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El recuerdo de la víctima que aún no pudo dejar el hospital

Fue gravemente herida en los ataques
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11 de septiembre de 2002  

NUEVA YORK.- Con un dejo de tristeza y una mueca de disgusto, Deborah Mardenfeld se describe como la primera que llegó y la última que se irá.

La primera que llegó porque estuvo entre las primeras personas internadas el 11 de septiembre de 2001; fue la paciente N° 1 del Hospital de la Universidad de Nueva York. La última que se irá porque será, entre las personas gravemente heridas, la última que abandonará el hospital, algo que espera hacer el mes próximo.

Deborah, de 31 años, iba a trabajar ese día cuando fue aplastada por escombros que caían después de que el segundo avión secuestrado se estrelló contra la segunda torre. Sus piernas quedaron atrapadas, perdió piel y tejido muscular en las nalgas, tuvo hemorragias y sufrió un trauma inimaginable.

También perdió el futuro que junto con Gregory St. John habían soñado, ya que tenían previsto casarse el 21 del actual. A pesar de todo, siguen unidos.

Deborah no puede caminar sola y pasa mucho tiempo en silla de ruedas: debe tomar analgésicos constantemente, perdió el sentido del olfato y nunca pasó una noche fuera del hospital.

Al conmemorarse el primer año de los atentados, Deborah afronta además una nueva sensación de pérdida y soledad: no estar a tono con el resto de los norteamericanos. "Para ellos, la tragedia quedó en el pasado y la conmemoran. Para nosotros, es como estar aún en medio de ella", explicó.

Y le preocupa que tanto ella como otras personas gravemente heridas sean ignoradas e incluso olvidadas tanto por el gobierno como por la opinión pública. "No sé si alguna vez piensan en nosotros y espero que no se olviden, pero no oigo demasiado sobre los sobrevivientes y la fuerza que se necesita para salir de esto", añadió.

Nadie sabe con certeza cuántas personas fueron heridas de gravedad en los atentados. La Cruz Roja informó que sus equipos están en contacto con las familias de 250 heridos.

Kenneth R. Feinberg, a cargo del Fondo Federal de Resarcimiento para las Víctimas, sostuvo que el número total no superaría los 300. Deborah y Gregory, que solicitaron ayuda a ese fondo, están recibiendo asistencia legal.

"¡Póngase a cubierto!"

Hoy hace exactamente un año que Deborah había llegado en subte hasta el World Trade Center, pero al salir personal de seguridad de las torres le indicó por dónde debía ir, y vio cómo el segundo avión se estrellaba contra la torre sur. "¡Póngase a cubierto!, alcancé a oír", indicó. Es lo último que recuerda.

Fue alcanzada por restos de mampostería o el tren de aterrizaje del avión. Hubo quienes evitaron que muchos que huían la atropellaran o pisotearan hasta que una ambulancia la trasladó al hospital. Su prometido recordó que "sólo su cabello era reconocible".

Los médicos lograron salvarle las piernas. "Pero ése no fue el fin, sino el comienzo", advirtió Deborah, que debió ser asistida por medio de un respirador artificial y padeció varias infecciones. Los primeros trasplantes de piel fracasaron y sentía dolores intensos.

Además, Deborah y otras personas heridas no encuadran dentro de ninguna clase de asistencia, ya que "para el gobierno ella no es una víctima", se quejó su prometido. Sin embargo, Deborah prefiere que no la consideren una víctima. "Si me quedara en cama y no tratara de reponerme, entonces sería una víctima. Pero no actué de ese modo y sobreviví", afirmó.

Si bien no ve la hora de irse a casa, Deborah también tiene cierta aprensión respecto del futuro. "No sé cómo será. Debo reintegrarme al mundo real, pero, ¿dónde podré adaptarme? -dijo con recelo-. Si pudiera cambiar algo respecto del 11 de septiembre, sería que los heridos fuesen reconocidos y aclamados. Que no haya un minuto de silencio por nosotros. Todos perdimos mucho ese día, pero aún estamos aquí."

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