El “piscinao”, un enorme estanque en Rio de Janeiro más concurrido que sus playas
En una ciudad famosa por sus elegantes playas y su surf de clase mundial, los bañistas cariocas que frecuentan este lugar se jactan de la atmósfera distendida que se vive en la gigantesca laguna artificial
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RIO DE JANEIRO.- El “piscinao” desborda diariamente de bañistas del vecino barrio de Mare y de otros barrios de clase trabajadora de las inmediaciones, especialmente en los sofocantes días del verano brasilero. Esta laguna artificial de agua de mar del tamaño de tres canchas de fútbol se encuentra cerca del aeropuerto internacional de Rio y es la burla de muchos otros cariocas, sobre todo los que no se alejan del lujoso verdor de línea costera del Atlántico.
Pero el orgulloso “piletón” de la clase trabajadora es un oasis para muchos que prefieren no gastar tiempo y dinero en viajar hasta la costa ni tener que comprar sus refrescos en playas repletas de turistas, como Ipanema o Copacabana, que están a más de 20 kilómetros y a un abismo socioeconómico de distancia.


“Es un lugar de alegría”, dice Moacyr Dos Santos, de 35 años, que trae su propia comida y las bebidas necesarias para pasar el día. “Acá nadie tiene mucha plata, pero lo que no falta es alegría. Todo es muy relajado”. El “piscinao” fue construido en 2001 por el gobierno local y es administrado por varias agencias municipales que se encargan, entre otras cosas, del filtrado y tratamiento de los 30 millones de litros de agua que son bombeados desde la adyacente Bahía de Guanabara. El "piletón" atrae a todo tipo de vecinos, desde jubilados hasta jóvenes que vienen a socializar y a conseguir pareja.


Entre los cientos de asistentes de un domingo reciente, había muchos padres con niños que dicen que a pesar de los abundantes desechos que se acumulan en las orillas del estanque, acá el agua es mansa, ideal para los niños más chicos, especialmente en comparación con las feroces mareas y las enormes olas de las típicas playas de Rio.


“Acá pueden meterse hasta donde quieran y no ando con miedo de que se ahoguen”, dice un padre de 26 años que con una cerveza en una mano y un pescado frito en la otra intenta señalar hacia el punto en el que sus pequeños hijos chapotean en el agua. Varios bañistas señalan la ironía de que este lugar de ocio y recreación se encuentre enclavado en medio de uno de los barrios más violentos e inseguros de la ciudad, famoso por sus guerras entre las bandas de narcos y la policía.

Mientras que las playas más ricas de Rio suelen ser el blanco de los ladrones de ocasión y de los así llamados “arrastoes”, arrebatadores y “pungas” que operan en grupo, en el “piscinao” nunca pasa nada. “En Copacabana, una vez me sacaron todo y me dejaron en bikini, nada más”, dice una mujer de 52 años que alquila reposeras y sombrillas y que se sólo quiso revelar su apodo: Madonna. “Acá esas cosas no pasan.”
Textos y Fotos: Nacho Doce /Reuters
Edición Fotográfica: Alfredo Sánchez
Traducción: Jaime Arrambide
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