El Papa pidió perdón por la persecución a los valdenses
Se convirtió en el primer pontífice en pisar una iglesia de esa comunidad cristiana; encuentro con varios familiares
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ROMA.- En su segundo y último día en Turín, la tierra de sus abuelos y de su padre, Francisco volvió ayer a hacer historia. No sólo se convirtió en el primer papa en pisar una iglesia valdense, algo que había hecho muchas veces en Buenos Aires cuando era arzobispo. En nombre de la Iglesia Católica, le pidió a esta comunidad cristiana perdón por las persecuciones y condenas "inhumanas" que sufrió en el pasado.
"De parte de la Iglesia Católica les pido perdón por las actitudes y los comportamientos no cristianos, hasta inhumanos, que en la historia hemos tenido en su contra. ¡En nombre del Señor Jesucristo, perdónennos!", exhortó Jorge Bergoglio, en una de las citas más importantes de su visita de 34 horas a la zona de la que su familia emigró a la Argentina a principios del siglo pasado.
Sus palabras, pronunciadas en medio de un silencio impactante dentro del templo valdense del centro de Turín, marcaron el cierre de una época de condenas. Fueron dichas 838 años después del nacimiento del movimiento de "pobres de Lyon", fundado en el sur de Francia por un mercader llamado Pedro Valdo.
Los valdenses, que buscaban la autenticidad del Evangelio a través de la predicación itinerante, fueron duramente perseguidos en Francia e Italia y se instalaron con mayor concentración en los valles alpinos del Piamonte. Eran laicos católicos que reivindicaban el derecho a predicar el Evangelio sin ser sacerdotes. Por eso fueron excomulgados en 1184 por el papa Lucio III. A partir de entonces, sufrieron un tiempo de persecución, robos, torturas, juicios, ejecuciones y masacres. Para escapar de un exterminio total se refugiaron en una zona montañosa de los Alpes, en el norte de Italia, conocida hasta hoy como "valles valdenses".
Adhirieron a la Reforma Protestante en 1532 y sólo dejaron de sufrir persecuciones en 1848, cuando el rey de Italia Carlos Alberto reconoció por primera vez a los valdenses los mismos derechos civiles y políticos de sus conciudadanos. Esa nueva situación les permitió, entre otros hechos importantes, la posibilidad de emigrar. Y algunos lo hicieron hacia América del Sur.
No por nada Francisco fue recibido en el templo valdense de Turín con un canto en español de los migrantes valdenses del Río de la Plata. Y al principio de su histórico discurso, al destacar la cálida recepción, evocó los encuentros que había tenido, como arzobispo de Buenos Aires, con "los amigos de la Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata", de los que, dijo, pudo "apreciar la espiritualidad y la fe, y aprender muchas cosas buenas".
Francisco destacó que uno de los principales frutos del movimiento ecuménico -que busca la unidad de los cristianos- es el redescubrimiento de la fraternidad que une a todos los que creen en Jesús y que fueron bautizados en su nombre.
"Lamentablemente, ha ocurrido y sigue ocurriendo que los hermanos no acepten sus diversidades y terminen por hacerse la guerra el uno contra el otro", dijo, antes del histórico pedido de perdón a los valdenses. Un largo aplauso que liberó emociones contenidas estalló cuando culminó el "mea culpa" de Francisco, que volvió a confirmar su determinación a avanzar en el camino de la unidad, dejando atrás los conflictos.
"Querido papa Francisco, querido hermano en Cristo, entrando a este templo, usted ha cruzado un umbral histórico, el de un muro que se había levantado hace ocho siglos", le dijo al Papa Eugenio Bernardini, moderador de la mesa valdense, al resumir el sentir de los presentes.
Antes de regresar a Roma, tal como estaba previsto, el Papa tuvo una panzada familiar. En privado, se reunió con seis primos y sus familias -un total de 32 parientes- en el arzobispado de Turín. Además de compartir un delicioso almuerzo, celebró con ellos misa.
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