
Falleció a los 101 años Isabel, la reina madre
Era la más popular de la monarquía
1 minuto de lectura'
LONDRES.- Para la multitud que dejó anoche claveles, rosas y ositos de peluche atados en los barrotes del palacio de Buckingham, la "reina madre" era una figura tan etérea como eterna. Y por eso su muerte, a los 101 años, causó sorpresa y tristeza en igual medida hasta entre los más republicanos de sus súbditos.
La gran matriarca de la familia real británica murió a las 3.15, hora local. Su hija mayor, la reina, estaba a su lado. "Murió pacíficamente mientras dormía en el castillo de Windsor -informó un comunicado del palacio-. Su salud se deterioró en la mañana y los médicos fueron prontamente avisados. Sufría una bronquitis."
La nación le rendirá homenaje a partir de hoy en la sala más antigua del Parlamento, Westminster Hall. A mediados de semana retornará a Windsor para ser enterrada en la capilla de St. Jorge junto a su amado esposo, el rey Jorge VI, y su hija menor, que falleció hace apenas un mes, la princesa Margarita.
A diferencia de ella, que por pedido personal no fue enterrada con el protocolo de su cargo, la reina madre será eje de un fastuoso funeral de Estado en la abadía de Westminster. Como no puede ser de otra manera para la mujer que sirvió a su país por más años que todos los reyes y reinas de la historia británica.
Isabel Angela Margarita Bowes Lyon, sin embargo, no vio la luz el 4 de agosto de 1900 en una cuna dorada. Su infancia, como la novena entre diez vástagos de la hija de un vicario y de un descendiente del duque de Portland, estuvo lejos de ser formal y privilegiada. Sus padres se convertirían cuatro años más tarde en lord y lady Strathmore, pero -como la mayoría de los nobles escoceses- pasaron la mayor parte de sus vidas arañando el monedero.
En su hogar ancestral del castillo de Glamis, la pequeña Isabel creció tramando fechorías con su hermano David (como la de arrojar agua hirviendo desde la torre del castillo sobre los sombreros de los visitantes), pescando en el río Dean y cazando faisanes en medio de las Highlands.
Su educación, de manos de una gobernanta, se vio abruptamente interrumpida por el inicio de la Primera Guerra Mundial. Su hermano mayor, Fergus, murió en la batalla de Loos y su hermano Michael fue prisionero de guerra durante dos años. El castillo de Glamis se convirtió en un hospital militar e Isabel, junto con su madre y su hermana Rosie, asistieron a los soldados escribiendo sus cartas, buscándoles provisiones de tabaco y jugando a las cartas.
Esta experiencia le enseñó a relacionarse fácilmente con gente de todos los estratos sociales en circunstancias difíciles. Una cualidad que aplicaría al llegar al trono y que explica el espacio que mantiene hoy mismo en el corazón de los entristecidos británicos.
Aparecen los pretendientes
Al final de la guerra, con una belleza simple pero cautivante, Isabel fue varias veces nota de tapa en la revista de la alta sociedad Town & Country. El príncipe Paul de Serbia y el descendiente de la corona escocesa James Stuart estaban entre sus pretendientes, pero la joven -tras rechazarlo en dos ocasiones- se pronunció a favor del segundo hijo del rey Jorge V, el duque de York.
Algunos dicen que su matrimonio con Bertie, como lo llamaba cariñosamente, respondió a la urgente necesidad de dinero de parte de su endeudada familia. Si es cierto, lo disimuló muy bien. Isabel se transformó de inmediato en el pilar de un hombre sencillo e inteligente, pero también tímido y atormentado por un tartamudeo.
Durante 14 años vivieron en absoluta serenidad. Como duque y duquesa de York rara vez cumplían con compromisos oficiales, dedicando su tiempo a la crianza de sus hijas Isabel y Margarita, así como a la de más de una docena de perros corgis, una pasión que transmitieron a la reina.
Pero en 1937 el idilio terminó abruptamente. El hermano de su marido, Eduardo VIII, abandonó la corona por la divorciada Wallis Simpson empujando a la pareja al trono británico en cuestión de dos meses.
