Frente a una crisis silenciosa que crecerá de inmediato

Jason Lange
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16 de octubre de 2013  

WASHINGTON.- Si Washington no llega a un acuerdo pronto para seguir pagando sus cuentas, la crisis que puede comenzar mañana lo hará tan silenciosamente que nadie tendrá indicios de su potencial para dejar a millones de norteamericanos sin trabajo.

Mañana, muchos ni siquiera notarán que el gobierno alcanzó los 16,7 billones de dólares de límite de endeudamiento.

Lo más probable es que los cheques sigan siendo expedidos normalmente para todos, desde los bonistas hasta los trabajadores que reciben beneficios de desempleo, según señalan analistas del gobierno y del sector privado.

"Llegará el día 17, las luces seguirán encendidas y todo parecerá normal para el 99% de los norteamericanos", dijo Steve Bell, experto en presupuesto del Centro de Política Bipartidista de Washington.

Eso es porque después de mañana, y por ley, el gobierno ya no podrá sumar deuda federal, y tendrá que depender sólo de los ingresos tributarios y de unos 30.000 millones de dólares en efectivo con los que cuenta para pagar las muchas obligaciones del país.

A menos que el Congreso eleve el techo de endeudamiento, ese efectivo se acabaría en cuestión de días.

Los líderes parlamentarios de Estados Unidos dicen que están cerca de un acuerdo para elevar el límite y reabrir las funciones del gobierno que están paralizadas, pero que todavía no lo han alcanzado.

La Oficina de Presupuesto del Congreso estima que Washington comenzaría a cesar sus pagos entre el 22 del actual y fin de mes. Estados Unidos podría no poder pagar los 12.000 millones de dólares del programa de pensiones de la seguridad social que vencen el 23 de este mes.

Como una piedra en el mar

Para esa fecha, la economía empezaría a hundirse como una piedra en el mar.

Para evitar seguir endeudándose, el gobierno debería recortar el gasto en cerca de una tercera parte desde el primer día. Los médicos a los que el gobierno les debe dinero por atender a los pobres dejarían de cobrar a partir del 30 de octubre. Hacia el 1° de noviembre, los soldados dejarían de recibir sus cheques, y el gasto caería en todo el país.

"Tocar el techo de deuda, incluso por un breve lapso, podría causar otra recesión", dijo Joel Prakken, un economista de la consultora de pronósticos Macroeconomics Advisers.

Goldman Sachs estima que la caída del gasto podría absorber el equivalente a alrededor del 4% del PBI del país.

A esa altura, sería mayor el riesgo de una gran crisis financiera, por falta de confianza en el valor real de la deuda del gobierno de Estados Unidos. La deuda norteamericana es utilizada como colateral para billones de dólares en intercambios financieros, y hasta los gigantes de Wall Street tienen sus dudas sobre lo escaso que será el crédito si los inversores deciden que ya no vale la pena tener títulos de la deuda.

"El rebote en la economía global sería inimaginable", dijo en una conferencia de finanzas Jamie Dimon, jefe ejecutivo de JP Morgan Chase & Co.

Macroeconomic Advisors estimó que los recortes del gasto y la severa contracción del crédito podrían costarle a Estados Unidos más de tres millones de puestos de trabajo durante el próximo año, y empujar la tasa de desempleo hasta alrededor del 9%. Y ya hay señales de un creciente temor en los mercados financieros.

En los últimos días, los principales fondos mutuales del mercado de divisas -incluidos Fidelity, JP Morgan y Pimco- empezaron a rechazar deuda norteamericana que venza entre el 17 de octubre y mediados de noviembre. Muchos analistas piensan que Estados Unidos intentará al menos seguir pagando los vencimientos de bonos, en un esfuerzo por evitar el pánico de los inversores.

El gobierno de Barack Obama intentó restarle importancia a esta posible estrategia, diciendo que el sistema de pagos del gobierno no está diseñado para decidir quién cobra y quién no.

"Sería un caos", dijo la semana pasada a los legisladores del Congreso el secretario del Tesoro, Jack Lew.

Traducción de Jaime Arrambide

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