
El último Hemingway
La publicación de un libro póstumo del genial escritor, editado por uno de sus hijos, genera un fuerte debate
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MIAMI.- Treinta y ocho años después de su suicidio, Ernest Hemingway sigue publicando libros, como si su carrera literaria hubiera resuelto ignorar la muerte. El próximo 21 de julio, precisamente en la fecha de su centenario, su última novela, "True at first light" ("Verdad al alba") aparecerá en las librerías en una versión recortada, ensamblada y reconstruida por su hijo Patrick.
Charles Scribner, su editor, asegura que se trata "definitivamente" de lo último de Hemingway. Después de cuatro libros póstumos -"París era una fiesta", "Islas en el Golfo", "El Verano" y "El Jardín del Edén"- y la publicación de su voluminosa correspondencia, no queda aparentemente ningún otro papel suelto que pueda serle atribuido con algún beneficio económico.
Como era de esperar, la inminente aparición de esta novela en una versión profusamente corregida ha provocado debate en los círculos literarios, particularmente en lo referente a los derechos que les caben a los muertos célebres, como el de olvidar aquellos pecadillos literarios cometidos al fragor de la máquina de escribir. Muchos acusan a los herederos de explotar la legendaria reputación de "Papa" Hemingway por motivos más pecuniarios que literarios, algo que resulta fácil de comprender si se tiene en cuenta que Hemingway es, después de Agatha Christie, el autor más traducido de la lengua inglesa.
En un ensayo en la revista The New Yorker, la escritora Joan Didion lamenta la decisión de publicar un libro "calado -dice - de una montaña de palabras que, sin duda, han sido escritas por Hemingway, pero que el autor, obviamente, no había tenido intención de publicar".
"Este era un hombre para quien las palabras importaban", escribe Didion. "Las trabajaba, las comprendía y se metía dentro de ellas. Su deseo de que sólo lo sobrevivieran aquellas que él consideraba dignas de ser publicadas parece haber sido bastante claro."
Pero no todos adhieren a esta postura. Dos semanas atrás, durante la Conferencia Internacional sobre el Centenario de Hemingway, una reunión de luminarias de las letras internacionales, el premio Nobel 1992 Derek Walcott defendió la legitimidad de esta exhumación literaria diciendo: "Uno siempre está interesado en las reliquias de los grandes hombres. Si se hallase de pronto un Gauguin sin terminar, la gente querría verlo".
Perdido en La Habana
Las primeras noticias acerca de la existencia de una novela inédita, casi completa, del autor de "El viejo y el mar" emergieron hace una década.
Hemingway había trabajado en el libro en los últimos años de su vida, después de su último viaje al Africa, en 1953, y el texto había quedado en Cuba, donde acostumbraba a pasar extensas temporadas. La revolución castrista y la consiguiente escalada de la Guerra Fría le impidieron recuperar estos originales y para el momento en que en 1961, sumido en la depresión, se quitó la vida en Idaho, no había logrado hacerse de ellos.
Algunos meses después de su muerte, su viuda, Mary, viajó a Cuba para tratar de convencer a Fidel Castro de que le permitiera recobrar los papeles y otros objetos. Eran los días inmediatamente posteriores a la fracasada invasión de Bahía de los Cochinos y el gobierno cubano había confiscado todas las propiedades de ciudadanos norteamericanos.
Castro accedió a devolverle los escritos y algunos cuadros a cambio de la cesión de la Finca Vigía, la propiedad que Hemingway tenía cerca de La Habana, con todo su contenido, para convertirla en un museo para el pueblo. Cuando el baúl por fin aterrizó en los Estados Unidos, los herederos descubrieron un manuscrito casi completo, de unas 200.000 palabras.
De común acuerdo, los hijos y la viuda decidieron que Patrick, que había pasado muchos años en Africa, editase el texto, una tarea a la que se aplicó con el empecinado minimalismo de un jíbaro. La versión final de "Verdad al alba" contiene la mitad de las palabras del original.
El título proviene de una reflexión del personaje principal, un álter ego del autor, quien dice: "En Africa, una cosa es verdad al alba y mentira al mediodía y uno no tiene más respeto por ella que por el amoroso lago bordeado de hierba que uno ve a través de la planicie, asándose al sol. Uno caminó por esa misma planicie en la mañana y sabe que ese lago no existe. Pero ahora está allí, absolutamente verdadero, hermoso y creíble".
La trama sigue dos fuertes líneas de acción que juegan como un contrapunto: una referida a la caza de animales y otra a la relación entre el personaje principal con una adolescente africana de extraordinaria belleza.
No es extraño que en la era de Lewinsky sea precisamente esta historia, que muchos sospechan que es verdadera, la que parece nutrir la formidable expectativa que el libro ha despertado. Tanto que la sudafricana Nadine Gordimer no pudo contener su indignación durante la conferencia de Boston. "Es un insulto a la integridad de toda su vida y a su arte considerar su obra de una manera tan banal y puritana", proclamó.
Si don Ernesto se proponía o no publicar alguna vez esta novela es materia de pura especulación, pero existen elementos para imaginar su reacción frente a la decisión de sus albaceas de publicarla póstumamente.
Cuando Hemingway se enteró de que Scribner´s iba a publicar "El último magnate", la novela que Scott Fitzgerald dejó inconclusa al morir en 1942, escribió a su editor, Maxwell Perkins: "De cualquier forma que se lo mire, es una canallada publicar algo que Scott dejó inconcluso. Pero supongo que a los gusanos no les importa".
El autor es un periodista y dramaturgo argentino que dirige el máster en Periodismo en la Universidad Internacional de la Florida.