La reina madre nunca perdonó a su cuñado -a quien hasta entonces adoraba- por lo que consideró una traición tanto al país como a su familia. Fue ella quien se aseguró que permaneciera en el exilio hasta la muerte y que Simpson nunca recibiera el título de HRH (Su Alteza Real) normalmente asociado al de duquesa de Windsor.
Documentos guardados bajo dos llaves en la biblioteca Bodleian, en Oxford -y que ahora podrían salir a la luz- probarían la simpatía de la reina madre por las políticas de Hitler en los años 30. Y, sin embargo, fue la Segunda Guerra Mundial lo que le dio su gran "bautismo de fuego" con la opinión pública, negándose a abandonar el país, como lo habían hecho otras cabezas coronadas europeas, aun en medio de los más severos bombardeos. El Führer terminaría por calificarla como "la mujer más peligrosa de Europa" por su habilidad en levantar la moral y el orgullo de un pueblo bajo asedio.
Esta actitud de colocar el deber ante todo se pondría de manifiesto a lo largo de su vida. Su negativa a avalar el matrimonio de su hija menor con un divorciado fue lo que convenció a la princesa Margarita a abandonar públicamente al capitán Peter Townsend, el hombre que muchos aseguran fue el gran amor de su vida.
La "abuela preferida"
Esta fue una señal del poder que la vieja dama mantenía en la familia aun tras la súbita muerte de su marido, en 1952. Una tragedia que la había dejado a los 51 años sin funciones constitucionales claras y de la cual emergió con el título oficial de reina madre y el extraoficial de abuela preferida de todos los británicos.
A medida que sus nietos verdaderos crecieron, la abuela también jugó un papel importante en arreglar sus matrimonios. Tanto Diana -a quien más tarde llamaría "esa criatura tonta"- como Sarah Ferguson partieron el día de sus bodas desde su hogar londinense, Clarence House, hacia la catedral de San Pablo.
Pero la veterana siempre defendió primero el baluarte de su familia de sangre. Era la principal confidente del príncipe Carlos -a quien su muerte lo sorprendió de vacaciones con sus hijos William y Harry en Klosters- y hasta se asegura que durante años mantuvo una línea telefónica clandestina en su habitación del palacio escocés de Balmoral para que Carlos pudiera conversar tranquilamente con su amiga Camilla Parker Bowles.
Esto no quiere decir que los sucesivos -y muy públicos- divorcios de los príncipes Andrés, Ana y Carlos no la hayan horrorizado. La reina madre pertenecía a una generación de sangre azul donde todos los affaires se perdonaban, siempre y cuando se mantuvieran en privado.
Los escándalos
Sus últimos años se vieron opacados por los escándalos de la familia -a los que ella siempre fue inmune- y por los achaques de una salud sorprendentemente férrea para una centenaria, pero no al nivel de sus deseos de continuar bebiendo su vaso diario de whisky, pescar en los ríos de Escocia con el agua hasta las caderas o alentar a los gritos a su caballo preferido en las carreras de Ascot. La muerte de su hija menor, en febrero último, parece haber sido la última gota en desbordar el vaso.
Lúcida hasta último momento, Gran Bretaña perdió ayer a la figura más querida y respetada de su cuestionada realeza; el mundo, el placer de ver a una mujer de 101 años ganarle la batalla a la muerte con pleno uso de su inteligencia.
El siglo de la reina madre
4 de agosto de 1900
Elizabeth Angela Margaret Bowes Lyon nace en Londres. Crece en el castillo de Glamis, Escocia.
1923
Isabel acepta por esposo a Alberto, segundo hijo del rey Jorge V, después de dos rechazos.
1926
Nace Isabel, la primera hija y actual reina. La segunda hija, Margarita, llega en 1930.
1936
Eduardo, hermano de Alberto, es coronado rey, pero un año después renuncia a la corona por amor a la norteamericana Wallis Simpson. Alberto lo sucede como Jorge VI e Isabel se convierte en reina.
1940
Londres es bombardeada por los alemanes. La reina se niega a abandonar Inglaterra y visita los dañados barrios de East End para confortar a la gente.
1952
Jorge VI muere de cáncer y lo sucede su hija Isabel, de 25 años.
2000
La reina madre festeja sus 100 años con pompa.






