Escuelas carísimas y fiestas lujosas para los niños de Nueva York
Extravagancias de los hijos de millonarios
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NUEVA YORK.- Cuando su hija cumplió 12 años, Jeff Sidney organizó para sus amigas una visita a Madame Tussaud´s en Manhattan. Eso fue sólo para empezar. Luego las chicas fueron a comer a Planet Hollywood, y de allí, a una suite de un hotel cinco estrellas, donde la cumpleañera fue la reina de la fiesta del pijama, que duró hasta altas horas de la noche.
"Esto -dijo el padre- es realmente propio de Nueva York. Traté por todos los medios de no ceder, pero mi esposa es una neoyorquina de pura cepa y Amanda es su única hija. De manera que no tengo mucho que decir."
La extravagancia ha vuelto a la ciudad desolada por los atentados del 11 de septiembre de 2001 y desmoralizada por una economía que anda a los tumbos. Una nueva novela, The Playgroup, escrita por Nelsie Spencer, despierta comentarios por su evocación del pródigo estilo de vida de los padres que viven en el elegante barrio del Upper East Side de Manhattan.
Se trata de un mundo en el que payasos que cobran 5000 dólares la hora animan las fiestas infantiles y zoológicos ambulantes con animales exóticos llegan a las mansiones con llamas y no sólo con conejos. Las bolsitas repartidas en los cumpleaños contienen brazaletes de Tiffany.
Los dos hijos de Spencer concurrían al Madison Avenue Playgroup, uno de los más elegantes establecimientos preescolares de Nueva York. Spencer, de 46 años, encontró irresistible la presión para matricularlos allí. "Estaba en el gimnasio -comentó- cuando oí que alguien decía que era un trampolín maravilloso para una buena escuela de jardín de infantes."
Tanta es la competencia por conseguir plazas que un operador de Wall Street, hoy de capa caída, hizo los arreglos necesarios para que su compañía donara un millón de dólares al jardín de infantes Y, de la calle 92, al que concurre la pequeña hija de Woody Allen, con el propósito lograr que sus hijos gemelos fuesen admitidos en él.
A la escuela con Armani
Tener hijos que vayan a escuelas de los distritos más elegantes de Manhattan es un símbolo de status . El hecho de que las escuelas privadas cobren un arancel anual de aproximadamente 25.000 dólares equivale, en el caso de las familias numerosas, a una declaración pública de riqueza.
Incluso las escuelas públicas gratuitas están fuera de lo común. La hija de Cara Hogue, Kiri, de 6 años, comenzó a concurrir hace poco a una escuela del Upper East Side y viaja desde el barrio de Harlem, que está a años luz del exclusivo dominio de sus compañeras de clase.
Kiri le preguntó a la madre, que es soltera y tiene 39 años, si la podía acompañar a la escuela vestida con su único traje de la marca Armani. "Kiri había notado -dijo la mamá- la vestimenta que llevaban las otras madres y era importante para ella que yo luciera hermosa. Esas mujeres van vestidas de punta en blanco."
Algunos niños llegan a la escuela en automóvil y a muchos los pasan a buscar mucamas o institutrices, más allá de que sus madres trabajen o no. Una de ellas le preguntó a Hogue: "¿En qué te ocupas durante todo el día?" La madre de Kiri repuso: "Trabajo".
Algunas fiestas de cumpleaños son, literalmente, obras de arte. Una de las amigas de Hogue participó de una fiesta para la que antiguas piezas arqueológicas egipcias habían sido arrendadas a un museo.
Jeff Sidney puede superar eso. Su hija Amanda irá la semana próxima a una fiesta en Le Cirque, un célebre restaurante de Manhattan, para participar del bar mitzvah de una chica judía de 13 años.
Sidney, que se dedica al negocio inmobiliario, le advirtió a su esposa que ni siquiera le diga cuánto gastan ellos en cada fiesta de su hija. "No quiero soportar la tensión de saber cuánto gastaremos por ella en una sola velada. Probablemente el equivalente al arancel de todo un año universitario", expresó.
Mandi Norwood, ex editora de la revista Cosmopolitan, tiene dos hijas que van a la escuela privada en el Upper East Side. "Escucho a madres preocupadas por perder el trabajo debido a los elevados aranceles que pagan por las escuelas", comentó.
En la novela de Nelsie Spencer, la fascinación, el pavor y la envidia de Ellie, su heroína realista, que anhela tener una madre en línea, ágil, manicurada y vestida con ropa de diseñadores famosos, la llevan a mantener una breve relación lesbiana. "Eso es ficción pura", comentó Spencer. El resto se acerca mucho a la verdad.

