
Fue Chávez el que dio miedo en Cuba
MIAMI.- Los discursos que más preocupación causaron durante la reciente IX Cumbre Iberoamericana en La Habana no fueron los del gobernante cubano, Fidel Castro, sino los de su nuevo mejor amigo en la región: el presidente venezolano, Hugo Chávez.
El discurso de dos horas de Castro sobre los males del capitalismo arrancó bostezos de gran parte de los 21 jefes de Estado y cancilleres presentes en la reunión. Castro viene culpando al capitalismo desde hace 40 años, sin haber encontrado una alternativa mejor para reducir la pobreza.
En cambio, lo que dijo Chávez a sus pares de América latina, España y Portugal en su reunión a puertas cerradas el martes último dejó a muchos perplejos y más preocupados por el futuro de Venezuela y de toda América latina.
"Fue un discurso fascista", me comentó un dignatario latinoamericano que estaba en la sala, a su regreso de Cuba. "Muchos de nosotros estamos cada vez más preocupados por Venezuela."
Chávez, el ex militar que encabezó una sangrienta intentona militar en 1992 y luego ganó las elecciones por abrumadora mayoría el año pasado, dijo que la democracia occidental ha fracasado y propuso una nueva definición según la cual la democracia es aquel sistema que "conduce a la felicidad" de los pueblos.
Por cierto, Chávez no especificó cómo medir si los pueblos son felices. Según los testigos, sugirió hacer la medición mediante el tipo de plebiscitos y demostraciones populares que son fácilmente manipulables por regímenes autoritarios y que han sido utilizados históricamente por los dictadores para justificar ante el mundo su permanencia en el poder.
El discurso de Chávez ante los presidentes no fue dado a conocer, pero el mandatario venezolano volvió sobre el mismo tema en una charla pública en la Universidad de La Habana. En esa ocasión, Chávez arremetió contra el neoliberalismo y el concepto tradicional de la democracia representativa.
Dijo que Venezuela había tenido una "careta de la democracia" y que su concepto de democracia era el sistema "que propicia a su pueblo la mayor posibilidad de seguridad social, estabilidad política y felicidad".
"Hay personas que vienen aquí a pedirle a Cuba el camino de la democracia, falsa democracia -dijo Chávez-. Venezuela va hacia la misma dirección, hacia el mismo mar hacia donde va el pueblo cubano: mar de felicidad, de verdadera justicia social, de paz."
Grandes palabras, si no fuera por el hecho de que el pueblo cubano es uno de los menos felices del hemisferio, a juzgar por su ingreso per cápita, el número de cubanos desesperados por escaparse de la isla y el récord latinoamericano de suicidios.
El discurso de Chávez causó preocupación, porque es un hecho que existe una frustración generalizada con las reformas económicas de América latina. Muchos temen que la retórica de Chávez aliente el surgimiento de otros caudillos populistas y se produzca un regreso al autoritarismo en una región en que la democracia históricamente ha sido un fenómeno cíclico.
Otros temen los posibles impactos sobre la región de una alianza entre Venezuela y Cuba.
Pirotecnia verbal
Hasta ahora, el gobierno del presidente Bill Clinton y los países de América latina han desestimado la pirotecnia verbal de Chávez con una sonrisa benévola.
"Fíjate en lo que hace, no en lo que dice", me señaló hace poco un alto funcionario del gobierno de Clinton.
El problema es que Chávez está pasando de las palabras a los hechos. La semana pasada desconoció la autoridad del Congreso y anunció el envío de su proyecto de presupuesto para el 2000 a la Asamblea Nacional Constituyente, originalmente creada para redactar una nueva Constitución , pero que se ha convertido en un Poder Legislativo para todo uso.
Y mientras Chávez continúa vendiendo la ilusión de que todo irá mejor una vez que se apruebe la nueva Carta Magna, que le podría permitir seguir en el poder por 12 años, la economía venezolana está paralizada. El país ha perdido medio millón de empleos desde comienzos de año, a pesar de la suba de los precios del petróleo.
Al terminar la cumbre, varios presidentes regresaron a sus países con la creciente preocupación de que las apasionadas críticas de Chávez al neoliberalismo no sean más que una excusa para implantar el "neoabsolutismo".
El autor es argentino, columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald, y ganador, en 1987 del Premio Pulitzer por sus notas de investigación.




