
El Papa dijo que no renunciará porque Dios lo quiere así
Pidió a la multitud que lo ayude a seguir
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ROMA.- Llegó y se retiró en silla de ruedas de la solemne misa que ofició ayer, con gran esfuerzo, por sus 25 años de pontificado. Pero el mensaje del valiente Juan Pablo II fue claro: pese a la enfermedad seguirá adelante con su misión, porque así Dios lo quiere.
"Consciente de mi humana fragilidad, El me alienta a responder con confianza como Pedro: `Señor tú lo sabes todo, tú sabes que yo te amo´. Y me invita a asumir la responsabilidad que El mismo me ha confiado", dijo con voz bastante clara Karol Wojtyla ante 50.000 personas que llenaron con sobrecogimiento la Plaza de San Pedro. Así, el Pontífice volvió a echar por tierra cualquier rumor sobre una eventual renuncia.
Como hace 25 años, cuando en medio del desconcierto ese desconocido y atlético sacerdote polaco de 58 años se convirtió en el primer papa no italiano después de casi medio siglo, Karol Wojtyla hizo un llamado. "Se los pido otra vez: ¡ayuden al Papa a servir al hombre y a la humanidad entera!"
Como ya había ocurrido por la mañana, el Papa, de 83 años y últimamente con dificultades para hablar por el avance del Parkinson, no leyó por completo su homilía, sino sólo el principio y el final. Fue reemplazado en la lectura por el número tres de la Santa Sede, el arzobispo argentino Leonardo Sandri, sustituto en la Secretaría de Estado.
En un clima muy sugestivo -la Plaza de San Pedro iluminada, ya que la misa comenzó al atardecer, a las 18 locales, la misma hora en la que se conoció hace 25 años la elección-, al Papa se lo vio con rostro sufriente, hundido en su trono-silla de ruedas, deteriorado, pero determinado como desde el primer día a cumplir con su misión. Pese al evidente esfuerzo para pronunciar la liturgia, que fue en gran parte en latín, con lecturas en todos los idiomas, y hasta para dar a algunos la comunión, luego de dos horas de celebración los expertos coincidían en que otra vez el Papa había superado la prueba.
"Para él fue seguramente un estrés llegar hasta este día, pero haberlo logrado significa una carga moral que le dará más energía", comentó a LA NACION Gerard O´Connell, un vaticanista irlandés.
En la Plaza de San Pedro, a la que se podía acceder luego de sortear detectores de metales, se veían banderas de todos los países -incluso una inmensa de la Argentina-, pero sin dudas las polacas, rojas y blancas, eran mayoría. Entre la multitud, además de polacos vestidos en trajes típicos, también se veían hermanas de la Caridad -la orden fundada por la Madre Teresa de Calcuta, que será beatificada el domingo-, religiosos, familias y, cerca del altar, en la parte VIP, las delegaciones oficiales de al menos 19 países del mundo.
Al principio de la misa, a la que asistieron también cardenales y obispos, el purpurado alemán, Joseph Ratzinger, saludó de parte de todos a Juan Pablo II y evocó el " habemus papam " del 16 de octubre de 1978 -la fórmula con la que se anuncia que se ha elegido un papa-, así como la primera bendición " Urbi et Orbi " del Papa polaco. "Usted entonces nos dijo que venía de un país lejano. Pero enseguida entendimos que la fe en Jesús que se traslucía de sus palabras y de toda su persona superaba todas las distancias; que en la fe todos estábamos cerca, los unos a los otros", dijo el prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe. "En estos 25 años usted se dirigió a jóvenes y viejos, a ricos y pobres, a gente poderosa y humilde, y siempre demostró -siguiendo el ejemplo de Jesucristo- un amor especial por los pobres e indefensos, llevando una chispa de la verdad y del amor de Dios", agregó. Tras compararlo con el apóstol Pablo, Ratzinger aludió al calvario que está sufriendo el Papa enfermo: "Hoy podemos constatar cómo usted se ha puesto con todo su ser al servicio del Evangelio y se ha dejado consumir. En su vida la palabra Cruz no es sólo una palabra. Usted se ha dejado herir por ella en el alma y en el cuerpo".
"¿Cómo no temblar?"
A su turno, durante la homilía, el Papa también recordó los sucesos de hace 25 años, cuando en el cónclave -la reunión secreta de cardenales que en la Capilla Sixtina votan por el sucesor cuando la sede apostólica queda vacante- resultó elegido. "¿Cómo podía, humanamente hablando, no temblar, ante una responsabilidad tan grande?", evocó el Papa, cuyas manos ahora tiemblan por la enfermedad, que fue interrumpido decenas de veces por los aplausos de la gente.
El hombre que derrotó al comunismo y que viajó por todo el mundo para hablar de Cristo, en su sermón también volvió a decir (por boca de monseñor Sandri) esa famosa frase dicha hace 25 años por primera vez, y hoy una suerte de lema de su pontificado: "Repito hoy con fuerza: ¡no tengan miedo! ¡Abran las puertas a Cristo! ¡Déjense guiar por El! ¡Confíen en su amor!"
Al final de la homilía, cuando volvió a tomar la palabra, con un hilo de voz, el Pontífice pronunció una oración más que conmovedora, en la que ofreció al Señor "los frutos de estos 25 años de ministerio", pidió "perdón por el mal cometido" y la multiplicación del bien, y, fiel a su devoción a la Virgen María, a través de ella volvió a renovar su don de sí mismo "para que todo se cumpla según tu voluntad".
Muy fatigado, pero seguramente satisfecho de haber cumplido, al final de la ceremonia el Papa hasta tuvo la fuerza de saludar en todos los idiomas, y fue ovacionado por la Plaza.
"Fue espectacular", comentaron entusiasmados a LA NACION Delfina Daglio, Nicolás Striglio y Ezequiel Alemán, tres argentinos de 23 años que vinieron especialmente para la misa. Con banderita en mano, estos tres jóvenes porteños que estudian en Europa se veían tan seducidos por ese Papa frágil físicamente, pero aún fuerte de espíritu, que al irse de la Plaza, abrazados, cantaban la Canción de la Alegría. Sonrientes, los chicos explicaron: "Escucharlo al Papa nos dejó sin palabras".
Opinan los dirigentes
George W. Bush
- "Mostró al mundo el esplendor y la fuerza de la verdad para triunfar sobre el mal y modificar el curso de la historia."
Vladimir Putin
- "La comunidad mundial valora altamente su trabajo constante por la paz, la justicia y los valores humanos."
Lech Walesa
- "La llegada del Santo Padre despertó al pueblo polaco, estimuló su espíritu y le insufló valentía."


