
Geografía y cultura, ¿factores de progreso?
MIAMI.- Cuenta la leyenda que un artista chileno, allá por los años cuarenta, hizo en broma la siguiente propuesta: "¿Por qué no vendemos este país y nos compramos algo más chiquito, pero más cerca de París?"
Me acordé de esta cita al leer "La Cultura es importante", el nuevo libro de ensayos compilados por dos profesores de la Universidad de Harvard, Samuel Huntington y Lawrence Harrison, en el que argumentan que factores ambientales como la geografía, el clima y la religión son razones fundamentales para explicar la prosperidad de las naciones.
¿Por qué países como Corea del Sur se han convertido en un éxito económico y otros como Honduras permanecen en la pobreza, cuando hace apenas algunas décadas no había mucha diferencia entre ellos?, se preguntan los autores.
Además de Huntington y Harrison, el volumen incluye ensayos de los norteamericanos David Landes, Francis Fukuyama, Jeffrey Sachs, y los latinoamericanos Carlos Alberto Montaner y Mariano Grondona. No todos los autores coinciden en sus enfoques.
Sachs argumenta que la clave del éxito económico de una nación está en su geografía y clima. Casi todos los países ricos están situados en zonas de clima frío, mientras que la mayoría de los países pobres está en los trópicos, afirma.
Los países tropicales han sufrido por tener cultivos deficientes, debido a las lluvias irregulares, la erosión de los suelos y las plagas devastadoras.
Los países sin salida al mar han sido afectados por su dificultad para comerciar con el resto del mundo, dice Sachs.
Religiones e ideologías
Huntington, Harrison y Fukuyama, en cambio, afirman que el factor determinante del éxito económico es la cultura.
Los coreanos del Sur, según argumentan los autores, prosperaron por la importancia que han dado a valores como el ahorro, la inversión, el trabajo sacrificado y la educación.
En algunos países católicos o en otros del ex bloque soviético, el desarrollo económico se ha hecho más difícil porque los pobres se sienten justificados -o predeterminados- en su pobreza, mientras que los ricos se sienten culpables, afirman estos autores.
En cambio, en las sociedades calvinistas, la gente celebra la riqueza como una evidencia del favor divino y los pobres viven su condición como una condena de Dios. "Aspiran a la igualdad en la pobreza", escribe Landes.
"Como cuenta el chiste ruso, el campesino Iván está celoso de su vecino Boris porque éste tiene una cabra. Aparece un hada y le dice a Iván que pida un deseo. ¿Qué es lo que pide Iván? Que se caiga muerta la cabra de Boris", explica.
Los autores señalan, acertadamente, que la cultura de un país puede ser cambiada. Pero uno no puede dejar de preguntarse si las excepciones a la regla no son más persuasivas que la regla misma.
Si la geografía es tan importante, ¿por qué Costa Rica ha logrado un desarrollo económico superior al de Honduras, Nicaragua, Guatemala y El Salvador? ¿Por qué a Suiza, que no tiene salida al mar, le va tanto mejor que a Bolivia?
La política, eje de cambio
Y si la cultura es tan importante, ¿por qué los exiliados cubanos han prosperado tanto en los Estados Unidos, mientras que sus coterráneos en la isla ganan 10 dólares al mes, según cifras del propio gobierno cubano?
Quizá lo más importante no son las culturas, sino las políticas de cada país. Miren el caso del crecimiento económico de Chile.
"En los años cuarenta se decía que Chile nunca saldría adelante porque tenía una clase empresarial clientelista, que se pasaba el día jugando al polo", me señaló Andrés Velasco, un profesor de Harvard que no está muy de acuerdo con los editores del libro.
"Ahora, todo el mundo dice que la clase empresarial chilena es un modelo de creatividad. ¿Qué pasó? Esos mismos jugadores de polo se bajaron de sus caballos y comenzaron a exportar apenas se produjo una apertura económica", afirmó.
Mi propia conclusión: sí, la cultura es importante. Pero la política es más importante aún, porque, como lo señaló el senador norteamericano Patrick Moynihan, "la política puede cambiar una cultura y salvarla de sí misma".
Uno puede vender su país y comprarse algo más chiquito cerca de París, pero si no adopta las políticas adecuadas no saldrá de la pobreza.
El autor es argentino, columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald, y ganador en 1987 del Premio Pulitzer por sus notas de investigación.


