El mullah que puso a su país al borde del abismo

Para los afganos, Omar era "el príncipe de los creyentes", pero su relación con Ben Laden provocó su fin
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7 de diciembre de 2001  

KABUL.- El mullah Mohammed Omar, el hombre cuya palabra ha sido ley en Afganistán durante los últimos cinco años, es un personaje oscuro y enigmático, surgido del empobrecido medio rural afgano y que llegó a liderar una conflictiva nación capaz de mantener en jaque a los dirigentes más poderosos del mundo.

Jamás dio entrevistas a periodistas que no fueran musulmanes por lo que poco se sabe en Occidente de Omar, un clérigo musulmán nacido en las inmediaciones de la pequeña ciudad sureña de Kandahar hace 40 años.

Educado en la "madrassa" (escuela coránica) de Kandahar, Omar se alistó en la jihad o guerra santa contra los soviéticos en 1979. Diez años más tarde, creó un movimiento musulmán radical en el sur de Afganistán al que los refugiados educados en Paquistán se unieron rápidamente.

Su verdadero poder comenzó a ver la luz en 1994, cuando sus "estudiantes de religión" o talibanes, conquistaron Kandahar, ante el alivio de la población, ya cansada de la guerra civil que destruía Afganistán desde 1992.

A partir de entonces, el mullah se hizo rápidamente una doble reputación: de autoridad religiosa incontestable y de jefe militar temible.

Compañeros de armas

Cuenta el periodista paquistaní Ahmed Rashid que el liderazgo de Omar se consolidó definitivamente en 1996 en la misma Kandahar, ciudad en la que se habían congregado cientos de mullahs que trataban de debatir el futuro del país. En medio de los interminables debates, el "núcleo de kandaharis que rodeaban al mullah Omar lo propusieron como príncipe de los creyentes", un título que lo convirtió en el dirigente indiscutible de la jihad y en emir de Afganistán.

La confirmación de este nombramiento llegó en abril de 1996, cuando Omar apareció ante la multitud envuelto en un manto que se atribuye a Mahoma. Sus críticos lo acusaron de ser un sacerdote "poco instruido" que había cometido una ofensa con su equiparación al profeta.

Apoyados por Paquistán e indirectamente por Estados Unidos, los talibanes llegaron en septiembre de ese año a Kabul, ante la esperanza de sus pobladores de que restablecieran el orden. Pero los seguidores de Omar no sólo devolvieron la calma; también impusieron una interpretación estricta del Corán y sumergieron a los afganos en el terror.

Omar ha regido los destinos de esta empobrecida nación de Asia Central a golpe de decretos que siguen una interpretación fundamentalista del Corán. A pesar de dirigir el régimen, rara vez viajaba a Kabul y pasa sus días en Kandahar, en una casa construida para él por Osama ben Laden.

Ambos líderes islámicos fueron compañeros de armas durante la resistencia a los soviéticos, una relación que después se convirtió en parentesco. En 1998, Omar se casó con la hija primogénita del terrorista. Pero con su negativa a entregar a Ben Laden, Omar puso de nuevo al país al borde del precipicio, al hacerlo objetivo de una dura ofensiva militar estadounidense que acompañó a la desarrollada por la Alianza del Norte.

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