El papa Francisco, preocupado por el uso impropio de la ley y la presión a los jueces

Elisabetta Piqué
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4 de junio de 2019  • 17:26

ROMA.- Al cerrar hoy una cumbre panamericana de jueces sobre derechos sociales a la que asistieron varios magistrados argentinos, el papa Francisco manifestó su preocupación por el uso indebido de la ley para intervenir en la política, así como por la presión a los jueces que defienden los derechos sociales.

"Aprovecho esta oportunidad de reunirme con ustedes para manifestarles mi preocupación por una nueva forma de intervención exógena en los escenarios políticos de los países a través del uso indebido de procedimientos legales y tipificaciones judiciales", dijo Francisco, hablando ante un centenar de jueces de todo el continente americano en la Casina Pío IV, sede de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, donde disertaron desde ayer sobre derechos sociales y doctrina franciscana.

"El lawfare, además de poner en serio riesgo la democracia de los países, generalmente es utilizado para minar los procesos políticos emergentes y propender a la violación sistemática de los derechos sociales", advirtió Francisco, en un discurso de cuatro páginas. "Para garantizar la calidad institucional de los Estados es fundamental detectar y neutralizar este tipo de prácticas que resultan de la impropia actividad judicial en combinación con operaciones multimediáticas paralelas", agregó. "El juicio previo, mediático, lo conocemos todos", añadió, saliéndose del texto preparado.

Francisco le recordó a los magistrados de todo el continente que muchas veces la defensa o priorización de los derechos sociales sobre otros tipos de intereses, significan para ellos consecuencias y fuertes presiones. Esta actitud, destacó, "los enfrentará no sólo con un sistema injusto sino también con un poderoso sistema comunicacional del poder, que distorsionará frecuentemente el alcance de sus decisiones, pondrá en duda su honestidad y también su probidad". "Es una batalla asimétrica y erosiva en la que para vencer hay que mantener no sólo la fortaleza sino también la creatividad y una adecuada elasticidad", resaltó. "¡Cuántas veces los jueces y juezas se enfrentan en soledad a las murallas de la difamación y del oprobio!", exclamó. "Ciertamente, se requiere de una gran entereza para poder sobrellevarlas", agregó.

En este sentido, destacó el hecho de que la Cumbre creó un Comité Permanente Panamericano de Jueces y Juezas por los Derechos sociales, que tiene entre sus objetivos "superar la soledad en la magistratura, brindando apoyo y asistencia recíproca para revitalizar el ejercicio de su misión".

Ustedes tienen un rol esencial

Al recordar que en 2015 les dijo a los integrantes de los Movimientos Populares en Santa Cruz de la Sierra que tienen un "rol esencial" y que son "poetas sociales, creadores de trabajo, constructores de viviendas, productores de alimentos, sobre todo para los descartados del mercado mundial", utilizó para los jueces del continente una frase muy parecida.

"Estimados magistrados: ustedes tienen un rol esencial, permítanme que les diga que ustedes también son poetas, poetas sociales cuando no tienen miedo a ser protagonistas en la transformación del sistema judicial basado en el valor, en la justicia y en la primacía de la dignidad de la persona humana sobre cualquier otro tipo de interés o justificación", dijo. Lo escuchaban entonces jueces de Estados Unidos, Brasil, México, Paraguay, Colombia y demás países de América, así como de la Argentina, país con la delegación más numerosa, encabezada por el exjuez de la Corte Suprema, Raúl Eugenio Zaffaroni.

Al principio de su discurso, el Papa subrayó la importancia de la "noble y pesada" misión de los magistrados, sobre todo en el "tiempo de crisis" actual, en el que "se verifica la paradoja de que por un lado hay un fenomenal desarrollo normativo, pero por otro un deterioro en el goce efectivo" de los derechos sociales. En este marco, indicó que "cada vez, y con mayor frecuencia, las sociedades adoptan formas anómicas de hecho, sobre todo en relación a las leyes que regulan los Derechos sociales, y lo hacen con diversos argumentos -carencias presupuestarias, imposibilidad de generalizar beneficios o el carácter programático más que operativo de los mismos". "Me preocupa constatar que se levantan voces, especialmente de algunos "doctrinarios", que tratan de "explicar" que los Derechos sociales son "viejos", están pasados de moda y no tienen nada que aportar a nuestras sociedades. De este modo confirman políticas económicas y sociales que llevan a nuestros pueblos a la aceptación y justificación de la desigualdad e indignidad", lamentó. "La injusticia y la falta de oportunidades tangibles y concretas detrás de tanto análisis incapaz de ponerse en los pies del otro -y no digo zapatos, porque en muchos casos esas personas no tienen-, es también una forma de generar violencia: silenciosa, pero violencia al fin", advirtió.

No hay democracia con hambre

Deploró, por otro lado, "la 'injusticia social naturalizada' y, por tanto, invisibilizada que sólo recordamos o reconocemos cuando 'algunos hacen ruido en las calles' y son rápidamente catalogados como peligrosos o molestos". "Esto es uno de los grandes obstáculos que encuentra el pacto social y que debilita el sistema democrático. No hay democracia con hambre, ni desarrollo con pobreza, ni justicia en la inequidad", sentenció, en un discurso que culminó con aplausos.

Francisco firmó luego la declaración final de la cumbre, así como el acta de creación del Comité Permanente Panamericano de Jueces por los derechos sociales antes mencionado. Después, de muy buen humor, saludó, uno por uno, a los magistrados presentes, entre los cuales muchos viejos conocidos. La mayoría aprovechó para hacerse bendecir rosarios y demás objetos religiosos. Concedió, al final, una foto grupal en la entrada de la espléndida Casina Pío IV -edificio renacentista enclavado en los Jardines del Vaticano-, en la que el juez Andrés Gallardo, titular de un juzgado porteño en lo Contencioso Administrativo y Tributario y el "canciller" de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, el arzobispo Marcelo Sánchez Sorondo, organizadores del evento, tuvieron un lugar privilegiado.

Inés Weinberg, Presidente del Tribunal Superior de Justicia de la CABA y candidata del Gobierno para liderar la Procuración General de la Nación, elogió el evento. "Valió la pena: todos estamos de acuerdo, básicamente, en que hay que distribuir mejor la riqueza, que está mal que haya pocos ricos y muchos pobres, que todos deben tener acceso a una vivienda digna, a un trabajo, a salud, a educación, y que no hay futuro para todos nosotros si hay desigualdad, algo que para mí sólo se corrige primordialmente a través del acceso a la educación", dijo a La Nación. "Lo interesante es ver en qué medida podemos los jueces intervenir en crear este mundo mejor, en cuanto dependemos de los otros poderes del Estado y, como se discutió acá, también del ámbito internacional", concluyó.

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