Escalofriante relato de los cirujanos que atendieron a los heridos del tiroteo en Orlando

“No vi una sola persona que tuviera sólo un balazo”, relató un médico; nueve cirujanos realizaron 26 cirugías
Rafael Mathus Ruiz
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15 de junio de 2016  • 00:19

ORLANDO, Florida.- Era una noche de sábado tranquila en la sala de emergencias del hospital Orlando Regional. No había pacientes en la sala de espera, algo inusual. Unas horas después de la medianoche, esa calma se quebró con el sonido de las sirenas de las patrullas de policía.

"No sabíamos si era algo que nos iba a tocar a nosotros o no, y entonces escuché a uno de mis residentes decir que teníamos que ir a la sala de traumas porque había alguien con una herida de bala", recuerda Katheryn Bandani, 30 años, una de las médicas de guardia.

Cuando Bandani llegó a la sala, ya había tres heridos. Un rato después, serían 44. "Fue caótico", sintetiza. "Tratábamos de trabajar tan duro y rápido como podíamos en cada paciente porque seguían llegando, y llegando, y llegando, y llegando", describe.

Entre la vida y la muerte

El Orlando Regional es uno de los mejores hospitales de Florida, y el único en la ciudad con una "Sala de Trauma Nivel Uno", en pocas palabras, el mejor lugar que le puede tocar a una persona que está entre la vida y la muerte. Allí llegaron 44 de los 53 heridos en la masacre de Pulse, el peor tiroteo en la historia de Estados Unidos. Seis de ellos siguen en estado crítico.

Bandani, otro médico, Gary Parrish, y cinco residentes, incluidos cuatro que se graduarán en unas semanas, fueron los primeros en atenderlos.

Algunos de las víctimas podían hablar, pero otras apenas estaban con vida. La sangre brotaba de piernas, brazos, estómagos. Era la peor emergencia jamás vista en el hospital. En segundos, Bondani y Harris debían decidir qué hacer con cada uno de los heridos. Seis salas de cirugía fueron preparadas en minutos.

Ninguna persona tenía un solo balazo

"¿Están hablando? ¿Están despiertos? ¿Pueden interactuar con nosotros? Eso es lo primero. Después hay que ver dónde están las lesiones. Luego, los signos vitales, ¿cuál es la presión arterial?, ¿y el ritmo cardíaco?, ¿cuánta sangre pierden? Ahí tomás una decisión, y después revisás. La escena era terrorífica", continúa. "No vi una sola persona que tuviera sólo un balazo", puntualiza.

Los residentes y las enfermeras se encargaron de los primeros auxilios: colocaron las "líneas centrales", para las transfusiones de sangre y el suero, y tubos en pecho y respiradores artificiales.

El Orlando Regional está acostumbrado a tratar casos serios de personas que han sufrido heridas de bala o accidentes automovilísticos. Cada año, atiende unas 5000 emergencias. Pero la cantidad de pacientes y la rapidez con la que llegaron después de la masacre de Pulse era inédita. Había heridos por todos lados.

"Era algo que vemos, pero no así, no en ese volumen ni a ese ritmo", relata Thomas Smith, un residente de 29 años oriundo de Nueva Jersey que terminará su estancia en el hospital en unas semanas.

Las heridas, además, eran gigantescas. "No estamos acostumbrados a ver heridas de un rifle de asalto. La herida en el lugar donde entró la bala puede ser pequeña, pero la herida de salida puede tener el tamaño de un puño", describió.

Ese sábado, poco después de las dos de la mañana, William Havron, uno de los cirujanos del hospital, acababa de darle la mamadera a su bebé, nacido apenas el martes anterior. Lo puso en la cuna, lo durmió, y entonces sonó su teléfono. "Tenés que venir", le dijo otro cirujano, Chadwick Smith.

Noche surrealista

Llegó en unos minutos al hospital, y fue derecho a una de las salas de cirugías. Nueve cirujanos realizaron 26 cirugías esa noche. Havron trabajó en seis operaciones distintas, yendo de sala en sala. Fue una noche "surrealista", recuerda. "Estuve toda la noche en salas de cirugías", resume.

Havron hace una pausa antes describir todo lo que vio. Era uno de los pocos que había estado, antes, en una emergencia con una cantidad masiva de pacientes. Pero, igual, le cuesta describir la destrucción con la que se topó.

"Cuando alguien se dispara con un rifle de asalto AR-14, AR-15 o lo que sea, a alta velocidad, la lesión es devastadora. Es una de las cosas más horripilantes que se puedan imaginar. Horrible. Uno se pregunta cómo alguien puede hacerle eso a otro ser humano. Uno ve grandes agujeros por todos lados. Algunas de las heridas son como un dedo, pero otras son gigantescas", cierra. Lo gráfica acercando sus dos manos en el aire, dibujando un círculo del tamaño de un pomelo.

Angel Colón pensó que iba a morir en Pulse. Ayer, en una conferencia de prensa en el Orlando Regional, Colon apenas pudo contener las lágrimas cuando dijo que no sabía cómo había logrado salir del boliche con vida. Al final de su relato, miró a su costado a los cirujanos, los médicos, los residentes y las enfermeras que lo cuidaron durante los últimos días, y les dijo: "Si no fuera por ustedes, no estaría acá".

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