En el cónclave, Bergoglio dio a entender que no quería ser papa

Lo hizo a medida que quedaba en claro que era el único que competía con Ratzinger
Lo hizo a medida que quedaba en claro que era el único que competía con Ratzinger
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24 de septiembre de 2005  

ROMA.- "Lo miro mientras va a poner su papeleta en la urna, sobre el altar de la Sixtina: tiene la mirada fija sobre la imagen de Jesús que juzga las almas en el final de los tiempos. Su rostro es sufriente, como si implorara: Dios, no me hagas esto."

Así describe un purpurado no identificado al cardenal Jorge Bergoglio en el último cónclave, en un "diario secreto" recopilado por el vaticanista Lucio Brunelli y publicado ayer por la revista italiana Limes.

En esta primera detallada reconstrucción de cómo Joseph Ratzinger llegó a ser papa, queda claro que desde la primera votación el arzobispo de Buenos Aires fue el único candidato alternativo al ex prefecto de la Doctrina de la Fe.

Se sugiere, además, que si Benedicto XVI resultó elegido fue porque muchos pensaron que Bergoglio no aceptaría el sillón de Pedro, después de notarlo demasiado asustado y sufriente durante los escrutinios.

"Por sus virtudes espirituales, el apacible Bergoglio goza de una estima transversal a los continentes y a los bloques tradicionales (...). No es seguro que aceptaría la elección", escribe Brunelli.

Según la reconstrucción de la que en teoría debería ser una de las elecciones más secretas del mundo, ya en la primera votación, en la tarde del 18 de abril, los 115 cardenales se enfrentaron a la "sorpresa Bergoglio".

Entonces, amén de que Ratzinger -impulsado por un bloque de cardenales conservadores de la Curia- fue el más votado, con 47 sufragios, Bergoglio recibió diez votos, por lo que superó incluso al cardenal Carlo Maria Martini, que obtuvo nueve. En esa primera votación, algunos cardenales italianos resultaron votados, entre ellos Angelo Sodano (cuatro votos), así como el hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga (tres).

"La verdadera sorpresa del primer escrutinio es el cardenal argentino Bergoglio. También él es jesuita, como Martini, aunque entre los cofrades nunca hubo una perfecta sintonía: en los años setenta, en el tiempo del generalato Arrupe y de los encendidos debates sobre la teología de la liberación, Bergoglio había tenido que renunciar como provincial de la Compañía de Jesús porque no compartía la línea «aperturista» de los vértices de la orden ignaciana", relata Brunelli.

"El arzobispo de Buenos Aires se ha ganado, sin embargo, especialmente en los últimos años, una difusa fama de hombre de Dios. Seguro en el plano doctrinal, abierto en el social, intolerante en el plano pastoral hacia la rigidez mostrada por algunos colaboradores de Wojtyla sobre temas de ética sexual ("Quieren poner a todo el mundo en un preservativo", comentaba con los amigos en la vigilia del cónclave). Características que, a falta de un verdadero candidato de «izquierda», alternativo a la línea de Ratzinger, harán de Bergoglio el hombre de referencia para todo el grupo de los cardenales más renuentes a votar al decano del Sacro Colegio", agrega.

Tras una noche en la que tomaron forma las estrategias de los distintos bloques en reservadas conversaciones en el hotel de Santa Marta, en la segunda votación, en la mañana del martes 19 de abril, Bergoglio cosechó los votos que tenía Martini, más otros, y obtuvo 35. Ratzinger, por su parte, registró 65. Algo preocupante para el ala conservadora, que se dio cuenta de que no era tan fácil alcanzar el quórum de 77 (los dos tercios de 115), necesarios para ser electo.

Alarma

Tras la tercera votación, en la que el arzobispo argentino alcanzó 40 votos y Ratzinger se quedó en 72, cunde la alarma. Al famoso teólogo alemán le faltaban apenas 5 votos, pero Bergoglio tenía una suma con la cual podía bloquear su elección.

Antes de la cuarta y última votación -en la que por la tarde del 19 de abril finalmente fue electo Ratzinger con 84 votos, mientras Bergoglio bajó a 26-, los cardenales tuvieron tiempo de reflexionar. Hubo un almuerzo, y muchos contactos. Alarma en el frente conservador, cauto optimismo en el frente contrario. Según el diario secreto, entonces se vio al colombiano Alfonso López Trujillo intentando convencer a varios cardenales latinoamericanos de que Ratzinger era la mejor opción, insistiendo en la "paradoja" de que purpurados del "primer mundo", alemanes y norteamericanos, apoyaban a Bergoglio.

Según Luigi Accattoli, del Corriere della Sera, "el cardenal argentino, asustado por la confrontación con Ratzinger, durante la pausa del almuerzo pidió a sus partidarios que no lo votaran". "Con el aspecto y los gestos, Bergoglio dio a entender que no habría aceptado la elección."

Más allá de la conocida timidez del arzobispo de Buenos Aires, esta hipótesis es cuestionable. Un vaticanista consultado por LA NACION destacó que en varios cónclaves del siglo XX resultaron electos cardenales que también demostraron sufrimiento en las votaciones. "Pío X, Pablo VI y Juan Pablo I son famosos por haber mostrado gran preocupación a la hora de los escrutinios", explicó. "Muy probablemente -agregó-, se decidió votar a Ratzinger porque nadie quería un cónclave largo, que ante los ojos del mundo hubiera significado que la Iglesia estaba dividida, una imagen que nadie quería dar."

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