?¿Qué síntomas tienen?

-Testeamos a la gente que está enferma. Pero esto es hoy. Mañana esto es tan dinámico que puede cambiar. A la gente con un resfrío, con estornudos, se le dice "quédate en tu casa". ¿Cuánto? Tres o cuatro días. Si no mejorás, tenés fiebre, o si ya no podés respirar eso es una emergencia y tenés que ir al hospital. Pero si pasaron tres o cuatro días y la persona no mejoró, y está con fiebre, lo queremos testear. Queremos ver si es positivo. Acá están haciendo mucho testing, y mucho social distance. Hoy. Porque lo que va a pasar es que los hospitales van a colapsar, eso se sabe. Ya el Hospital Elmhurst, que está acá, en Queens, ya se sabe que está… no alcanzan los respiradores. Todavía no pasa, como en Italia, que empiezan a elegir a quién tratan. Acá van a entubar a todos. En Javits están haciendo un hospital. En los dormitorios de CUNY [una universidad en Nueva York]. Yo estoy más o menos seis horas. Ayer estuve seis horas, hay dos líneas, y yo hice cinco a diez minutos por auto, hay autos que vienen con cuatro personas.

-¿Qué hacés cuando llegás?¿Cómo es el proceso?

-Estaciono, y me meto en un lugar que es como un lounge para médicos. Y después voy a un sector para cambiarme donde me asisten, como si fuera un quirófano. Después paso a la "Zona Roja", que es donde ya no tengo más acceso a nada, y trabajo. Cuando termino, paso a otro lado, y me desinfectan. Está muy bien armado.

-¿Cómo te desinfectan?

-Lo más importante es sacarse la ropa de cierta manera porque uno contagia absolutamente todo. Tenemos doble guante. Me saco un guante, de cierta manera para no tocarlo con la mano, lo saco de adentro para afuera. Me desinfectan. Hay un protocolo para sacarse la máscara y todo el PPE, el Personal Protective Equipment, que dicen que queda para una semana más. Es el gran tema.

-¿Qué crees que va a pasar?

-El epicentro va a ser acá. Hay caos. Van a empezar a entubar gente en los pasillos y las cafeterías. Ese es el miedo. Si un hospital tiene, digamos, 300 camas, tiene 30 de terapia intensiva. No hay mas porque no hace falta. Antes se decía que los hospitales eran demasiado grandes, y ahora dicen que falta capacidad por diez. Fijáte como cambió todo. Equipos hay para una semana. Creen que el pico va a ser en tres semanas. Hay dos equipos que faltan, respiradores y protección para el personal de salud. Máscaras, guantes. Escuché que Tesla va a hacer respiradores. Pero no hay mucho tiempo porque el pico va a ser en tres semanas. Con los respiradores Cuomo propone que vengan todos a Nueva York, y después los llevan a otros estados según quien necesita. Yo no quiero hablar de la palabra "colapso". Congestión.

-¿Cómo están los médicos?

-Estamos en shock. Nadie entiende nada. En dos semanas nos cambió la vida. A los pacientes, que non vienen a la oficina. A los que estamos en el estacionamiento del Lehman College. Es todo muy raro.

Diego Ponieman, junto a uno de sus pacientes.
Diego Ponieman, junto a uno de sus pacientes. Crédito: Gentileza : Diego Ponieman

-¿Y qué pasa con las personas con otros problemas?

-Ese es el asunto. Eso es terrorífico. Yo no me ocupada de las enfermedades infecciosas. ¿Y dónde están mis pacientes? Muchos están en la casa, otros van al hospital. Esa es la gran pregunta. ¿Donde está el diabético, el paciente de enfermedad crónica? Le estás diciendo que se quede en la casa. Ese es el problema. Por eso va haber congestión.

-¿Cuál es tu preocupación principal?

-Yo no me quiero enfermar. Yo me siento muy bien. Me puedo enfermar yo, puede pasar. Yo tengo tres hijos, puedo contagiar a mi familia. Estamos en una cuarentena. Yo voy a trabajar todos los días, pero hay una ansiedad normal. La única diferencia es que salgo, voy a trabajar y cuando estoy testeando estoy muy concentrado en eso, eso me ayuda. Trabajar es un buen bálsamo. Pero en los ratos libres me levanto a la noche y me pregunto qué carajo va a pasar con esto. Aparte dicen que esto va a pasar, pero seguro va haber otro brote. Esto está recién empezando.

-¿Por qué esta reacción del mundo?

-Creo que toda esta reacción tiene que ver con que no hay sistema que aguante. La idea es que la gente se infecte de a poco, el tema es que no colapse el sistema. Es un virus nuevo. Cuando vos no tenés inmunidad, sos muy vulnerable, sos muy susceptible de enfermarte. Acá toda la población mundial es vulnerable. Somos todos vulnerables. Al 85% de la población no le va a pasar nada, el 15% se va a enfermar y el 5% va a necesitar estar en el hospital. 50 millones de personas tienen la gripe en un año malo, y se pueden morir 50.000, el 0,1%. Hacé la cuenta, no hay sistema. Ese es el tema. Somos tan vulnerables porque no tenemos inmunidad. Somos muy infecciosos. Si querés comparar con la gripe, tiene el doble de infecciosidad, tiene diez veces la mortalidad, de 0,1 a uno, y no hay vacuna. Todos somos susceptibles. Nadie tiene defensas. Acá la idea es que la gente se vaya infectando, pero de a poco.

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