Filadelfia, en virtual estado de sitio por la seguridad

Los controles y el despliegue de efectivos son aún mayores que en Washington y Nueva York; muchos comercios cerraron
Elisabetta Piqué
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27 de septiembre de 2015  

En las calles de Filadelfia la policía multiplicó ayer los controles para los eventos papales
En las calles de Filadelfia la policía multiplicó ayer los controles para los eventos papales Fuente: AP - Crédito: Michael Pérez

FILADELFIA.- Siempre se supo que la seguridad iba a estar al tope en Estados Unidos. Pero llegar ayer a Filadelfia fue encontrarse con una ciudad bajo estado de sitio, atestada de militares y policías y medidas de seguridad infinitamente superiores a las que se vieron en Washington y Nueva York, anteriores escalas del papa Francisco.

La cantidad de vallas colocadas por toda la ciudad era incalculable. También había bloques de cemento que formaban barricadas alrededor de un "perímetro" inmenso, sellado e infranqueable salvo a través de 15 controles de seguridad coordinados por militares, el servicio secreto y la policía secreta. Los uniformados habían llegado de todos los rincones de Estados Unidos.

Todos los comercios estaban cerrados vista la imposibilidad de acceder al centro, y el mal humor era palpable. Las persianas, cortinas y ventanas de las oficinas y departamentos también estaban cerradas por mandato de los servicios secretos, aterrados de eventuales ataques. "Mi mamá es anciana y cuando abrió la ventana para saludar el paso del Papa llegó un agente que la asustó amenazándola con llevarla a la cárcel", contó indignada a LA NACION Susan Ferguson, una afroamericana de 54 años.

"Exageraron, no sé por qué tienen tanto miedo. Fue difícil hoy llegar al trabajo. Me revisaron como nunca, tuve que caminar 15 minutos para llegar y esta noche seguramente me quedo a dormir acá porque no sé cómo volver a mi casa", dijo a LA NACION Theresa, empleada de la recepción del hotel Marriot, mientras le ponía a todos sus huéspedes pulseritas rojas, imprescindibles para poder salir y volver a entrar al hotel.

También los peregrinos que llegaron para el Encuentro Mundial de Familias estaban enojados. Para ingresar a los eventos, por seguridad exigían mochilas transparentes, no llevar banderas ni paraguas e, incluso, cierta comida, como podía verse en carteles colocados en los faroles de la ciudad. "Nada de manzanas, ni naranjas, ni objetos contundentes; sólo bananas", explicó una monja costarricense a la que le sacaron la comida.

"Pese a la insistencia de la Santa Sede de que el Papa quiere estar cerca de la gente y de que las personas que vienen aquí son pacíficas, no como las que van a eventos deportivos, no hubo nada que hacerle", se quejó ante LA NACION Yago de la Cierva, encargados de medios internacionales del Encuentro Mundial de Familias.

"Para la policía de Estados Unidos, Filadelfia fue el desafío mayor por la cantidad de personas movilizada. En la misa final esperamos entre 700.000 y un millón de personas, y la policía decidió pasarse por el lado de la prudencia", agregó De la Cierva. "Hubiéramos preferido otra cosa, pero fue decisión del Servicio Secreto", lamentó, al explicar que el Encuentro Mundial de Familias fue declarado "evento de extrema seguridad", lo que desató estos mecanismos.

"Esto nos hace daño, porque las imágenes de vallas y barricadas alejan a la gente", concluyó.

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