
Flavio Bolsonaro acota su promesa de “cambiar la Constitución” y detalla las reformas que impulsaría
En medio de la polémica por sus declaraciones, el candidato derechista proclamó su respeto a la Carta Magna en caso de ganar el balotaje y dijo que solo promovería enmiendas; sumó nuevos apoyos
6 minutos de lectura'

BRASILIA.– A 18 días del balotaje y con ventaja sobre Lula, el senador Flavio Bolsonaro tuvo que aclarar este miércoles hasta dónde piensa llegar con la mayoría que la derecha conquistó en el Congreso, en caso de que sea electo presidente.
Un día después de celebrar en Goiania que tendrá los votos para “cambiar la Constitución” y “redemocratizar” Brasil, el candidato del Partido Liberal (PL) aseguró que sólo piensa en enmiendas tramitadas por el Parlamento y proclamó su “total respeto a la Constitución”.
“Cualquier cosa diferente de eso es especulación. Dejemos de mentir, aterricemos en el mundo real”, dijo frente a la casa donde funciona su comando de campaña en Brasilia, al recibir el apoyo formal de la federación de partidos del “Centrao” Unión-Progresistas para el balotaje del 25 de octubre frente al presidente Luiz Inacio Lula da Silva.
La frase de Goiania, lanzada sin precisiones junto al exgobernador Ronaldo Caiado, había reavivado temores sobre el alcance de un eventual gobierno del hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), condenado a más de 27 años de prisión por liderar un intento de golpe de Estado para impedir la asunción de Lula. El propio senador se hizo cargo del fantasma. Se quejó de quienes anticipan que, con un Congreso afín, “va a hacer lo que su padre no hizo”.
En el oficialismo la frase fue leída como una amenaza. “Mientras Flavio quiere cambiar la Constitución y acabar con la democracia, el presidente Lula tiene el coraje de encarar y proponer los cambios que Brasil necesita con diálogo, democracia y participación de la sociedad”, escribió en X Edinho Silva, presidente del PT y diputado electo, que puso como ejemplo la reforma del Poder Judicial que propone el gobierno.
El diputado electo Rogerio Correia (PT) fue más lejos. Sostuvo que el candidato opositor amenaza con “acabar con la Constitución” y con los derechos, y se preguntó si lo que viene es “el fin del voto femenino”.
Para despejar esos temores, Flavio enumeró los cambios que impulsaría en el poder. Entre ellos, habló de una reforma del Poder Judicial, la baja de la edad de imputabilidad penal, el fin de la reelección, modificaciones a la reforma tributaria aprobada durante el gobierno de Lula y una reforma política. Ningún tema es nuevo, ya que todos constaban en su campaña.
En materia penal, Flavio es autor de un proyecto que baja la edad de imputabilidad de 18 a 16 años, y a 14 para delitos graves como violación o narcotráfico. Lo acompaña con la promesa de construir 500.000 nuevas plazas carcelarias.
También prometió impulsar una enmienda para prohibir la reelección en los cargos ejecutivos, y se comprometió a no buscar un segundo mandato. Dejó en manos del Congreso definir si la prohibición alcanzará a gobernadores e intendentes y si cambiará la duración del mandato, pero adelantó que incluirá una cláusula para que tampoco puedan sucederlo sus parientes de hasta tercer grado.
La mira en el Poder Judicial
Para el Supremo Tribunal Federal (STF), sus propuestas incluyen limitar las decisiones individuales de los jueces, recortar competencias de la corte y cambiar las reglas de designación, con un período de veda para que un ministro de gobierno pueda llegar al tribunal. El candidato asocia esa agenda con el juicio político a jueces del Supremo, que ya reclamó para Alexandre de Moraes, Flavio Dino y Cristiano Zanin.
Esa misma Corte tiene en sus manos la suerte de su padre. La defensa del expresidente presentó un pedido de revisión que busca anular la condena por el intento de golpe, por supuestas nulidades en el proceso, y reclama su liberación.
En medio de gestos del tribunal hacia el candidato tras el resultado del domingo, el juez a cargo del caso, Kassio Nunes Marques, designado en la Corte por el propio Jair Bolsonaro, hizo saber que no lo tratará antes del balotaje para no interferir en la elección, y que lo llevará al plenario. “Eso debe ser evaluado solamente después de la segunda vuelta, lo que no significa inmediatamente después”, señala una nota de su despacho enviada a LA NACION.
Flavio devolvió la acusación del oficialismo. “La amenaza a la democracia es con Lula. Conmigo no va a haber un presidente levantando el teléfono para amenazar al dueño de un medio de comunicación, ni combinando con un amigo en el Supremo un allanamiento contra las fuentes de ustedes, los periodistas”, lanzó.
“Conmigo va a haber estabilidad, paz para que todo el mundo trabaje, seguridad jurídica, respeto a la Constitución. Brasil tiene que volver a lo normal, apenas eso”, agregó.
Aliados
Bolsonaro terminó el domingo primero con 47,03% de los votos válidos, unos 56,1 millones, contra 45,16% de Lula, 53,9 millones, y su partido tendrá 121 diputados y 28 senadores. Para reformar la Constitución no alcanza. Se necesitan tres quintos de cada cámara, 308 de los 513 diputados y 49 de los 81 senadores, en dos votaciones.
De ahí el valor del respaldo “incondicional” que le dio Unión-Progresistas, una federación que tiene cargos en el gobierno de Lula y que, según los números de la campaña bolsonarista, aporta 87 diputados electos y 11 senadores. Esa misma mañana se sumó el partido Novo, con diez diputados y 3 senadores electos, entre ellos el exfiscal del Lava Jato Deltan Dallagnol.
El hijo mayor de Bolsonaro, quien viene prometiendo un gobierno “austero, con los mejores en cada área”, se mostró convencido de que el nuevo Congreso juega para él y consideró que un cuarto mandato de Lula sería incompatible con esa composición.
El terreno social y laboral es donde Lula busca incomodarlo. El presidente volvió a desafiarlo este miércoles a votar a favor del fin del esquema de seis días de trabajo por uno de descanso, que se discute en el Senado, y a pedirle al PL que haga lo mismo.
Bolsonaro evitó responder cómo votará su bancada, que impulsa una enmienda alternativa de su jefe de campaña, Rogerio Marinho, para que cada trabajador pueda optar por un régimen flexible por horas. Dijo estar a favor de que el trabajador tenga tiempo libre, pero advirtió que de poco sirve con la gente endeudada o sin empleo.
Reunido con los legisladores del PT en un hotel céntrico en Brasilia, Lula eligió contraatacar en el área donde más lo golpea su rival. Defendió su propia enmienda constitucional sobre seguridad pública, que permitiría crear un ministerio específico y darle al gobierno un papel activo contra el crimen organizado, porque, dijo, los estados no pudieron solos.
También estrenó un lema para el tramo final de la campaña: “Para el pueblo trabajador, protección. Para el delincuente, prisión”.


