El remedio, peor que la enfermedad
Si Fleming viviera... El hombre que inauguró la era de los antibióticos en el siglo XX no habrá imaginado que, apenas iniciado el siglo siguiente, la resistencia bacteriana amenazaría con acrecentarse bajo el gobierno de la automedicación y la receta indiscriminada a las que por estos días invita la guerra desigual que se libra contra el ántrax.
En los Estados Unidos, muchos especialistas están preocupados por el empleo excesivo de ciprofloxacina en pacientes que no requieren medicación. Aseguran que el remedio puede resultar peor que la enfermedad: "Nuestro gran problema no es el bioterrorismo. Es la respuesta a estos ataques la que nos puede llevar a un gran salto en la resistencia. Eso es el terror", dijo ayer a The New York Times la doctora Lucy Shapiro, microbióloga de la Universidad de Stanford.
Agentes mutantes
La resistencia a los antibióticos, causada por el mal uso o el uso excesivo de éstos, no es un fenómeno nuevo. Se sabe que un número cada vez más creciente de bacterias, como los neumococos o los estafilococos, que causan infecciones en la comunidad, fueron mutando y lograron hacerse invulnerables frente a los medicamentos que pretenden combatirlos.
"No podemos recetar antibióticos a todo el mundo ni dejar que la gente vaya a la farmacia a pedirlos por la psicosis que provoca el ántrax. Hasta ahora, ni en los Estados Unidos ni en la Argentina existen argumentos que justifiquen su uso masivo. Los antibióticos no están exentos de efectos adversos", explicó el doctor Horacio López, director de la carrera de especialistas en Infectología de la UBA. Entre los efectos secundarios del uso de estos medicamentos se cuentan los vómitos, la taquicardia y las diarreas.
La resistencia no se circunscribe al ántrax, y el uso indiscriminado de medicamentos contribuirá, dicen los expertos, a la resistencia de las bacterias causantes de la mayoría de las infecciones de la comunidad.
"Alta en terror y baja en impacto", en palabras del inmunólogo Anthony Fauci, la estrategia del bioterrorismo no se combate sólo con medicamentos. Ahora que la mayoría de los habitantes del planeta desconfía hasta de la más segura de las cartas, el doctor López aconseja: "Es mejor lavarse las manos después de abrir un sobre, para quedarse tranquilo, que salir corriendo a la farmacia".
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