
En Bolivia, tras la crisis se esconde la pobreza
Seis de cada diez bolivianos viven con dos dólares diarios, y entre el 20 y el 34 por ciento de la población está desnutrido
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LA PAZ.- ¿Cómo se retrata la pobreza, cuando está por todas partes y fue el telón de fondo de la violencia de la semana pasada? Y todavía más: ¿cómo se hace, cuando el primero al que se le pregunta demuele toda tentativa afirmando que, "muy por el contrario", Bolivia no es un país pobre?
Puede que Marco Antonio Zenteno sea un optimista sin remedio o que esté en lo cierto, a su manera. Las estadísticas y la conflictividad social lo contradicen, pero él jura que "acá la gente no es pobre, nadie muere de hambre". A su alrededor zumban los colectivos atestados de gente, las cholas paceñas ofrecen baratijas a los gritos entre la muchedumbre y los colores vivos del centro de la ciudad comienzan a apagarse con el atardecer.
Marco Antonio, 45 años, empleado del Estado, exhibe sus cifras. "Una familia de cuatro puede vivir tranquilamente con 600 bolivianos", dice. Equivalen a unos 80 dólares mensuales. "No se van a comprar ropa buena, pero con eso comen y viven, tienen su casita y sus cosas que venden o sus micros que manejan", agrega, mientras señala hacia el El Alto, la ciudad de casi 800.000 habitantes que se extiende por encima de La Paz, donde se encuentran algunas de las zonas de pobreza ur bana más extrema del país.
Quizá no fue el disparador de la violencia que se vivió en Bolivia, que costó la vida a unas treinta personas, pero la pobreza y la exclusión social que la acompaña ciertamente son el telón de fondo de la actual crisis. En El Alto, justamente, tuvieron lugar algunas de las peores escenas de saqueo.
Seiscientos bolivianos es lo que gana por mes Lucio Mamani, lustrabotas de siete días a la semana y padre de cuatro hijos. "Así es la vida, hay que luchar", dice. Tiene un solo diente y una sonrisa encantadora, a tono con el ambiente festivo ayer en la plaza Murillo, donde vendedores de globos, heladeros y turistas compartían un domingo radiante. Una banda de la policía homenajeó a los oficiales muertos el martes pasado y tocó La Pantera Rosa y Brasil, Brasil, entre otros temas.
Como Lucio, seis de cada diez bolivianos viven con unos dos dólares diarios, de acuerdo con el censo nacional de 2001. Y nueve de cada 10 pobladores de las zonas rurales del país se debaten entre la pobreza y la miseria extrema. Según datos del analista económico Alberto Bonadona, la pobreza en Bolivia afecta casi al 70 por ciento de la población, unos seis millones, que viven en "un nivel crítico de pobreza".
El otro 30 por ciento, señala el economista, vive moderadamente bien, y sólo un 3 por ciento puede ser considerado rico. "La distribución de la riqueza en Bolivia es, con Brasil, de las mas desiguales de América latina", comenta a LA NACION. El 20 por ciento más pobre recibe el 4 por ciento de producto nacional, y el 20 por ciento más rico se lleva el 55 por ciento.
Producción desmantelada
Algunos indicadores son también elocuentes. Entre el 20 y 34 por ciento de la población sufre de desnutrición, según un informe del año pasado del Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA). Sólo Haití muestra peores indicadores. Datos del Instituto Nacional de Estadística indican que el analfabetismo llega al 25 por ciento de los mayores de 15 años en áreas rurales, donde además sólo 25 por ciento de los hogares tiene energía eléctrica y el 41 por ciento agua por cañería.
Los gobiernos democráticos lograron estabilizar la economía luego de la hiperinflación de los 80. Pero sus logros fueron escasos a la hora de cambiar la exclusión de la gran mayoría. Con la apertura económica, además, la industria boliviana fue golpeada, y el retroceso productivo se agudizó en los últimos cuatro años de estancamiento. "El 50 por ciento del aparato productivo ha sido desmantelado desde 1998", señala Bonadona.
Félix Ticona maneja un desvencijado taxi por las calles empinadas de La Paz. El tránsito sin reglas y los bocinazos acompañan el viaje hasta el mirador de Villa Pavón. A la izquierda se ve el camino que lleva a los Yungas, Coroico y Churumani. Allí comienzan los cultivos de coca, aunque no de calidad tan alta como la de El Chapare, que se utiliza para fabricar cocaína.
El Chapare es, con los departamentos de Potosí y Chuquisaca, una de las regiones más pobres. La lucha por la erradicación de la coca amenaza con dejar a los cerca de 300.000 campesinos de El Chapare sin sustento. De allí el conflicto en esa zona, que los piquetes irradian a todo el país.
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