
El PRI le dio la espalda a Zedillo en el Congreso
Mostró su rechazo al presidente en su último informe
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MEXICO D.F. (DPA).- Resentido por la derrota electoral del 2 de julio último, el Partido Revolucionario Institucional (PRI, en el gobierno) le dio la espalda ayer al presidente Ernesto Zedillo durante la ceremonia de su último informe de gobierno en el Congreso.
En todo momento, a lo largo de la exposición, la bancada oficialista guardó silencio y le negó el aplauso al presidente de México. Incluso, el diputado del PRI Salvador Castañeda no disimuló su rechazo al jefe de Estado: se puso de pie en un momento del discurso y durante dos minutos mostró su nuca al presidente.
En el acto que antiguamente era un besamanos al mandatario de turno, Zedillo recibió la indiferencia de sus correligionarios, el reconocimiento del conservador Partido Acción Nacional (PAN) -del candidato vencedor a la presidencia, Vicente Fox-, y acusaciones en carteles de la bancada del Partido Revolucionario Democrático (PRD). "No hubo aplausos porque no los merece", afirmó el priísta Manuel Barlett. "La teoría política escueta con la que explicó el proceso electoral del 2 de julio no me satisface", sostuvo.
Caras largas
En el pleno del nuevo Congreso, mientras Zedillo destacaba, "sin ignorar la tristeza y la pesadumbre de los perdedores", que "México ha completado su camino hacia la democracia", sus compañeros de partido no disimulaban, con caras muy serias, el estado de ánimo y la crisis que vive el PRI en su interior.
"Callan priístas, aplaude el PAN", tituló ayer el diario mexicano Reforma, al referirse a una actitud que el diario Milenio calificó como "la mezquindad de la bancada priísta". Para La Jornada, "el priísmo calló para no otorgar".
La noche "trágica" del 2 de julio, cuando Zedillo salió rápidamente a reconocer la victoria de Fox, es aún una herida profunda para el partido que durante 71 años gobernó México sin interrupción.
El PRI todavía no ha terminado de procesar la derrota. Muchos le reprochan a Zedillo y a los "tecnócratas" del partido el haber cedido el poder, y el PRI está sumergido en una crisis de liderazgo, que ya ha provocado una lucha entre fracciones por la dirigencia.
El discurso de Zedillo fue una despedida, dos meses antes de entregar a Fox la banda presidencial. Y se cumplió la sentencia evangélica. Zedillo, que pasará a la historia como el presidente de la transición democrática, no fue profeta en su tierra priísta.


