Identifican a las primeras víctimas mortales del accidente de trenes en España
Los rescatistas y bomberos de Córdoba señalaron que fue necesario retirar primero a las víctimas fatales para poder llegar hasta los sobrevivientes que pedían ayuda desde debajo de los metales retorcidos
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MADRID.– La tragedia ferroviaria ocurrida el domingo en Adamuz, Córdoba, comienza a adquirir nombres propios. Mientras el balance oficial de fallecidos ascendió a 40 personas, las autoridades avanzan en el complejo proceso de identificación de las primeras víctimas, una tarea que se desarrolla en paralelo a la atención de los heridos y al acompañamiento de decenas de familias sumidas en la incertidumbre.
Entre las muertes ya confirmadas figura la del maquinista del tren Alvia, Pablo, de 27 años, quien conducía la formación que cubría la ruta Madrid–Huelva. El joven falleció en el impacto frontal directo contra los vagones del tren de la compañía privada Iryo que habían descarrilado e invadido la vía contraria segundos antes. Su muerte causó consternación en el ámbito ferroviario y volvió a poner el foco en la violencia del choque, concentrada en los primeros coches del convoy de Renfe.
También se confirmó el fallecimiento de Óscar Toro, periodista y académico, y de su esposa María Clauss, reconocida fotoperiodista y gestora cultural.

El matrimonio viajaba en el tren Alvia y era una figura muy querida en el ámbito cultural y periodístico de Huelva, donde ambos desarrollaron gran parte de su trayectoria profesional. “La pérdida nos deja profundamente tocados”, resumió un colega del sector, reflejando el impacto que provocó la noticia en la comunidad local.

Otra de las víctimas identificadas es Samuel, agente de la Policía Nacional destinado en Madrid, que había sido padre hacía apenas 18 meses. Su muerte generó muestras de pesar entre compañeros de fuerza y autoridades, que destacaron su compromiso profesional y el drama personal que deja detrás.

El Ayuntamiento de Punta Umbría, en la provincia de Huelva, confirmó además la muerte de cuatro integrantes de una misma familia que viajaban juntos en el tren Alvia. Se trata de Pepe Zamorano, Cristina Álvarez, su hijo Pepe y Félix, sobrino de la mujer. La dimensión de la tragedia se vuelve aún más desgarradora porque junto a ellos viajaba una niña de seis años, familiar directa, que sobrevivió casi sin lesiones.

La menor sufrió apenas tres puntos de sutura en la cabeza y evoluciona favorablemente, según informaron fuentes sanitarias. Viajaba acompañada por sus padres, su hermano y su primo, todos fallecidos en el accidente. Su supervivencia, en medio de un escenario devastado, se convirtió en uno de los relatos más conmovedores del siniestro.
Rescates bajo los hierros

Las tareas de rescate se desarrollaron en condiciones extremas. El alcalde de Adamuz, Rafael Moreno, describió el lugar como un “escenario dantesco”. Fue uno de los primeros en llegar y relató escenas de extrema crudeza, como el hallazgo de cuerpos seccionados a varios metros del punto de colisión y restos humanos atrapados entre hierros retorcidos.
Bomberos y rescatistas confirmaron que, en ciertos momentos de la noche, fue necesario retirar cuerpos sin vida para poder acceder a sobrevivientes que pedían auxilio desde el interior de los vagones aplastados. Muchos de los fallecidos quedaron atrapados en un amasijo de metal, lo que convirtió la recuperación en una tarea lenta, compleja y emocionalmente devastadora.
La mayoría de las víctimas fatales viajaba en los dos primeros coches del tren Alvia, que transportaba cerca de 200 pasajeros. Esos vagones, en los que iban 53 personas, fueron los que recibieron el impacto más violento y cayeron por un terraplén de cuatro metros tras ser embestidos lateralmente por la parte trasera del tren de Iryo procedente de Málaga.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, confirmó que la mayor parte de las muertes se concentró en esos dos coches, que terminaron volcados y completamente destrozados en el fondo del desnivel.
Identificación por ADN y familias en vilo

El proceso de identificación avanza ahora mediante pruebas de ADN, solicitadas por la Guardia Civil y las autoridades sanitarias a los familiares. Se trata de un procedimiento científico minucioso, necesario debido al estado en que quedaron muchos de los cuerpos.
La incertidumbre sigue angustiando a decenas de familias. Es el caso de los allegados de Ricardo Chamorro Cáliz, de 57 años, pasajero del Alvia con destino a Huelva, cuyo paradero aún no ha podido ser confirmado tras búsquedas infructuosas en hospitales de Córdoba.
Testimonios de sobrevivientes refuerzan la dimensión humana del desastre. Ana, una pasajera que viajaba con su hermana embarazada, relató el horror de ver cómo otros pasajeros morían en el acto, sin que hubiera posibilidad alguna de ayudarlos.
Agencia AFP y El País
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