El ocaso de la familia Pinochet llega con deudas y escándalos
Seis años después de la muerte del ex dictador, su esposa y sus hijos están agobiados por problemas y son despreciados por la opinión pública chilena
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SANTIAGO, Chile. Poco más de seis años después de la muerte del ex dictador Augusto Pinochet, que rigió los destinos de Chile con suma dureza durante unos oscuros 17 años, su alguna vez todopoderosa familia cayó en un desolador espiral de abandono, muy lejos del esplendoroso e incontrarrestable poder de antaño.
Hoy, la viuda del ex general, Lucía Hiriart, de 90 años, y sus cinco hijos (Lucía, Augusto, Verónica, Marco Antonio y Jacqueline) viven sumidos en el peor de los mundos: agobiados por problemas económicos, perseguidos por la justicia, despreciados por la opinión pública y abandonados a su suerte por los mismos que ayer se beneficiaron, política y económicamente, durante la dictadura del patriarca.
El que volvió al ruedo esta semana fue Augusto hijo, de 69 años, acusado de no haber pagado un cheque por más de 8000 dólares.
La historia terminó con el ex capitán de ejército invitado a un programa de TV de corte farandulero, donde defendió la dictadura, relativizó las torturas y asesinatos y emitió emitir un peculiar juicio: "Nada de esto me pasaría si no llevara el mismo nombre de mi padre".
Nadie se detiene a negarlo: la vida de los Pinochet Hiriart es un páramo, marcado por el congelamiento judicial de los bienes del ex dictador y la descomposición, familiar y económica, del otrora temido clan.
Quizás el más conflictivo sea Augusto, famoso en Chile por su escaso talento para los negocios, lo que incluso gatilló una severa crisis política durante los tensos días de la transición a la democracia, en 1990, con el famoso caso "Pinocheques": un pago del ejército por tres millones de dólares al hijo mayor del general por la compra de una fracasada fábrica de fusiles.
Las negociaciones políticas de la época, que incluyeron un movimiento de tropas por orden de Pinochet y el temor de un nuevo golpe de Estado, terminaron con un acuerdo que marcaría la historia de Chile: el general adelantó su retiro del ejército a cambio de que las acusaciones contra su hijo no prosperaran.
Pero Augusto II -quien dice haber sido asesor del ex dictador libio Muammar Khadafy, en los 80- volvió a meterse en problemas: en 2004 fue detenido y declarado culpable por liderar una banda que compraba y vendía coches robados.
Pocos lo recuerdan, pero en octubre de 2007, tras la muerte de Pinochet, los cinco hermanos coincidieron en la cárcel, acusados de malversación de fondos, utilización de pasaportes falsos y de transferencia ilegal de unos 27 millones de dólares a bancos extranjeros durante la dictadura de su padre.
Aunque los cargos en su contra fueron anulados pocos días después, el oprobio público se mantuvo intacto.
Quien más lo sufrió fue el empresario Marco Antonio Pinochet, el otro hijo, sindicado como uno de los principales beneficiados por las cuentas secretas del ex dictador e investigado por evasión de impuestos, supuesto tráfico de armas y otros delitos.
Para Lucía, la primogénita, las cosas tampoco marcharon bien. Acusada de fraude fiscal, escapó a Estados Unidos en 2006, vía Mendoza, para eludir a la justicia. Ni siquiera conseguiría entrar al país del Norte: fue deportada a la Argentina apenas pisó suelo norteamericano.
En el funeral de su padre, ese mismo año, Lucía dio un polémico discurso, donde reivindicó el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 y dijo que Pinochet había encendido «la llama de la libertad» en su país tras el gobierno de Salvador Allende.
Después de resolver sus problemas, Lucía intentó una peregrina carrera política en Chile, que la tuvo como concejala por Vitacura durante un período, para luego ser abandonada por los antiguos aliados políticos de su padre.
Dolores privados
Salvo Marco Antonio, todos los hermanos arrastran numerosos fracasos afectivos. La menor, Jacqueline, la hija más mimada por los Pinochet, debe mantener a nueve hijos de tres matrimonios y ha llegado, según ella, a vender sus joyas y muebles.
Por su parte, María Verónica Pinochet, abandonada por su primer esposo, un poderoso empresario del litio, y quizá la hija de más bajo perfil, ha intentado vanamente rehacer su vida. Lucía, quien también se casó más de una vez, se acostumbró a que los hombres sólo la cortejaran por ser hija de Pinochet.
Siempre en medio de escándalos, Augusto, el de los cheques, recibió un balazo en una pierna de su ex mujer, quien se suicidó el año pasado.
La historia no acaba aquí: los 25 nietos del general también han pagado un precio. Acusan que los bancos les cierran sus cuentas corrientes y que son discriminados en empresas y universidades.
Augusto Pinochet Molina, hijo de Augusto II y el último de la dinastía militar, ostentaba el grado de capitán cuando la muerte de su abuelo, aquel caluroso diciembre de 2006. Ese día se lanzó con un incendiario discurso durante las exequias del ex dictador en la Escuela Militar de Santiago.
Menos de 24 horas más tarde le quitaron su uniforme y fue dado de baja. Hoy no tiene trabajo.
Hermanos conflictivos
Sólo una hija de Pinochet, M. Verónica, mantiene un bajo perfil
- Augusto Pinochet
El mayor de los varones Pinochet-Hiriart es un ex capitán y empresario minero, desde siempre complicado por su manejo de negocios - Marco A. Pinochet
Tras una frustrada carrera militar, se dedicó a administrar la fortuna de su padre y, desde 2005, está procesado por malversación de fondos, evasión impositiva y tráfico de armas - Lucía Pinochet
Es la primogénita de la familia Pinochet-Hiriart. Acusada de fraude fiscal, escapó a EE.UU., pero fue deportada al llegar - Jacqueline Pinochet
Era la consentida del dictador. Tiene varias cuentas a su nombre y es fiduciaria de una cuenta que Pinochet puso a nombre de su hija, que era la nieta preferida
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