
Expulsan del ejército al nieto de Pinochet
Fue dado de baja tras el discurso que pronunció en el funeral del ex dictador, en el que reivindicó el golpe militar de 1973
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SANTIAGO, Chile.- En medio de una fuerte controversia nacional, y tras la presión política que ejerció la presidenta Michelle Bachelet, el ejército chileno dio ayer de baja al capitán Augusto Pinochet Molina, nieto del fallecido ex dictador Augusto Pinochet.
Pinochet Molina había pronunciado un discurso de claro contenido político durante el funeral de su abuelo, anteayer, en la Escuela Militar.
Entre otras cosas, dijo que el ex dictador "fue un hombre que derrotó en plena Guerra Fría al modelo marxista que pretendía imponer su modelo totalitario no mediante el voto, sino más bien derechamente por el medio armado".
Esto molestó, pero lo que enfureció a la clase dirigente chilena y preocupó a los altos mandos militares fue cómo denostó al Poder Judicial: "Mi abuelo tuvo que ver cómo su mujer y su familia eran vejados por jueces que buscaban más renombre que justicia", en alusión a los procesos judiciales por corrupción y violación de los derechos humanos que se le siguen al ex dictador.
La presidenta Bachelet estudió el escenario durante un día y finalmente ayer, en una conferencia de prensa, puso presión sobre los mandos militares, únicos habilitados para sancionar al capitán Pinochet Molina.
"En la ceremonia institucional [por la muerte de Pinochet], un oficial, saltándose la línea de mando, sin autorización para hablar, irrumpió expresando opiniones políticas en contra de un poder del Estado y de sectores de la sociedad chilena. Esto constituye una falta gravísima. Estamos seguros de que el ejército sabrá hacer lo que corresponde."
Aclaró, inmediatamente, que era sólo su opinión y que no pensaba hablar del tema con el comandante en jefe del ejército, Oscar Izurieta. Un presidente, sin embargo, siempre habla desde su papel institucional.
Bachelet aprovechó la oportunidad política para referirse a la muerte de quien marcó la vida chilena durante los últimos 34 años: Augusto Pinochet. "Simboliza la partida de un referente de las divisiones, el odio y la violencia que sufrió el país."
La jefa del Estado chileno, que estuvo detenida durante la dictadura pinochetista y luego partió al exilio, desestimó luego que la desaparición física del ex líder fuera a abrir una nueva etapa en Chile. "Yo creo que la nueva etapa que ha vivido el país empezó el año 1990, cuando reconquistamos la democracia", dijo la mandataria, y agregó: "Los dolores y los sentimientos persisten por mucho tiempo".
Con la razón
Finalmente, consintió a su ministro del Interior, Belisario Velasco, quien había opinado que Pinochet pasaría a la historia como "un clásico dictador de derecha que se enriqueció ilícitamente". La presidenta sostuvo que Velasco "habló con la razón".
Así, el clima político aparecía demasiado espeso aquí en Chile. Todo junto, se trataba de la muerte del ex dictador, de las reacciones políticas, de las críticas presidenciales y de los incidentes entre militantes pinochetistas y antipinochetistas que dejaron 145 detenidos en tres días de movilizaciones callejeras, pero también de las palabras desubicadas de un capitán del ejército.
La posibilidad de que un militar en actividad pudiera realizar acciones políticas sin la reacción de la dirigencia podía volvérsele en contra al gobierno. Pinochet Molina había pasado por encima de sus mandos naturales, y eso, para el reglamento militar, es "una falta grave", según coincidieron Bachelet e Izurieta.
Además, la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot, representante del gobierno en el funeral del ex dictador, había reclamado una sanción para Pinochet nieto.
El presidente del Partido Socialista, Camilo Escalona, calificó de "inconcebible" el discurso y añadió que "la participación en política es lo que distingue a un ejército republicano y democrático de otro que no lo es". La diferencia no resulta menor para un país que sólo en 1990 salió de una feroz dictadura.
Finalmente, un abogado especialista en derechos humanos, Hugo Gutiérrez, presentó una denuncia judicial contra Pinochet Molina por "sedición impropia e incumplimiento de los deberes militares", y solicitó una pena de cárcel.
Desconfianza gubernamental
En ese contexto, desde temprano, Izurieta aclaró que su subordinado más famoso sería sancionado por haber incurrido en "una falta grave". No dijo, sin embargo, qué sanción le correspondería.
A un militar que comete "una falta grave", justamente, le corresponde desde una amonestación hasta la baja. Tamaña amplitud despertó la desconfianza del gobierno. Al rato, casualmente, Bachelet apareció en la conferencia de prensa en la que cuestionó al nieto de Pinochet.
Por la mañana, el hijo de Pinochet y padre de Pinochet Molina, Augusto Pinochet Hiriart, dejó entrever que su hijo había pedido la baja dos días antes de pronunciar el discurso en el funeral del ex presidente, pero el ejército negó cualquier presentación de quien aquí ya es conocido como Pinochet III.
Así las cosas, con la presión política, con los diarios que hablaban del "polémico discurso" y con los programas políticos de TV que debatían minuto a minuto el acto de indisciplina del nieto de Pinochet, por la tarde el general Izurieta anunció que se encontraba en marcha el proceso de baja a su capitán díscolo.
La ministra Blanlot se apresuró a ratificar el despido con su firma, tal como lo exigen las normas. Y así el apellido Pinochet quedó fuera de la cotidianidad militar chilena.
La turbulencia política que se había desatado tras el funeral del ex presidente, inmediatamente, pareció aquietarse.

