En política exterior, el magnate tiene la receta segura para un cataclismo mundial

Roger Cohen
Roger Cohen MEDIO: The New York Times
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30 de marzo de 2016  

Nueva York

¡Adiós al pasado! Ahora sabemos que Donald Trump arrasará el orden mundial establecido en la segunda posguerra, despedazará a la "obsoleta" OTAN, apoyará a Japón con armas nucleares y no con el "acuerdo unilateral" que hace responsable a Estados Unidos de la defensa de la isla, les dirá a los sauditas que "no van a durar mucho" sin protección norteamericana, y dejó básicamente en claro que el país no puede ser "la policía del mundo".

Adiós a la pax norteamericana. Parece que era un mal arreglo y, como ya sabemos, en el universo Trump todo son arreglos. El poderío norteamericano y sus guarniciones diseminadas por todo el mundo han garantizado la seguridad global y evitado una guerra nuclear por más de siete décadas, pero parece que todo eso ya no puede ser sostenido por ese "país pobre" en que se ha convertido Estados Unidos. ¿Por qué? Porque, según insiste Trump, todo ese orden de la segunda posguerra no es más que un fraude.

Que Trump pueda convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos ya dejó de ser una fantasía. Los norteamericanos no quieren seguir como hasta ahora y Trump no es seguir como hasta ahora. A los gritos y a puro verso se está abriendo paso hacia la Casa Blanca como el hombre que por alguna suerte de alquimia logrará que los angustiados norteamericanos sientan orgullo otra vez. El mundo, que ya está en su punto más explosivo de las últimas décadas, puede estar por convertirse en un lugar aún mucho más peligroso.

Al ser entrevistado por mis colegas Maggie Haberman y David Sanger, Trump dijo: "Nos han faltado el respeto, se han burlado de nosotros y nos han esquilmado durante muchos, muchos años personas más inteligentes, más ladinas y más despiadadas que nosotros. Aunque éramos los más forzudos, no nos guiaba la inteligencia. Estados Unidos fue sistemáticamente esquilmado por China y por Japón, por Corea del Sur y por Medio Oriente, por muchos Estados de Medio Oriente, como por ejemplo Arabia Saudita, a la que protegimos y que nunca nos reembolsó un solo dólar de lo que gastamos".

La idea de fondo de la política exterior de Trump: "Nadie nos va a volver a esquilmar" porque "ya no tenemos más plata". A Trump le gustaría que Estados Unidos "realmente empezara a fortalecerse", como lo hizo allá por el 1900.

Gran parte de lo que dijo Trump es lisa y llanamente equivocado. Declaró estar "totalmente a favor de Ucrania" y que tiene "amigos que viven allí", pero esos amigos no parecen haberle explicado lo que pasa en ese país. Lo irrita que países como Alemania "no hayan mostrado demasiado compromiso" cuando Rusia "se puso muy agresiva" (o sea, con la anexión de Crimea y el inicio de la guerra en Ucrania oriental) y que entonces todo el peso haya caído sobre Estados Unidos.

La realidad es que Alemania cumplió un rol crucial en la implementación de las sanciones contra Rusia y, a diferencia de Estados Unidos, Alemania está sentada a la mesa de negociación de Minsk en pos de un proceso de paz en Ucrania. Tal vez no deba sorprendernos que Trump descalifique el papel de Alemania, ya que en su visión de las cosas cree que la mayor potencia de Europa "está siendo destrozada por tremendos crímenes" (supuestamente perpetrados por los no mencionados refugiados musulmanes) y por la "ingenuidad, o algo peor", de la canciller Angela Merkel (supuestamente, por haber dejado ingresar a los refugiados sirios). También cree que Estados Unidos "está obsoleto en cibertecnología", una opinión que Irán no compartiría, y que "nuestro país no tiene plata" (algo de plata tiene).

Pero ya sabemos que Trump se lleva a las trompadas con los hechos. Lo que no sabíamos antes de estas entrevistas era cuán drástico puede llegar a ser un Trump presidente en el desmantelamiento del armado de la estabilidad de la segunda posguerra, a no ser que cambie de idea, por supuesto, para hacer gala de la impredecibilidad que él tanto valora.

Decir que la OTAN es obsoleta -una idea impulsada por Moscú desde el fin de la Guerra Fría como forma de expulsar a Estados Unidos de Europa- justo en el momento en que Vladimir Putin parece decidido a reafirmar el poderío ruso es una estupidez muy peligrosa. Pregúntenles, si no, a los Estados del Báltico, que se han salvado de ser blanco de la agresión de Putin sólo por ser miembros de la OTAN. La OTAN sigue siendo el pilar de la cooperación transatlántica que forjó una Europa libre y unida a partir de las ruinas y las divisiones de 1945.

Consentirle armas nucleares a Japón justo cuando el veloz ascenso de China y sus planes para el mar de la China oriental han agudizado las tensiones entre ambos países también es jugar con fuego. Si el auge de China ha sido hasta ahora pacífico, es en parte gracias a la presencia de Estados Unidos en Asia para compensar el poder de China y para llevar tranquilidad a las naciones más chicas de ese hemisferio.

Y si Arabia Saudita se desintegra, algo que Trump parece dispuesto a permitir si los sauditas no se ponen las pilas financiera y militarmente, el caso de Siria empezará a parecernos un juego de niños.

Trump tiene razón en algo. El mundo de 2016 no es el de 1945 o el de 1990. Estados Unidos es relativamente más débil, el poder está cambiando de manos, y hay prioridades internas acuciantes. Pero su versión de "primero Estados Unidos" -que curiosamente coincide con muchos de la izquierda, que no quieren que Estados Unidos siga patrullando el mundo- parece la receta del cataclismo asegurado.

Una guerra en Estonia o en el mar de la China oriental puede ser realmente un muy mal arreglo, que esquilmaría a toda la humanidad.

Traducción de Jaime Arrambide

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